Miré las marcas de mi cuello en el espejo... Tenía unos círculos rojos en la base de éste, y unas marcas en la clavícula. Pasé mis dedos por ahí justo cuando la puerta se abría a mis espaldas y dejaba al descubierto al causante de éstas. -Buenos días.- Lo saludé. Su mirada triste pasó de mis ojos a mi cuello. -No tienen nada de buenos. ¿Has pensado en lo que harás hoy?- Sus brazos se enroscaron a mi cintura. -Lo mismo que pensaba hacer hasta ayer. -Ya veo que no me crees.- Dijo con recriminación, sacando sus manos. ¿Recriminarme él a mi? ¿Cuándo se habían cambiado los roles? Se supone que yo debería estar molesta con él, que Mario ni siquiera debería estar aquí, y mucho menos debió haber pasado lo que pasó, pero bueno... después de todo... No podía hacerme la desentendida con lo que

