Caio se despertó, esperando sentir la familiar onda intensa de la crisis, pero, para su sorpresa, no estaba tan fuerte como de costumbre. Las mujeres ya habían salido, pero Francesco todavía estaba sentado en la cama, observándolo con atención. — Caio... —llamó Francesco, y Caio cerró los ojos por un momento antes de volver a abrirlos y asintió. — No tienes una crisis fuerte, ¿verdad? —preguntó el hermano, y Caio movió la cabeza, indicando que no. — ¿Te dio un mimo Willow, Caio? ¿Fue eso lo que ayudó a disminuir la crisis? —Francesco sonrió al ver al hermano menor sonreírle de vuelta. — Ah, chico... —se rio Francesco. — Voy a tomar café y luego a ocuparme de las cosas en la oficina. Pensé que tendría que ser un paraguas para que las mujeres no se asustaran. — No... mi mente sigue un p

