Capítulo 5

1629 Words
Pegué mi oreja a la puerta, en un intento por escuchar algo interesante. Misión fallida. Derrotada, volví a mi escritorio, el cual estaba justo afuera de la puerta de Mariano, y me concentré en organizar su agenda para la semana completa. Dado un minuto, el teléfono sonó, y cuando contesté, la voz de mi jefe sonó. -Tres cafés a la sala.- Cortó sin más. Dejé caer los hombros. ¿Por qué tenía la sensación de que mientras más intentara acercarme a él, él mas se alejaría? Recordé cuando era pequeña y mi padre me contaba que mi madre siempre decía que no había que rendirse. Era una mujer optimista. Y en honor a ella, es decir, en su memoria, tenía que luchar por Mariano. Además, era el hombre de mis sueños. Era el príncipe que cada princesa deseaba tener. Igual que la princesa Aurora, cuando soñaba con el príncipe Felipe. Eso pensaba mientras llevaba la bandeja con lo encargado hacia la sala de reuniones. Cuando abrí, dos de tres hombres me miraron. Obviamente el que no me miró, era el mismo que intentaba recuperar. ¿Por qué todo debía ser tan complicado? Además, ¿Por qué tenía que ser tan vergonzosa? Si mi vergüenza no existiera, hace bastante tiempo le hubiese dicho a Mariano lo que quería con toda la seguridad que supuestamente tendría y me evitaría todo esto. Toda esta lenta agonía de luchar por un hombre que no se dignaba a mirarme y prefería estar revisando el estado de las acciones de la empresa que llevaba a cargo. -Aquí sus cafés. -Hasta que los has traído.- Dijo sin levantar la vista de sus hojas.- Te has demorado una eternidad.- Se dignó a levantar la mirada, pero para observar a sus clientes.- Disculpenla, hoy está más distraída de lo normal.- Cuando sus ojos conectaron con los míos, no vi otra cosa que no fuera exasperación. ¿Pero qué sucedía? ¿Dónde estaba el hombre que me regalaba miradas discretas en las reuniones? Paciencia. Paciencia. Repetía como una oración en mi cabeza. Lo amaba. Tenia que contenerme si quería lograr mi propósito. Si quería recuperarlo. Serví los cafés en absoluto silencio. Cuando pasé por al lado del Sr. Acosta, me entregó una hoja perfectamente doblada. Aunque no quería admitir que algo suyo fuera perfecto. Aproveché que mi jefe conversaba con el otro accionista para alzar una delicada ceja y hacerle una pregunta implícita. ¿Qué se supone que sea esto? Él lo entendió y con sus labios, los mismos que yo había besado,  moduló 'Leelo afuera'. -¿Qué es eso, Alicia?- Mariano interrumpió nuestra casi conversación. ¿Acaso mi ex estaba celoso? Eso quería creer. Para al menos pensar que nada era en vano. -Ehh.... -Un recado.- Interrumpió Mario. Mariano levantó una ceja y me miró como si tuviera culpa de algo. El problema, es que sin haber echo lo más mínimo, me sentí culpable por haber recibido la nota esa. Trague saliva audiblemente y lo observé, esperando sus próximas palabras. -¿Te falta algo?- Extrañada negué con la cabeza. No dudaba que mis mejillas, mejor dicho mi rostro entero, estuviese en tonalidades rojas.- Entonces puedes retirarte. Miré de reojo al accionista que conocía y pude notar que miraba con reprobación a mi jefe. Me hubiese gustado hacer lo mismo, pero eso iba en contra de mi personalidad de señorita. Callar y acatar, decían mi tías cuando me intentaban educar a la par que mi padre. Porque mi padre no podía hacer de madre y padre, habían cosas que eran sólo de señoritas y hubiese sido incómodo que él estuviese al medio. Los tacones nuevos resonaron por el piso de cerámica y antes de siquiera llegar a mi puesto, desdoblé el papel. No quería admitir que estaba un poco alterada por la nota. Quería ver lo que decía, pero nada más. Mi sorpresa fue bastante desagradable cuando comprendí... Era la cuenta de la tintorería. ¿Acaso andaba con esa factura para todos lados y todos los días? No, y mejor aún. ¿No podía él, quien seguro ganaba millonadas mensualmente, hacerse cargo de pagar esa boleta? Me hubiese gustado decir que le dije ciertas palabras a Mario, pero de nuevo, hacer eso era ir en contra de todo lo que haría una señorita. Decidida a no rebajarme a seguir discutiendo por una cuenta, guardé el papel en el bolsillo de mi nueva tenida, esperando a que la reunión acabase. Treinta minutos después, vi a los tres hombres salir del salón de juntas y dirigirse hacia donde yo me encontraba. Por el rostro de Mariano, supe que todo había ido bien, es decir, habían invertido más en la empresa. Me alegré por él, quizás eso también afectaba su mal humor. Mario me miró y sonrió de medio lado. - Señor Acosta, ¿Le incomodaría acompañarme un segundo? Mariano interrumpió la respuesta del hombre. -Alicia, no seas impertinente, por favor. Mario no te acompañará a ningún lado. -De echo, si iré. Sonreí con falso encanto a Mario. Mariano me observó con recelo bailando en los ojos. Quise que la tierra me tragara. Quería que me mirara con todo el amor que yo le tenía, pero parecía que después de cortar conmigo, yo no era más que su insignificante secretaria. Y dolía, claro que dolía, después de todo fue un año de buenos momentos a su lado y millones de proyecciones de nuestro futuro juntos. Con la cabeza gacha me dirigí a la sala en donde ellos habían estado, seguida de él, por supuesto. Cerré a mis espaldas y tragándome mi vergüenza, lo encaré. -Señor Acosta, comprendo que le debo la suma que indica en el papel que me entregó, pero tengo que pedirle, por favor, que comprenda mi situación.- El susodicho me observaba con el rostro serio.- Soy secretaria. ¿Cuanto cree usted que gano mensualmente? No es mucho, si me permite decirle. -Comprendo su punto, pero de todas formas, esa deuda no desaparecerá. -Pero señor, considerando todos los puntos, no debería cancelar el costo de la tintorería, le recuerdo que fue en un contexto de fiesta. Nadie sabia nada del otro. Fue un accidente. Y no sabe lo avergonzada que me encuentro, pero no puedo pagar ese monto. Y en verdad no es que no quiera, es que no puedo.- Intenté olvidar que sólo el fin de semana pasado había gastado una suma considerable en maquillaje, vestimenta y accesorios para impresionar a mi ex novio. -Si, pero...- Su respuesta fue interrumpida por su móvil. Buscó en el bolsillo interno de su bestón, frunciendo el ceño al leer la pantalla para luego contestar.-Dime. No se escuchó la respuesta del remitente, sólo un murmullo. Su ceño siguió fruncido. -Deberías comprender que eso queda obsoleto... De ninguna manera... No. ¿Eso quiere la prensa?... Dile a Alex que mantenga sus manos alejadas de este asunto.- Mientras más hablaba, notaba como su cabreo iba en aumento. Su forma de hablar me hacia cavilar acerca de algo: nunca me gustaría ser su empleada. Era tosco para mandar, y su tono no daba lugar a dudas.- Que no. Que no insista, j***r. Intenté irme, para darle mayor intimidad, pero al ver mis intenciones, Mario me hizo una señal para que me quedara. -Espera un segundo.- Me dijo apartando el teléfono de su oreja. Luego volvió al habla.- ¿La prensa amarillista quiere eso? Eso tendrá. Colgó. Su mirada no me dio buena pinta. -¿Entonces qué? No puedo pagarle el traje. -Le tengo un trato. No puede negar que tiene una deuda conmigo.- No. Esto no pintaba muy bien.- Entonces... Y ya que no tiene el dinero para pagarme, le ofrezco otra alternativa... -¿De qué alternativa está hablando?- Pregunté interesada. Si había otra alternativa que no fuera pagar esa exorbitante suma de dinero por haber vomitado en su traje... Bienvenido sea. -Verá... Soy empresario. Tengo muchas fiestas, o mejor dicho, eventos sociales. Y la prensa amarillista me está involucrando con una mujer que no me agrada. -¿Involucrando?- Ya sabía por dónde iba esto, sólo quería darme un poco mas de tiempo para asimilarlo. La idea de una alternativa ya no me estaba gustando mucho que digamos. -Usted sabe. Creando especulaciones.- No. No sabía. Yo no era de su mundo. En mi vida no habían millones de focos intentando conseguir algún chisme de lo que hacía y con quién lo hacía. Aunque no es que hiciera muchas cosas después de todo. -¿Y... Qué debo hacer?- Otra vez, ganando tiempo además de corroborar. -Básicamente... Acompañarme a eventos sociales cada vez que se lo pida. Por poco suelto la carcajada. Sí, eso era lo que tenía en mente. -¿Está usted bien? ¿Cómo se le ocurre que lo voy a acompañar a semejantes cosas? ¡La prensa dejará de especular con ella y comenzará a hacerlo conmigo!- Obviamente no quería ser el centro de atención. -Es por eso que le digo. La otra mujer se aprovechaba de eso y vivía de la fama que yo tenía. En cambio usted, me debe algo. Dudo que sea capaz de algo semejante. -Yo no estaría tan segura.- Obviamente no lo haría. No me aprovecharía de algo así, pero era ideal que él pensara que si, para que se sacara tal absurdo de la cabeza. -Pues yo si.- Su rostro inexpresivo no daba ninguna pista de lo que sea que estuviera pensando. -Señor...- No es que quisiera hacerlo entrar en razón, pues parecía estar en todos sus cabales, sólo quería tiempo. Tiempo, tiempo y más tiempo. Ni sabía para qué. Quizás para retrasar lo inevitable. No lo sabía, sólo lo quería y ya. -La decisión está en sus manos. O me acompaña a eventos sociales en algunas ocasiones, o paga una suma bastante alta por lo que ocurrió en aquel bar. Si fuera una persona de decir palabrotas, ya hubiese dicho o al menos pensado algunas, pero ahora lo único que estaba en mi cerebro, era que había venido a conversar con él en busca de una alternativa. Y era precisamente eso lo que él me ofrecía. Aunque no era la mejor para mí, sí era una opción, y debía valorar eso. No aparté la mirada de sus impasibles ojos grises cuando le contesté. -Me lo pensaré. Pero incluso yo sabía que no tenía mucho que pensar. No tenía opciones. Era él o... Él.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD