Zona deportiva en el vecindario privado de Renania en Santiago de Surco, Lima, Perú.
Todos quedaron anonadados tras escuchar la historia narrada por Thomas y Catalin. La vampira había eliminado a todo el ejército Dracul solo por proteger a su predestinado, y perder el control de su don la marcó; ahora ya no quería hacer uso de él al creer que era un medio de destrucción. Karl Höller agregó que los únicos que mantuvieron el recuerdo intacto de esa batalla fueron la pareja de predestinados, Lucian, Darius, los únicos sobrevivientes del ejército Dracul, y él, ya que con ayuda de Killari, la Bruja Suprema en esos tiempos, cambió el recuerdo, borrando el uso del don de la vampira. Karl desde un principio entendió que se debía mantener en secreto la habilidad innata de Catalin.
– Lo narrado no solo sirve para que Katha conozca cuán avanzada estás en la creación y control del fuego, también me ha ayudado mucho para entender por qué tanto miedo de usarlo -comenzó a decir Sara. La híbrida había estado viendo el recuerdo mientras lo narraban-. En ti hay culpa, y ahora sé cómo te puedo ayudar.
Uno de los vestuarios del coliseo cerrado fue habilitado para el entrenamiento mental. Mientras el resto del equipo de rescate entrenaba con Austin la parte física, Sara comenzaría a preparar la parte mental de Catalin. Al haberla mantenido alejada de la manada, salvo en los períodos en que participaba como entrenadora de guerreros en el combate cuerpo a cuerpo, ningún brujo m*****o de la manada pudo conversar con la vampira e indicar que necesitaba aprender a lidiar con ciertos sentimientos que la atormentaban.
La culpa es un sentimiento que en medidas necesarias nos ayuda a reconocer errores y buscar resarcirlos. Asimismo, nos permite entender, nos avisa, que no debemos transgredir ciertas normas y códigos éticos para prevenir el error y sus graves consecuencias. Pero si su intensidad y frecuencia crece, puede ser la causa o consecuencia de desórdenes emocionales que pueden generar mucho daño.
– Para iniciar el entrenamiento requiero que me digas quién eres -Sara introdujo esa cuestión porque cuando las personas se conocen, tienen la autoestima y la autoconfianza en niveles adecuados, y la culpa no los daña.
– Soy una princesa vampira de más de ciento setenta y cinco años que es la predestinada de un licántropo a quien ama mucho y vive muy feliz en la manada que la acogió -la mirada de Catalin mostraba duda y preocupación, ya que temía desconocer quién era.
– Catalin, no te he preguntado sobre tu posición social, especie, edad, la especie de tu predestinado, si amas o te sientes feliz en donde vives, te pregunté por quién eres -comentó Sara poniéndose en cuclillas enfrente de la vampira, ya que al escuchar que no era correcta su respuesta, Catalin empezó a apenarse y agachó la cabeza-. Sin embargo, que no sepas quien eres no está mal, eso me muestra el por qué la culpa te afecta tanto.
– Siento culpa porque sé que no hice bien en explotar y usar mi don sin pensar en el daño que hacía. ¿O acaso la existencia de los vampiros no vale nada? –en su voz había rabia, tristeza, arrepentimiento.
– Toda existencia es valiosa y responde a un porqué, eso jamás lo dudes, pero cuando la culpa no te lleva a buscar redención, sino a bajar tu autoestima, significa que está causando problemas o es la manifestación de un problema de auto conocimiento.
– ¿Y cuál es mi caso? –preguntó preocupada la vampira.
– Definitivamente el segundo. Quieres esconder tu don, hacer que olviden que alguna vez lo tuviste, como si ello arreglara lo que sucedió cuando perdiste el control.
– ¿Y cómo me libero de la culpa? –preguntó Catalin mientras a su mente llegaron el recuerdo de las miradas llenas de terror de los vampiros que abrasó con sus llamas.
– Aceptando la responsabilidad de los hechos. Cuando somos responsables de nuestros actos, la culpa solo sirve para alertarnos o corregirnos. Debes aceptar que lo sucedido fue porque tus emociones se te escaparon de las manos y perdiste el control, no solo de tu don, sino el de toda tu consciencia.
Muchos creen que errar es fracaso, pero esa no es la analogía correcta porque errar es aprendizaje. En el transcurso de la vida vamos a toparnos con malas decisiones que nos afectarán inmediatamente o en el largo plazo. Las consecuencias de nuestros actos nos llevan a ganar experiencia y así evitamos volver a caer en el error. A esa experiencia algunos la llaman madurez. Asimismo, las acciones con resultados negativos conllevan a muchos a la necesidad de solicitar el perdón de quienes pudieron salir dañados, y eso es arrepentimiento. Otorgar el perdón se vuelve un acto liberador porque dejamos atrás el error, pero al ser responsables no podemos olvidar lo que desató el daño, por ello el trasfondo de la frase: «Perdono, pero no olvido», no está relacionada con la aparición del resentimiento y un perdón hipócrita, sino en que se perdona, liberando cualquier emoción dañina, sin olvidar el error cometido para no volver a caer en él o para no dejarse arrastrar crédulamente otra vez.
Catalin debía aceptar responsablemente que su error fue el descontrol emocional y no el tener un don tan poderoso, así como no olvidar lo que las emociones desbocadas producen en ella y el daño que puede causar. Al determinar que el trasfondo de todo el problema es el control emocional, Sara inició el proceso de regresión para llegar al recuerdo que la marcó, pero en esta oportunidad decidió acompañar a la vampira, para guiarla en la observación de ciertos detalles que le servirían a identificar emociones que por su estilo de vida o manera de interrelacionarse con otros no se le hacía fácil identificar.
Llegaron al momento en que ella detiene el galope de la bestia que montaba y respira el aroma de Thomas. Sara le pidió que le explique qué sintió cuando llegó a ella el olor de su predestinado. La vampira le dijo que en ella despertó la alegría, pero también el miedo.
– Él era un licántropo y estaba herido en medio del campo de batalla; mi hermano me envió a acabar con él, así que su vida era un objetivo.
– ¿Esa vez fue la primera que sentiste miedo? -consultó la hibrida de bruja y licántropo.
– Sí. Por mi naturaleza soy un ser que provoca que el miedo aparezca en sus víctimas, pero nunca había sentido esa sensación desagradable en el estómago, que sube hasta tu garganta y hace que no puedas gritar ni pedir ayuda.
Siguieron el recuerdo y llegó el momento cuando un nuevo grupo se lanzó para atacar, y ella se encargó de acabar con todos.
– ¿Consideras que en este momento estabas en control? -volvió Sara a parar el recuerdo para consultar a la vampira.
– Diría que sí. Intentaba hacerlos retroceder sin causarles gran daño, pero eran muchos y se recuperaban rápido. Yo debía proteger a Thomas, así que sopesé la situación y elegí la vida de mi predestinado a la de ellos -Catalin bajó la mirada, comenzaba a darse cuenta que sin su don había terminado con la existencia de varios de los suyos, y ello no le creó mayor conflicto porque tomó una decisión y asumió el resultado de sus actos-. Conscientemente decidí exterminarlos para salvar a Thomas. Y recuerdo que pude concluir mi elección porque estaba en calma, ni el miedo o la furia estaban presentes de tal manera que opacaron mi buen juicio.
Continuaron y vieron a Darius dar la orden para que el resto de los guerreros del ejército Dracul fuera tras la cabeza de Thomas. Ahí fue cuando Catalin no pudo con todos los guerreros de las tinieblas y uno logra darle a Thomas un certero golpe que atravesó el cuerpo debilitado del licántropo. Aunque fuera solo un recuerdo, la vampira comenzó a llorar al repetir la escena en que su predestinado cae mientras el brazo ensangrentado del guerrero Dracul deja un orificio en su pecho. La cara de dolor de Thomas generaba angustia en la vampira, y eso que se refería a un momento del pasado.
– Noto que aún te afecta ver en tan mal estado a Thomas -comentó Sara al ver que no paraba de llorar.
– Recordé cuando desperté en mis aposentos, rodeada de mis padres y hermano, y quise salir para ir en busca de Thomas. Lucian detenía mi avance y le dije que me soltara, que no respondía si le hacía daño. Él no accedió a mi pedido y yo me encendí en llamas. Mi hermano tuvo que usar su don en mí otra vez, pero no apagaba las llamas. Darius apareció y usó su poder en mí, creando un invisible cubo que fue reduciendo hasta que ya no había más aire en él y tuve que dejar de arder. Luego mi padre llamó a Ileana, la hermana de Darius, cuya edad de destino es la de una adolescente de quince años, para que utilice su poder en mí. Ella es una psíquica que puede hacer trabajos complicados como rastrear a alguien de cualquier especie o tan simples como hacerte dormir. La desesperación por saber si Thomas logró sanar sus heridas y el miedo de que sufriera el celo de los machos licántropos estando tan mal herido hizo que no reparara en atacar a Lucian, en ir en contra de mi propia familia. Todos esos recuerdos me causan mucha tristeza por todo lo que como compañeros predestinados hemos tenido que sufrir.
– ¿Ahora eres capaz de decirme qué sentiste al verlo caer? -el último comentario de Sara había hecho que la vampira saque el dolor que sentía al contar lo sucedido en el Castillo Dracul después de encontrar a Thomas.
– Sentí dolor porque mi pueblo iba en contra de mi amado; desde ahí supe que no se nos daría fácil estar juntos. De ahí apareció el miedo al pensar que lo perdía cuando recién llegaba a mi vida, luego sentí la furia; quería deshacerme de todos los que quisieran dañar a Thomas.
El dolor que sintió Catalin fue tristeza, ya que el concepto de dolor es un referente físico, mas no emocional. Cuando alguien nos hiere con sus palabras o actos, lo que sentimos es tristeza porque la percepción que se tenía de esa persona se destruye, y eso nos causa tristeza. El miedo es una emoción relacionada al sentir que alguien -o algo- corre peligro, está en riesgo, y es la posibilidad de pérdida la que nos empuja a actuar. En el caso de Catalin, el miedo hizo que apareciera la furia como respuesta, y que con violencia busque proteger a quien estaba en peligro.
– Entonces, ¿está mal experimentar ciertas emociones? -preguntó algo tímida Catalin.
– No, ninguna emoción debe ser descartada, ya que no hay emociones malas ni buenas, pero no debemos mantenerlas activas por mucho tiempo ni dejar que sobrepasen su correcta intensidad. En otras palabras, sentir alegría por el mal que recae en alguien no es bueno, aunque se piense que esa emoción es positiva. Asimismo, podemos sentir la ira, pero no dejar que se convierta en furia, o la tristeza, pero sin que llegue a depresión. Un fastidio, molestia o cólera son expresiones de la ira que aún te permiten razonar, pero no por ello hay que mantenerlas en nuestro humor por horas o días. Lo mejor es vivir la emoción a la intensidad que te permita razonar para luego dejarla ir y así dar paso a otra que vendrá con las nuevas circunstancias que aparezcan.
Teniendo en claro el manejo de las emociones, Sara invitó a Catalin a revivir el recuerdo, pero con algunos cambios que la experiencia le había dado. La vampira tocó a su yo del pasado y el recuerdo reinició. En el momento en que el resto del ejército Dracul se acercaba, Catalin decide encender las llamas por todo su cuerpo, con la intención de persuadirlos y que no avancen. Los guerreros se detuvieron de golpe, pero Darius los incitaba a seguir al afirmar que no podría con todos a la vez, y así lo hicieron. Entonces Catalin crea una barrera de fuego alrededor de ella y de Thomas, la va expandiendo para que los vampiros no se puedan acercar más y crea un paso en la barrera por donde estaba el Alfa Höller y le pide que ayude a Thomas. El miedo al fuego detuvo el paso de los guerreros Dracul y permitió que Catalin huyera junto a Thomas.
Al salir del trance en que Sara la sumergió, Catalin abrazó a la híbrida para agradecerle por su ayuda. Cargar por tantas décadas la culpa y la idea de ser un peligroso monstruo habían dañado parte del ego de la vampira, pero ahora ya podía ser libre y sentirse ligera, con un peso menos encima.
– Igual debes seguir entrenando el control de tus emociones, así que esta sesión no será la única. Te pido que por las noches interiorices en tus recuerdos para que en la mañana siguiente podamos trabajar con ellos, así como acabamos de hacer. Ahora ve con Katha y siéntete muy orgullosa de quien eres: un ser agradecido, con una gran luz cuya existencia ilumina a todos quienes te conocemos.
(…)
Por la tarde, Katha inició el primer entrenamiento con fuego. Para evitar daños colaterales, Killari activó la dimensión paralela que es un espejo de la nuestra, en donde podrían usar el elemento como quisieran, sin poner en peligro la naturaleza de Renania. Ante el pedido de la pequeña pelirroja, Catalin activo su don, ardiendo en llamas.
– ¿Puedes emanar fuego sin encender todo tu cuerpo?
– Nunca lo he intentado -por más que probaba, la vampira no lograba crear fuego sin prenderse como una antorcha-. No puedo, lo siento -dijo apenada.
– No te preocupes, maestra, estamos aquí para mejorar -una gran sonrisa iluminó el rostro de la pequeña pelirroja, y la vampira se animó-. Enfócate en que el fuego sale de tu cuerpo por tus manos. Piensa que la energía fluye hacia tus extremidades superiores y se concentra en tus palmas, en tus dedos. Siente ese calor solo en tus manos.
Por recomendación de Klaus, la vampira cerró los ojos e hizo lo que le indicó Katha. Empezó a imaginarse afluentes de fuego saliendo por todos los rincones de su cuerpo hacia sus brazos; sentía el calor concentrarse en sus manos, las palmas comenzaron a arder y un cosquilleo incesante nació en los dedos. Al abrir los ojos se encontró con que solo sus manos estaban encendidas con el candente elemento.
Klaus colocó pequeños sacos de algodón empapados con combustible en diferentes puntos de distancia. Lo que querían era que Catalin ampliara su rango de disparo, llegando más lejos de lo que había logrado. Con este ejercicio, Katha buscaba que el fuego salga como si fuera un proyectil que dejaba trazada la dirección que tomó, que golpeara con fuerza en donde dirigía el ataque, ya que eso le serviría para utilizar el elemento como si fueran látigos de fuego. Luego practicaron lanzar bolas de fuego como si fueran dagas y concentrar la mayor cantidad del elemento entre sus manos y expulsarlo con violencia para derribar al objetivo.
– Sigue practicando que la energía fluya hacia tus manos. Por ahora necesitas cerrar los ojos para concentrarte, pero debes llegar a hacerlo sin que pierdas visión y te tome mucho tiempo. Solo la práctica lo hará posible.
La recomendación de Katha la empujó a seguir practicando toda la noche. Thomas, Austin y Helmut se turnaron para asistirla en alcanzar su cometido.
– Mira lo que he logrado, Katha -decía Catalin al iniciar una nueva sesión de entrenamiento con la pequeña pelirroja por la siguiente tarde. De las manos de la vampira se extendía un fuego parecido a un látigo que podía azotar, destruyendo y ardiendo en llamas lo que tocara.
– ¡Eres estupenda, maestra! -la pequeña hibrida saltaba de alegría al lado de su amado Klaus, quien sonreía al ver el progreso de la vampira.
– Y eso no es todo -con un gesto avisó a Thomas, quien lanzó saquitos de algodón por el aire, los cuales Catalin los hacía explotar al enviar a ellos bolas de fuego con mucha energía concentrada. Y todo lo hizo con los ojos bien abiertos y en cuestión de micro segundos.
Para esa tarde Katha quería entrenarla en cómo absorber el fuego y apagarlo, ya que las hadas de fuego no solo creaban el elemento, sino que podían aspirarlo y así evitar la destrucción de la naturaleza. Para ello la híbrida de hada y licántropo inició un incendio en el Parque de Renania dentro de la dimensión paralela.
– Para apagar el fuego necesitas atraerlo hacia ti, y para ello debes llamarlo con el pensamiento. Te recomiendo que visualices que el fuego responde a tu voz y llega a ti –indicó Katha.
Limitando su visión para tener nuevamente una alta concentración, Catalin llamaba a las llamas y visualizaba como estas danzaban y volaban hacia ella, que al tocar sus manos se transformaba en energía que inundaba su cuerpo. Al sentir que había demasiada energía y no saber qué hacer con ella, la vampira encendió su cuerpo y lanzó una gran lengua de fuego hacia el firmamento a la par que salía un clamor desgarrador de su garganta. Por el esfuerzo cayó inconsciente. Thomas y los demás llegaron a ella y la reanimaron. Había sido demasiada la energía que no pudo contener.
– ¡Lo siento mucho, maestra! -Katha lloraba arrodillada enfrente de Catalin que yacía en los brazos de su compañero predestinado-. Olvidé decirle que cuando sienta que la energía se desborda la canalice hacia sus piernas y la entregue a La Tierra, sacándola por sus pies -la pequeña pelirroja estaba muy consternada por su error.
– Tranquila, Katha, pero la próxima vez dame todas las indicaciones antes de comenzar. No fue una sensación agradable la que sentí -hizo un gesto de desagrado que a Thomas le hizo gracia y sonrió al ver que su amada estaba recuperada.
Sabiendo cómo entregar el exceso de energía al planeta, Catalin volvió a intentar y lo logró. «Ahora vayamos por una presa más grande», dijo Katha y creó un incendio que devastaba todo el parque. Le recomendó que se posicionara en el centro del área afectada para que el elemento sea aspirado de manera pareja. La vampira cruzó rápidamente el parque para hallarse en el punto central de este y empezó a atraer a las llamas. Al sentir que la energía la sobrepasaba, empezó a soltarla por sus pies hacia La Tierra, y en minutos detuvo el voraz paso del fuego por los frondosos árboles.
Para el cuarto día la pequeña pelirroja había planeado trabajar con los rayos. La electricidad es una manifestación del fuego y las hadas guardianas de ese elemento pueden atraerlos cual pararrayos y evitar la destrucción de la naturaleza. Katha le enseñó la postura que debía adoptar para atraer a los rayos, y que el resto era igual que cuando se absorbía el fuego. Con las piernas separadas y firmes, para no perder el equilibrio por el impacto de los rayos, se eleva el brazo derecho con los dedos estirados.
– ¿Y por qué no el izquierdo? -preguntaba Catalin al pensar que si siempre utilizaba el mismo brazo podría con el tiempo causarle algún tipo de lesión.
– Porque los rayos no pueden pasar por tu corazón. Bueno, al menos no es recomendable para hadas e híbridos.
Killari desató una tormenta eléctrica y protegió a los espectadores que asistieron al entrenamiento, ya que al soltar la furia de la naturaleza no podría controlarla. Haciendo lo que Katha indicó, Catalin se paró firme, elevó el brazo derecho y visualizó los rayos cayendo en ella. El impacto del primer rayo sobresaltó a la vampira, ya que era una sensación diferente a la del fuego. Un rayo tenía la misma cantidad de energía que un incendio, y en una tormenta no solo cae uno, así que ahí aprendió a que con los rayos debía recibir y drenar rápidamente el exceso de energía.
– Ahora intenta tomar un rayo y con tu otro brazo dirigirlo a un objetivo -pidió Katha.
– Pero ¿no que no debe pasar por el corazón la energía del rayo? -la vampira no quería arriesgarse por nada.
– El impacto es lo dañino, que la energía fluya por tu cuerpo y la redirijas no te afecta.
Segura por lo que Katha confirmó, atrajo un rayo, mantuvo la energía en su cuerpo y luego la soltó hacia una banca del parque, haciendo que estalle en cientos de pedazos. Así estuvo demostrando que cada día mejoraba su control del elemento, pero faltaba un último uso que se le podía dar a su don.
(…)
En todo ser vivo están presente los cuatro elementos y las hadas guardianas de ellos pueden controlarlos, usando así su poder para sanar. Los niveles deficientes, así como el exceso de un elemento pueden ser tratados por un hada del elemento en desequilibrio.
– Las hadas hacen uso del elemento que custodian y está presente en la naturaleza. El plasma, el oxígeno, los oligoelementos y la temperatura corporal son agua, aire, tierra y fuego, por lo que pueden ser controlados por hadas -con estas palabras Katha introducía a Catalin en una práctica que no imaginaba que las hadas ejecutaran, ya que para la vampira implicaba manejar un gran poder y por lo tanto un riesgo a la par.
– ¿Quiere decir que un hada de aire podría absorber todo el oxígeno de un cuerpo y causar la muerte de un árbol, animal u hombre? -ese era el riesgo para la vampira, que la vida de seres vivos pueda pender de las manos de las hadas.
– En teoría, sí, pero la esencia de las hadas hace que sean seres que cuiden y busquen el equilibrio en la naturaleza, por lo que usan sus poderes en los seres vivos para sanarlos de la falta del elemento o del exceso -respondió la pequeña pelirroja sumando una gran sonrisa.
– Pero yo no soy un hada, Katha -Catalin frunció el entrecejo al pensar que su naturaleza oscura podría llevarla a desencadenar su poder para aniquilar seres vivos al arrebatarles su fuego corporal, que es la energía que permite que realicen sus actividades.
– Maestra, no temas. No dudes de ti, eres una buena persona. Sé que no usarás tu don para dañar a nadie -consoló Katha tomando las manos de Catalin entre las suyas y mirándola con sinceridad y optimismo-. Es importante que manejes esta parte de tu bendición porque con ello salvarás vida.
– Tienes razón, cada día manejo y gestiono mejor mis emociones, por lo que podré usar mi don para ayudar y no para destruir.
Las terminaciones nerviosas en la piel tenían una función adicional a la sensorial en las hadas: medir el nivel del elemento en un ser vivo o ambiente. Por la falta de experiencia o el desuso del don, Catalin necesitaba hacer contacto con el cuerpo del ser vivo cuyo elemento fuego estaba desequilibrado. Ingresaba al Complejo Deportivo de Renania un remolque para caballos, en donde un potrillo de dos meses de nacido llegaba para ser ayudado.
– El pequeño perdió a su madre a los dos días de haber nacido y eso le ha quitado las ganas de vivir -empezaba a explicar el contexto la pequeña Katha-. Ahora tiene dos meses, pero no ha desarrollado lo necesario porque no quiere alimentarse ni unirse a una madre de acogida.
El fuego, a diferencia de los otros tres elementos en el cuerpo de los seres vivos, se equilibra principalmente por el manejo emocional. En el caso del agua, si en el cuerpo escasea, se ingiere líquidos y con eso se compensa la falta, pero con el fuego lo que se debe hacer es elevar una determinada emoción para estar en equilibrio. Ante la debilidad, el desgano, que son señales de tener el fuego bajo, hay que proyectar mayor alegría o ira. Por ello los seres racionales buscan despejar la mente y frecuentar lugares que le puedan proveer de energías que eleven la emoción de la alegría, aunque a veces tener un colerón por presenciar alguna injusticia y defender al afectado también ayuda a elevar el fuego interior y salir de esa etapa de tedio.
– Lo que debes hacer -continuó Katha- es colocar la mano izquierda sobre la cabeza del potrillo y la derecha sobre tu corazón. Cierra los ojos para que te concentres en el fuego del pequeño. Vas a visualizar una escala. Lo ideal es que esté apuntando en la mitad, si está por debajo de ese punto quiere decir que hay escasez, y si la sobrepasa hay exceso. No te presiones para tener rápido la respuesta, solo enfócate en que tu piel te diga cuánto de fuego hay en él.
La vampira agudizó los sentidos y solo oía, olía, percibía al potrillo. A los pocos minutos visualizó la estructura del animal, una hecha de calor, de fuego. Los índices estaban muy bajos, casi extintos, y ello hacía que su temperatura, ritmo cardiaco y presión arterial fueran más bajas de lo normal. Abrió los ojos y le dio su veredicto a Katha.
– Ahora lo que harás es tomar energía del planeta para entregarlo al potrillo. Es igual que cuando entregas el exceso de energía de fuego al absorber un incendio o recibir los rayos. Vas a sentir que a tus pies llega la energía y recorre te cuerpo hasta exteriorizarla por tu mano. Como es la primera vez, golpea con tu pie el suelo, así atraerás la energía de fuego.
Catalin empezó a lanzar fuertes pisadas sobre la grama hasta que sintió ese burbujeo en la punta de los dedos de sus pies. En segundos, sintió que la energía la recorría. La dirigió hacia su mano izquierda que tocaba al animal, y este empezó a moverse al sentirse revitalizado. Al ver que el nivel de energía llegaba al medio de la escala, presionó el pie sobre el suelo de césped y la energía dejó de fluir. Al abrir los ojos se encontró con un animal deseoso de galopar por los alrededores.
– Cuando el ser vivo tiene exceso de fuego, se coloca las manos igual que te indiqué, y, en vez de pisar el suelo, empujas en su frente levemente para empezar a absorber el exceso, entregándoselo al planeta al llevarlo hacia tus pies. Cuando veas que el nivel se equilibra, dejas de absorber, y ya tienes a un repuesto ser vivo -como lo decía Katha, con ese inocente entusiasmo que la caracterizaba, todo parecía muy fácil de hacer.
– Entonces, ¿eso es todo? -preguntó Stefan, quien había asistido a todos los entrenamientos del don de fuego para conocer más sobre las habilidades de ambas féminas.
– Sí, Alfa. Doy por concluido el entrenamiento del don de fuego -dijo tratando de escucharse solemne la pequeña pelirroja, arrancando sonrisas a todos los espectadores.
– ¿Y qué les parece si celebramos con una cena en la mansión? -propuso el Alfa mirando a su Luna, quien felicitaba a Katha y a Catalin por haber hecho un grandioso trabajo juntas.
– A mí me parece genial -Amelia hablaba mientras caminaba hacia Stefan, para abrazarse a su cintura-. Mañana sábado analizarán las tácticas que el equipo seguirá en la incursión y el domingo partirán, así que hoy viernes por la noche podemos celebrar cenando, ¿qué dicen?
Todos aceptaron la invitación y reían al sentir que la fortuna no les era esquiva, que con Catalin en control de sus emociones y con dominio de su don la incursión sería exitosa.
Mientras que en la Manada Höller todo era alegría, en el Castillo Dracul aparecía un visitante inesperado que ponía en peligro la presencia del brujo Sasha y su familia entre los vampiros. «Y ahora, ¿qué quiere ese asqueroso rastrero seguidor de Satanás? ¿Acaso no se percata que su presencia no me es agradable? ¡Y encima exige hablar conmigo! Espero que no hayan detectado al brujo y a su familia, sino tendremos problemas, o, mejor dicho, él los tendrá porque me veré obligado a acabar con su miserable vida», pensaba Lucian caminando con obvia molestia a encontrarse con quien menos quería tratar.