Oliver Escucho atento las indicaciones del médico mientras mueve la linterna de un ojo al otro. Me atravesó una bala en el pecho, pero ellos me revisan los ojos… Asiento varias veces y respondo con varios “sí”. Mi madre frunce el ceño y cruza los brazos. Sé que ha notado que no estoy prestando atención. Le sonrío de lado, y ella pone los ojos en blanco. —La herida está bien, Oliver, pero no puedes hacer esfuerzo y tienes que descansar. Así que solo puedes ir por un rato. —¿Podrán trasladarlo a su habitación? —Pregunta mi madre—. Lo conozco y no hará caso, pero tal vez así haga más reposo. El médico la mira y luego me observa a mí. Sé que está analizando sus palabras. Cada una de ellas es cierta: no me quedaría mucho tiempo aquí sabiendo que ella está en alguna parte del hospital. Y un

