No voy a negar que saber que de la unión entre Amelia y yo nacería el artífice de la paz y unificación de los pueblos sobrenaturales me hacía sentir orgulloso e importante, tanto que rozaba la vanidad, pero lo que en verdad me llenaba de júbilo era la idea de ser padre. Aún estaba fresca la herida de la cría que perdimos, por lo que saber que era un hecho de que Amelia y yo tendríamos descendencia me puso muy feliz.
– Te agrada saber que serás padre -me dijo Thomas golpeteando con alegría y cariño mi hombro.
– Y a ti que vas a seguir mis pasos -respondí haciendo el mismo gesto. Ambos teníamos mucha ilusión de ver crecer a nuestros hijos.
Las hembras rieron al escucharnos entusiasmados con el futuro, pero no podíamos perder tiempo en ello, ya que debíamos prepararnos para la incursión al Castillo Dracul. A Catalin no le gustaba la idea de hacer uso de su don, lo veía como algo negativo, destructivo y amenazador. «Hay que ayudarla a cambiar la forma que ve a su don», pensé y retomé el tema.
– Ahora que conozco más sobre los vampiros y Catalin, creo necesario utilizar estos días previos a la misión de recate de Sasha y familia en entrenarte -mientras Amelia y Killari apoyaban mi propuesta, las caras de Thomas y Catalin decían lo contrario-. ¿Hay algún problema? -pregunté a ambos.
– No apruebo que mi princesa sea obligada a hacer cosas que no quiere -dijo serio y muy tajante el licántropo.
– Justamente porque creo que Catalin tiene una idea errada de su don es que pienso que es necesario que entrene, así lo conocerá y controlará mejor, cambiando su perspectiva -Thomas me miraba no muy convencido-. Si controlar el fuego fuera algo malo, las hadas de ese elemento serían grandes villanos -ese argumento respaldó muy bien mi idea.
– Stefan tiene razón -apoyó Amelia mi iniciativa-. Si la esencia del fuego fuera negativa, el Dios Supremo no lo habría creado como un elemento fundamental para la vida. Además, ustedes conocen a Katha, una híbrida, una loba de fuego, y ella es lo más inocente y nada destructivo que conocemos -pareció que Catalin la recordaba del entrenamiento en Bonn porque sonrió cuando Amelia la mencionó.
– Entonces, ¿aceptas ser entrenada, Catalin? -aunque la pregunta se la formulé a ella, miraba a Thomas, ya que él influía mucho en la vampira.
– Sí, lo haré -dijo mirando a Thomas, quien le sonreía para que se sintiera segura-. ¿Y quién entrenará a la entrenadora? -bromeó Catalin al verse por primera vez al otro lado de la situación.
– Pues creo que Sara puede ayudarte con la parte mental y Katha con el control del elemento -sugerí mirando a Killari y Amelia, ya que, si no estaban de acuerdo, esperaba que pudieran proponer a mejores prospectos, pero ambas asintieron, y todos aceptaron que ambas híbridas sean las entrenadoras de la vampira.
(…)
Esa misma tarde convoqué a Sara y a Katha para comunicarles sobre lo que harían para ayudar a Catalin con su don. Sara no tuvo problemas en aceptar la misión, pero la que puso muchas excusas fue Katha.
– Pero ¿cómo voy a entrenar a mi entrenadora? ¡Eso es ironía pura! -cuestionaba Katha al no sentirse capaz para la misión.
– Porque conoces el elemento y lo dominas -dije con un ademán que la señalaba como la única en poder lidiar con esto.
– Amelia -¿queeeeeé? ¿Pretendía usar a mi Luna para escabullirse, pasando por encima de mí? Entiendo que Amelia sea más que un alfa, pero, hola, ¡estoy aquí! Ya, ni me molesto porque será peor-, no soy digna de entrenar a la maestra Catalin –Katha agachó la cabeza, parecía que quería llorar-. No soy de carácter fuerte ni dominante; soy pequeña, lo que hace que pase desapercibida; no infundo respeto ni temor, así, ¿cómo voy a ser una entrenadora?
– Los grandes maestros son aquellos capaces de escuchar a sus discípulos para entregarles lo que necesitan para crecer y mejorar -le contestó Amelia acercándose para hacer que levante el rostro-, y tú eres precisa para ello. ¿Por qué crees que Marianne te dejó a cargo de presentarme los beneficios del dichoso programa de Formación para la Excelencia? -mi Luna rodó los ojos al mencionar la “mentira del año”; lució graciosa-. Porque solo a ti no podía rechazar. Tu aura llena de inocencia, pureza, alegría, empatía hacía que no pueda negarme, aunque me pareciera que todo era exagerado. Catalin necesita que alguien dócil y humilde le ayude a controlar tan temible don, y esa eres tú -Katha aún lucía nada convencida, así que me atreví a ofrecer algo más para que esté a gusto con la misión.
– Katha, y si Klaus te asiste en el entrenamiento, ¿aceptarías la misión? -la mirada se le iluminó y daba saltitos sobre la silla, aplaudiendo feliz.
– ¡Por supuesto que sí! Con mi Klaus a mi lado, todo lo puedo.
El don de Catalin y su entrenamiento decidí mantenerlo en secreto. Mi séquito, familia y manada no sabrían de ello, salvo los miembros del equipo de rescate, Sara y Austin, por ayudar a entrenar al equipo, y los ex Alfas. A Marianne le pedí que encontrara reemplazos para las funciones de Katha y Klaus en el instituto por dos semanas. Como excusa le dije que estarían ocupados entrenando con el equipo de rescate, y luego de cumplir la misión quería darles una semana libre, como recompensa. Mi hermana estuvo de acuerdo, así ya estábamos listos para iniciar el entrenamiento de Catalin.
Al día siguiente, muy temprano, nos reunimos los informados sobre el don de la vampira en la zona deportiva de Renania. Dentro del vecindario privado contamos con un coliseo y alrededor de él canchas para la práctica de algunos deportes al aire libre. Katha y Klaus fueron los primeros en llegar, ya que cuando el resto salimos de la mansión hacia el punto de reunión, ellos ya estaban esperándonos. La pequeña Katha lucía muy nerviosa. Jugaba con sus dedos mientras nos saludábamos; Klaus se percató de ello y la tomó de las manos para tranquilizarla. Después de respirar hondo unas cuantas veces inició el entrenamiento.
– Querida maestra, es un placer para mi poder ayudarle a crecer en sus habilidades –dijo Katha, y definitivamente estaba muy nerviosa porque sonaba muy formal.
– Katha, estamos en confianza, tutéame, por favor. Y tranquila, que no eres la única nerviosa -le dijo Catalin acariciando su antebrazo para que se soltara.
– Está bien -dijo Katha después de cerrar los ojos por pocos segundos y aclarar su mente-. Para empezar, necesito conocer qué tan avanzada estás en el control del elemento, por lo que me ayudaría mucho saber detalles como en qué momento descubriste tu don, la máxima intensidad y distancia a la que ha llegado tu fuego.
– Bueno, mi madre siempre contaba con mucho humor sobre la primera vez que demostré mi don -todos escuchábamos atentos, Catalin nos revelaría nueva información-. Tenía unos cuatro meses humanos de haber nacido, pero ya aparentaba un poco más de un año cuando mamá vio arder mi cuna. Ella me había dejado sola por breves minutos, ya que dormía, y al regresar se encontró con la escena muy temible para los vampiros. Se acercaba a la par que gritaba llamando a papá, que llegó de inmediato para apagar el fuego, pero al ver que reía y estaba jugando con las llamas supieron que ese era mi don.
– ¿Es común que los vampiros de nacimiento muestren sus dones a tan temprana edad? -preguntó Klaus.
– Mi madre siempre rescató que era muy joven cuando manifesté mi don, a comparación de mi hermano y Darius, que ya tenía unos cinco y siete años humanos, trece y dieciséis en su evolución como vampiro respectivamente, cuando manifestaron los suyos.
– ¡Fuiste muy precoz, maestra! -resaltó Katha mostrando alegría-. A los híbridos de fuego nos toma unos años para despertar la habilidad. En mi caso tenía cuatro años cuando supieron que podía crear y manejar el fuego, dos años después vino la transformación en loba.
– Y, ¿es bueno o malo que desde muy pequeña haya manifestado mi don? -la duda de Catalin era también la nuestra.
– Mamá dice que cuando un hada nace inmediatamente se manifiesta el elemento del que será guardián, así que no creo que sea malo que la maestra haya descubierto su don tan temprano. Al contrario, pienso que así fue porque es un don muy especial y único. ¿O hay otros vampiros que controlen el fuego?
– La verdad es que Catalin es única en su especie -intervino Amelia para despejar dudas-. Mi Madre la bendijo de manera especial porque, desde el inicio, ella fue la elegida para ayudar en mi conversión, para así obtener un cuerpo que permita contener mi divinidad. El don del fuego fue entregado solo a Catalin como una muestra del poder divino que emana del Dios Supremo, y para que pueda caminar bajo el sol -todos mirábamos absortos a mi Luna-. Sí, el supuesto hechizo que Killari te entregó fue solo una pantomima, la verdad es que siempre toleraste el calor y el brillo del sol. Asimismo, que tu predestinado sea un licántropo también fue parte del plan de mi Madre para despistar a Satanás y los demonios.
En el transcurso del tiempo que le tomó a Catalin llegar a su edad de destino, fue poco a poco disminuyendo la intensidad y el uso de su don, ya que, al no ser el fuego del agrado de los vampiros, muchos manifestaban rechazo y otros, miedo a su poder. «Hasta que llegó un momento en que no lo mostré más, llegando mi gente a creer que había nacido sin un don».
Sobre lo intenso y el alcance de su poder, nos narró los hechos que marcaron la última vez que lo usó ante y contra otros: el día que conoció a Thomas. A inicios del siglo XX las batallas entre licántropos y vampiros eran una constante que parecía nunca acabar. Durante la Primera Guerra Mundial, tres clanes del este europeo pretendían llegar a Viena y aprovechar el caos que ya se vivía para desaparecer a cuantos humanos pudieran, por lo que las manadas impedían el paso haciendo frente a su fuerza bélica. Los Höller habían avanzado hasta llegar a la ciudad de Szeged -actualmente es Hungría-, por donde Los Dracul pretendían ampliar su dominio para llegar a Budapest y luego a Viena, dominando así todo el Imperio Austrohúngaro, llegando a la frontera con Alemania, amenazando directamente a la Manada Höller. Era deber de la manada más poderosa detener el paso del clan más sangriento, por lo que el Alfa Karl Höller decidió que su manada sería la encargada de hacer retroceder a Los Dracul, mientras que el resto de manadas trabajaban en conjunto conteniendo a los otros dos clanes: Kusanović, de la zona de Croacia, y Walczak, de la zona de Polonia.
La estrategia que utilizaron fue dividir el ejército Höller en tres grupos, de los cuales dos ejercerían la ofensiva. El Alfa salió al mando del grupo que atacaría por derecha y el Gamma -Gunter Schmidt, bisabuelo de Gonzalo- con el otro atacando por la izquierda. El Beta y el Delta -Thomas Häus y Johan Neumann, este último el bisabuelo de Patrick- se quedaron liderando la defensa, un recurso que pocas veces era utilizado por Los Höller al tener magníficos guerreros que reducían y espantaban a sus enemigos con su fiereza y fuerza bélica. Sin embargo, en ese encuentro participarían en el primer ataque magos oscuros cuya participación no esperaban y sorprendió ingratamente al Gamma Höller.
Gunter y su equipo iban a toda velocidad hacia los vampiros neófitos que entraban en el campo de batalla por la zona que resguardaban, pero no estaban solos. Entre los guerreros vampiros había magos oscuros escondidos que portaban polvo de plata. El objetivo era secuestrar al Gamma, el mejor guerrero, para debilitar el ataque licántropo y que la marcha de Los Dracul no se detenga. Cuando lograron estar a corta distancia de Gunter, los magos oscuros se manifiestan y envenenan al guerrero licántropo. Los seguidores de Satanás y aliados de los vampiros se confiaron, o desconocían de la fuerza del Gamma Höller, ya que antes de caer pudo reaccionar ferozmente y con sus garras y fauces acabó con tres de los cinco magos oscuros. Los que quedaban lo ataron con cadenas de plata de alta pureza y comenzaron a arrastrarlo. Los guerreros de su equipo intentaban llegar a él para evitar que se lo lleven, hasta el mismo Alfa Höller pretendía dejar su flanco para ir por su amigo, pero, como por arte de magia, cientos de vampiros neófitos aparecieron, y con su torpe, pero fuerte ataque, no permitieron que auxiliaran al Gamma.
Desde la lejana defensa, Beta y Delta querían ir por el amigo, el hermano que fue reducido cobardemente, pero dejar sin resguardo lo que era el último bastión antes de ingresar a la ciudad de Szeged no era una opción. Thomas, sabiendo que lo que haría era muy arriesgado, decidió ir solo al rescate de Gunter. Sin darle oportunidad a Johan de refutar o proponer otra opción, salió corriendo en su forma humana, gritando al Delta que no se mueva de la defensiva, que él quedaba al mando de ese grupo.
El Beta comenzó a abrirse paso con ayuda de los guerreros licántropos que entendieron su plan, y que bastaba con que uno solo llegue donde el Gamma para acabar con los magos oscuros. Evitando que las espadas de plata que blandían los enemigos lograran dañarle, Thomas rompió el cuello de uno y con la espada que le quitó, atravesó la garganta del otro. Ayudándose del arma, liberó de las cadenas a su amigo y, con ayuda de los guerreros, lo subió a su lomo para llevarlo donde Johan esperaba con la defensiva.
Al quedarse sin líder el flanco izquierdo, Thomas regresó a la batalla para hacerse cargo de ese grupo de guerreros. Como quedaban pocos vampiros neófitos en pie de lucha, los licántropos pensaron que la batalla llegaba a su fin, pero a lo lejos, sobre la loma del este, aparecieron “Los Azotes de las Manadas”. Los neófitos que habían estado enfrentando no formaban parte del ejército Dracul, eran humanos que desesperados por escapar de la guerra aceptaron la propuesta de los magos oscuros de convertirse, y con la sangre de vampiros renegados crearon un ejército. La única baja del ejército Höller era no contar con su Gamma, pero, después de una intensa pelea con más de mil neófitos, las fuerzas se veían disminuidas, ya que la única desventaja de los licántropos ante los vampiros es que los primeros requieren períodos de descanso o sueño, mientras que los otros no necesitan de ningún tipo de reposo.
Mi bisabuelo pidió intercambiar a la mitad de su grupo y el de Thomas con los guerreros que estaban esperando en la zona de defensa, así tendrían el 50% de guerreros en óptimas condiciones para la verdadera batalla. Los Dracul habían llegado con sus mejores guerreros, con los de la primera y segunda línea de ataque: expertos en combate a cuerpo y cabalgando. Lucian, Catalin y Darius, los Generales Dracul, al ver los montículos de cenizas por todo el campo de batalla entendieron que Los Höller estuvieron enfrentando a guerreros que no pertenecían al clan, por lo que ya tenían una ventaja. Ante ello, decidieron enviar a la segunda línea de combate: los guerreros ecuestres.
La batalla se tornó pareja. Los licántropos intercambiaban entre su forma humana y la de lobo, ya que en ambas son tan rápidos y ágiles como los vampiros; aunque siendo lobos son más fuertes, y cuando lo requerían hacían uso de ella. Thomas luchaba en su forma humana usando las espadas de los magos oscuros que enfrentó. La empuñadura de cuero le daba comodidad al Beta para hacerla girar en el aire y estrellarla con furia sobre sus contrincantes. Mientras la batalla avanzaba, la balanza del triunfo comenzó a inclinarse a favor de Los Höller, y todo presagiaba el triunfo de la manada, pero un cobarde ataque pondría en riesgo a otro m*****o del séquito del Alfa. Por evitar que un guerrero que yacía herido sea rematado, Thomas recibe entre sus costillas la hoja de una espada de plata. El vampiro se había topado con una que los magos oscuros utilizaron en su precario ataque y lanzó la estocada desde la espalda del licántropo hacia su lado izquierdo, fuera del alcance visual del Beta. Airado por verse herido, atrajo al enemigo introduciendo más la filosa hoja de plata en su torso, y con la que llevaba en mano cortó en dos a lo largo al vampiro.
Tambaleando, Thomas retiró el arma que más le dañaba si la plata seguía en contacto con sus vísceras. Por efecto del dañino metal, la recuperación se hizo lenta, lo que causó que terminara perdiendo el equilibrio y cayera de rodillas. Al ver la situación, Lucian ordenó alejar al resto de licántropos del Beta, por lo que envió un segundo grupo de guerreros ecuestres. Mi bisabuelo empezaba a desesperarse, ya que no lograba llegar adonde estaba Thomas para socorrerlo, y la angustia creció cuando vio a la segunda general correr a velocidad hacia su amigo. La misión de Catalin era acabar con el Beta.
Haciendo un gran esfuerzo, el Beta logró pararse y adoptar posición de defensa empuñando espadas en ambas manos. La herida intercostal le causaba problemas para respirar, así que inhaló exageradamente para oxigenarse, pero a su nariz no solo llegó el preciado elemento que comenzaba a escasear en su cuerpo, sino el olor que despide la hierba cuando el sol de verano la abrasa mezclado con suaves toques de peonías. Empezó a mirar a todos lados, quería saber de quién emanaba ese aroma, y su sorpresa fue enorme al percatarse que su predestinada se acercaba al galope de la fiera modificada que cabalgaba.
Faltaba pocos metros para que la princesa Dracul llegara a su objetivo, cuando percibe la mirada de Thomas. Los ojos del licántropo expresaban calidez y ternura, como la mirada de su madre, pero también había deseo. Absorta por cómo su víctima la miraba y comenzaba a bajar la guardia, Catalin frenó a la bestia que montaba y tomó aire, aquel que no necesitaba para vivir, pero que llevó a ella la novedad sobre ese único ser con quien quería compartir su existencia. Thomas olía como los libros que leía escondida en la cima de su torre durante los sombríos atardeceres que a lo lejos teñían el cielo de naranja, rojo, púrpura y gris, y a fuego, ese elemento tan temido, pero que a ella le fascinaba.
Ambos se habían mantenido fieles a sus predestinados. Por más años que habían pasado y que debieron asumir sus funciones en su manada o clan sin tener al lado a su persona especial, su alma gemela, ellos fueron fieles porque solo querían entregarse a aquel ser que el destino les tenía marcado. Sin dar más vueltas al asunto, Catalin desmontó y corrió hacia Thomas, quien soltó las espadas y la esperaba con los brazos abiertos. La princesa vampiro se lanzó sobre el Beta y este la asió fuertemente a su cuerpo. Sin pensarlo unieron sus bocas en un apasionado beso que todos miraban, pero no podían creer que estaba sucediendo lo inesperado.
Lucian se perdió en la sorpresiva reacción de vampira y licántropo, y Darius ardía de coraje, ya que apenas unas semanas atrás, los padres de Catalin y los suyos habían convenido que esos dos se unieran al no haber encontrado a sus predestinados. Lleno de celos, Darius envió un tercer grupo de ataque para que vayan en contra del licántropo. Por instinto, Thomas adelantó un paso y se colocó en modo de defensa para proteger a Catalin. Ella lo abraza rodeando su cintura y pegando su pecho a la espalda de él. El gesto de su predestinado la conmovió en demasía; estaba muy mal herido, pero aun así haría todo lo posible e imposible para protegerla.
Ante los primeros guerreros en llegar, Catalin soltó el abrazo, y apoyándose ligeramente en Thomas saltó para atacar. Con una técnica que ningún guerrero en el campo de batalla conocía, la vampira empezó a hacer retroceder a los suyos. Al principio no tenía la intención de acabar con ellos, pero tuvo que deshacerse de esa idea y abrazar la que le llevaría a acabar con el tercer grupo de ataque al darse cuenta que en cualquier momento un guerrero vampiro podría superar su defensa y dañar a Thomas.
Como Lucian no salía de su obcecación, un muy alterado Darius envió al resto del ejército Dracul. Exigió que le llevasen la cabeza del asqueroso licántropo que se atrevió a besar a su prometida. Catalin daba pelea a los primeros que llegaron a cumplir el mandato del tercer general Dracul, pero antes de que pudiera preverlo, el brazo de un vampiro atravesó a Thomas, agravando su estado. Al ver como caía su predestinado, Catalin lanzó un grito de dolor, furia, miedo que despertó en ella el don que en las últimas décadas mantuvo dormido. Llamas empezaron a cubrir todo su cuerpo y empezaron a expandirse hacia el ejército vampiro. Al ver el fuego, Lucian recuperó la conciencia y supo que debía ir por su hermana.
El don de Catalin estaba descontrolado. La vampira había soltado todo su poder sin medir consecuencias. Había acabado con todo el Ejército Dracul, su ejército, solo por proteger a su alma gemela. Al detenerse, vio la masacre que había ocasionado. Quiso ir donde Thomas, pero la llegada de Lucian se lo impidió. Sin que los licántropos se percataran, el primer general Dracul hizo uso de su don al inmovilizar a su hermana un segundo antes de extender su brazo para subirla sobre la bestia que cabalgaba y llevársela; debía impedir que partiera con Los Höller por su conexión predestinada.