Capítulo 3.2

2925 Words
Conocedor de la codicia del hombre, Satanás ideó un plan para tomar la maldición del primer asesino para entregársela a los hombres dispuestos a intercambiar su alma por dicho supuesto poder. La humanidad desconocía del paradero de Caín, ya que la maldición hizo que este huyera de los de su especie y viviera en soledad, de ahí que los hombres no recordaban aspecto alguno sobre la maldición del fratricida, por lo que no pudieron evitar dejarse embaucar. A los nefastos aliados les tomó mucho tiempo encontrarlo, ya que ni hombre ni demonio sabía dar con su paradero. Cuando lo hallaron, lo mantuvieron prisionero y analizaron cómo podían tomar su maldición para compartirla con los elegidos. Al meditar en que la obtuvo por el derramamiento de sangre, concluyeron que era su sangre en donde se contenía. Durante días lo tuvieron colgado de cabeza, con amplios cortes en sus brazos y cuello para drenar el fluido. Un humano cualquiera hubiera muerto a los pocos minutos de haber iniciado el sangrado, pero la inmortalidad le daba la fortaleza para soportar el abuso de Lilith y Satanás. Trece fueron los elegidos: magos oscuros deseosos de obtener la vida eterna y poder para acabar con sus enemigos. A estos seres, siete varones y seis mujeres, se les dio de beber la sangre de Caín, fluido en donde se concentraba la maldición. Como el castigo no fue entregado directamente por el Dios Supremo, los efectos de la sangre de Caín en los humanos presentaron algunas diferencias: lo único que les servía para mantenerse activos era tomar la sangre caliente de mamíferos; no podían caminar bajo el sol porque este les calcinaba hasta hacerlos polvo; agudizaron sus sentidos y mejoraron su apariencia, fuerza, agilidad y velocidad para atraer y cazar a sus presas; sus cuerpos dejaron de realizar funciones fisiológicas (respiración, alimentación, circulación, excreción y reproducción), por lo que no podían enfermar ni envejecer, así se manifestaba la inmortalidad. Al igual que Caín, pero por razones diferentes a las del primer maldito, estas criaturas no podían vivir en comunidad o formar una familia porque no podían engendrar y porque, al ser fuente de toda clase de vicios y pecados, no soportaban compartir el mismo espacio con otros similares por mucho tiempo. Como solo podían desplazarse durante la noche, bajo las sombras muy oscuras o cuando los rayos del sol eran bloqueados por espesas nubes, les llamaron “hijos de las tinieblas”. Tiempo después, los humanos los rebautizaron como “vampiros”, ya que la manera que tenían de alimentarse era parecida a la de esos animales: clavando sus colmillos en el cuerpo de sus víctimas para perforar venas, o arterias, y tomar su sangre. Los primeros trece vampiros amenazaron la existencia de los humanos al atacar sin piedad a todo poblado que encontraban en su camino. Como se separaron al no poder convivir en unidad, el radio de su horrendo actuar creció desmesuradamente. Fue ahí cuando la Madre Luna entregó a los licántropos las bendiciones que le permitieron dar batalla a estos seres malditos y proteger a la humanidad. Cuando el primer vampiro murió a manos de los licántropos, supieron que fueron engañados, ya que sí había una forma de perder la inmortalidad, a diferencia de Caín, que sí era eterno. Esto hizo que los doce restantes huyeran, refugiándose en lugares remotos, solo saliendo a cazar víctimas humanas cuando el hambre les quemaba la garganta. Pasaron los años, siglos, y Satanás buscó a los doce que quedaron. Los empujó a fortalecer su poder con la creación de otros hijos de las tinieblas. Si la sangre de Caín les entregó la maldición, será por la sangre que compartirán con otros humanos su legado maldito, así fue como comenzaron a acercarse a otros hombres, y con engaños los hicieron beber de su sangre. De doce pasaron a ser cientos, luego miles, y con la aparición de nuevos vampiros, la aversión entre ellos disminuyó, por lo que empezaron a formar grupos según preferencias y otras características que compartían, apareciendo los primeros clanes. Organizados, los vampiros se convirtieron en un enemigo muy poderoso de los licántropos, por lo que las manadas juraron que serían enemigos naturales al proteger a la humanidad que ellos buscaban destruir. El tiempo pasó entre batallas y artimañas que los vampiros ejecutaban para desprestigiar a los licántropos ante los humanos, promoviendo que estos dejaran de confiar en sus protectores más cercanos y poderosos. Así llegó el momento en el cual el Hijo vendría a este mundo al ser enviado por el Dios Supremo. Ese año, la energía crística rodeó el planeta para prepararlo para la llegada del Cristo que enseñaría a la humanidad sobre la Verdad, el Camino y la Salvación. Fue en ese momento en que el Dios Supremo, cansado de la existencia de los vampiros, ya que eran el reflejo de la maldición que entregó y no quería recordar, dejó a la Madre Luna la misión de convertir a esos seres viciosos, pecadores y horrendos en hijos de la divinidad. Consciente de que los vampiros eran humanos que eligieron dar su alma a Satanás por beneficios que no valían lo que sus almas representaban, vio que la existencia de estos seres fue producto del libre albedrío, por lo que concluyó que no podía hacer nada por aquellos que por voluntad rechazaron al Dios Supremo y se encaminaron a seguir al mal. Sin embargo, pensó en la manera de sembrar entre los hijos de las tinieblas la razón que les llevara a mejorar dentro del error cometido. Ayudándose de la energía crística, la Madre Luna logró bendecir a los vampiros con la predestinación de almas gemelas, y de la primera pareja de compañeros eternos nació una cría, el primer vampiro con alma y espíritu. El nacimiento del primer vampiro alertó a Satanás, ya que intuyó bien que ese hecho no era más que el intento de la divinidad por atraer a estos malditos hacia el camino de la luz. Por tal motivo, envió a sus demonios a que se mezclaran entre ellos para que el pacto implícito que había entre él y los hijos de las tinieblas no se perdiera. Asimismo, hizo todo lo demoniacamente posible para ocultar a las otras especies la bendición de reproducción que ya gozaban los vampiros. Es por ello que cuando una vampira gesta solo lo hace por tres meses, tiempo en que no se hace visible un vientre abultado. Al nacer la cría, debe ser inmediatamente alimentada por la sangre de su madre y padre, para que se fortalezca y termine en cuestión de horas su desarrollo fetal, luego de ello crecerá en cuestión de semanas hasta llegar a la edad que su destino ha marcado, habiendo vampiros nacidos que con las justas superan los veinte años y otros que sobrepasan los ochenta, para quedarse en esa apariencia por la eternidad. – Por eso nunca se ha identificado a una vampira embarazada ni se ha visto a un niño vampiro, salvo los que crearon en algún momento para generar el caos y la destrucción masiva de poblados al ser depredadores incontrolables y tan irresistibles para los humanos –reflexioné interrumpiendo a Catalin. – Asimismo, Satanás siguió incentivando la idea de la creación de hijos de las tinieblas por la ingesta de sangre vampírica por libre elección, por lo que todavía son más los vampiros por conversión que por nacimiento –agregó Catalin apenada porque su pueblo no logró desligarse del pacto con Satanás. – Catalin, ¿tú eres una vampira por nacimiento? –me atreví a preguntar. – Sí, lo soy –dijo en un susurro-. Mi padre se prendó de una humana, mi madre. Para tener una vida eterna al lado de su amada, papá la convirtió, luego nació Lucian y unos años después yo. – ¿No podías ser engendrada si tu madre seguía siendo humana? –consulté otra vez. – Por la influencia de Satanás, entre los vampiros está profundizada la idea de que, si vamos a reproducirnos, que sea entre vampiros y no con otras especies. Por ello, cuando el predestinado es un humano se le convierte, pero si es de otra especie, se debe eliminar a la pareja de compañeros, ya que no se puede convertir a los hijos de los otros pueblos sobrenaturales. – ¿Eso es por la profecía? –dejó de mirar el suelo de la habitación para dirigirme una mirada muy triste. – Sí. La profecía llegó a nosotros con el nacimiento del primer vampiro. Dicen los antiguos que después que el feto terminó su desarrollo al alimentarse de la sangre de sus padres, la divinidad se comunicó con cada vampiro en La Tierra para difundir la profecía: «De una vampira y de un licántropo nacerá el híbrido que acabará con el pacto maldito que los hijos de las tinieblas tienen con el embaucador». – Pero si la profecía fue entregada cuando nació el primer vampiro, ¿por qué no prohibieron la reproducción entre los de tu especie? A mí me suena lo más lógico a decretar, para evitar la profecía, porque es un hecho que será una vampira de nacimiento la que engendrará al híbrido. – Porque Satanás quería los dones de los nacidos –después de decir ello se quedó callada. Parecía que lloraba. En eso Thomas comenzó a tocar la puerta de la habitación desesperado al sentir la angustia y tristeza de su predestinada. Le abrí la puerta y le expliqué lo que estaba sucediendo para que se tranquilice. Tomo suavemente a Catalin y la sentó sobre su regazo para reconfortarla. – Permíteme explicarte sobre los dones de nacimiento, Stefan –intervino Killari al ver que Catalin no podía continuar-. Cada vampiro de nacimiento viene a este plano con un don. Puede ser el control de un elemento, detener el movimiento o aprisionar a cualquier ser, que son dones de telequinesia. También hay aquellos que se teletransportan o son telépatas. Satanás sabe de ellos y los quiere para sus fines, por eso no prohibió la reproducción. Sin embargo, los vampiros de nacimiento son celosos de su don, y no los demuestran frecuentemente para que Satanás no sepa exactamente quiénes tienen cuáles dones. – Por eso no sabíamos de los dones de Lucian y Darius –pensé en voz alta-. ¿Y cuál es el don de Catalin? ¿Control del fuego? –Thomas y Catalin me miraron con asombro-. El bisabuelo compartió conmigo esa verdad al ser el nuevo Alfa –aclaré para darles tranquilidad de que solo yo manejaba esa información. – Sí, domino el fuego. Puedo encender mi cuerpo sin causarme daño y extenderlo hasta veinte metros de mí. También puedo seleccionar lo que quiero abrasar en el radio en que lanzo el fuego. – ¿Por qué no has utilizado tu poder a nuestro favor? –dije al recordar que durante el último ataque no usó su don. – Porque si es un don debería usarse para el bien, para ayudar a la gestión de la vida, mas no para la destrucción. Después de vivir un siglo entre los licántropos y llenarme del amor de Thomas, me rehúso a utilizar mi don para la batalla. Que Catalin no quisiera ser un arma de guerra era completamente entendible. Al tener alma, ella era capaz de decidir entre el bien y el mal, por lo que reconocía que su don era una bendición y debía tender hacia el bien. Por otro lado, que Killari conociera sobre los vampiros de nacimiento y sus dones me dejó intrigado, ya que, si Satanás se inmiscuyó para ocultar esta verdad a los sobrenaturales, ¿cómo sabía de ello? ¿Acaso Satanás fracasó en su propósito? – ¿Desde cuándo sabes sobre la evolución de los vampiros y la profecía, Killari? –pregunté porque no me iba a quedar con la duda. – Desde el día que asumí el liderazgo de los aquelarres. La Madre Luna confió en secreto la existencia de los vampiros por nacimiento al Brujo Supremo, a la Gran Hada y al Rey Elfo de hace más de dos mil años, con la intención de que sean sus aliados en proteger a los recién nacidos. Cada vez que un vampiro nace, los líderes de los pueblos provenientes de Celestiales lo protegemos con nuestra magia para ocultar su don hasta que llegue a la edad marcada por su destino, momento en el cual Satanás ya no puede influenciarlo para que le ceda su habilidad innata. – ¿Y por qué no se compartió con los licántropos esta verdad? Pudimos ser de gran ayuda desde el inicio –pregunté a Amelia, ya que era la persona adecuada para contestarla. – Porque son demasiado impetuosos -dijo levantando los hombros. Killari trató de ocultar la risa que le provocó la respuesta de Amelia, pero fue peor porque el murmullo divertido que soltó lo sentí más embarazoso. Catalin abrió los ojos sorprendida de que mi Luna haya respondido utilizando ese adjetivo, ya que fue muy directa, cosa que no caracterizaba a la avergonzada Amelia de la que me prendí-. Espero que no me lo tomes a mal, Stefan, pero mi madre dedujo que, si los licántropos hubieran sabido sobre los vampiros por nacimiento y lo importante que eran para sus planes de convertir a los hijos de las tinieblas en un pueblo sobrenatural, hubieran secuestrado a cada recién nacido con tal de protegerlo de Satanás, y eso hubiera acabado con la finalidad de su plan: que los vampiros por elección convivan con los nacidos con alma para que cambien sus creencias y se alejen por voluntad propia de Satanás y sus demonios. Y el plan estaba dando buenos resultados, ya que había clanes en el noroeste de los Estados Unidos que ya habían dejado de alimentarse con la sangre de humanos, desterrando de sus prácticas la destrucción de pueblos cercanos a ellos. Es más, hasta se habían aliado a las manadas que se desarrollaban en esa zona para defenderse de la amenaza de otros clanes que iban contra ellos al verlos dejar las creencias que caracterizaban a esa sangrienta especie. – ¡Bah!, exageras, mi Luna –dije algo resentido por el calificativo, pero aceptando que tenía razón-. Sin embargo, la Madre Luna nos conoce bien y sabe cómo hubiéramos reaccionado. ¡Hubiéramos ido con todo nuestro poder bélico en contra de los planes de Satanás para proteger a esos pequeños bendecidos! –mencioné eufórico por la idea de salvar a aquellos indefensos del acoso del mal. Thomas gritó un «sí» de apoyo a mi idea porque al sentir mi emoción se alegró muchísimo al ver por primera vez a un alfa que expresara empatía por los vampiros, especie que de una u otra forma apreciaba por ser su predestinada parte de ella. Las tres hembras rieron con amplias carcajadas al comprobar con nuestra reacción que el calificativo de impetuosos calzaba bien con Thomas y conmigo. Y sí, no voy a negar que se nos hubiera hecho muy difícil mantener perfil bajo ante tamaña verdad. Cuando Amelia dejó su silla para rodear mi cintura con sus brazos y dejar un beso en mi barbilla, vi como Catalin acariciaba la barba de Thomas y dejaba cortos besos en su mejilla. Esa expresión de cariño trajo a mi mente la pregunta que formularía a continuación: «Thomas y Catalin, si se aman tanto, ¿por qué no concibieron crías?» Licántropo y vampira se miraron con tristeza; luego ella agachó la mirada, él acarició sus cabellos y dejó suaves besos de consuelo sobre su frente. Ellos, como cualquier pareja, siempre tuvieron la ilusión de tener crías, hijos que llenaran los ambientes del hogar con alegres risas y tiernos llantos que expresaran cómo crecían felices. Sin embargo, entendieron que, aunque sabían que no eran los personajes que describía la profecía de los vampiros, era mejor no procrear. – La guerra que sostuvimos por más de sesenta años se originó por la necesidad de los vampiros de recuperar a Catalin, no porque fuera su princesa y mejor guerrera, sino porque querían impedir que tengamos una cría. Ellos pensaban que éramos la vampira y el licántropo de su profecía. Con el paso del tiempo, y al ver que no tenemos hijos, ellos creen que no podemos concebir, por lo que dejaron de provocarnos. Ambos, como pareja, hemos decidido esperar a que se cumpla la profecía de los vampiros para procrear y tener nuestra familia. – Entonces, busquemos a esa pareja de predestinados. Creo que lo más apropiado es que los protejamos y ayudemos a que nazca la cría que romperá el pacto entre los hijos de las tinieblas y Satanás –dije entusiasmado con el propósito de ayudar a Thomas y Catalin. Killari y Amelia intercambiaron miradas y sonrieron. Pensé que era porque aprobaban lo que propuse. – Amor, ¿aún no te has dado cuenta de quiénes somos los protagonistas de esa profecía? –preguntó mi Luna, y yo me perdí analizando sus palabras. Los ojos casi se me salen de las órbitas cuando me percaté del uso de “somos” en su pregunta. – Amelia, ¡somos tú y yo! –su sonrisa cálida y juguetona me confirmó un rotundo sí-. Pero ¿no se supone que la vampira debe ser de nacimiento? Por algo esa profecía fue entregada cuando nació el primer vampiro. – Esa fue una jugada de mi madre, para despistar a Satanás y sus seguidores. No quería que sepan que vendría a La Tierra siendo humana y que me convertiría en vampira para controlar mi divinidad.
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