Capítulo – Donde Habita el Eco del Silencio El sol filtraba su luz cálida a través de las cortinas de la casa, iluminando suavemente el hogar de los Villalobos. El aroma a pan recién horneado y café llenaba el aire, mezclándose con la brisa salada que llegaba desde el mar. Marina se había levantado temprano, como siempre. Aunque estaba allí para descansar, su naturaleza inquieta no le permitía quedarse de brazos cruzados. Ordenó la casa de sus padres, sacudiendo el polvo de los muebles, barriendo el suelo y acomodando cada rincón con el mismo cariño que ponía al componer una canción. Era su manera de agradecerles, de demostrarles amor. En la cocina, se dedicó a preparar el almuerzo. Cocinó un guiso de mariscos con la receta que su padre le había enseñado cuando era niña. Las manos se le

