El Ídolo de Hielo Las paredes de la sala de reuniones de la disquera vibraban con los gritos. Las voces chocaban entre sí, cargadas de furia, frustración y pánico. —¡Esto es un desastre! —vociferó uno de los directores, golpeando la mesa con el puño—. ¡Ni una sola fecha completa! ¡Ni UNA! ¿Cómo carajo pasamos de tres Luna Park agotados a no llenar ni uno? El proyector mostraba el gráfico de ventas: una caída abrupta, casi vertical. Las preventas para la gira de Lucas Calderón estaban en el suelo. En un rincón, Víctor apretaba la mandíbula, tenso. Esto era peor de lo que había imaginado. Otro ejecutivo se sumó al caos: —¡Hace tres meses, su nombre era un imán de ventas! La canción con Marina arrasó en redes, pero ahora... —Ahora la gente lo odia. —dijo una mujer, con tono seco—. Y no

