Después de tres semanas de no querer acercarse al bar, al fin decide regresar con sus compañeros, esperando no pasar vergüenza de nuevo, como era costumbre, toma asiento en una de las sillas que le permiten ver hacia la barra.
—Parece que hoy no está —susurra para si misma al ver que solamente está el otro joven que sirve bebidas pero no ese de ojos cafés que tanto le atrae.
—Voy al baño —avisa al levantarse de la mesa para avanzar entre la multitud, pero justo antes de abrir la puerta del baño, choca con el pecho de alguien que justamente sale de la puerta de enfrente y parece no querer moverse para darle paso.
—Hace mucho que no te veía por aquí —inevitablemente levanta la mirada y su respiración se detiene al detallar el perfecto rostro dueño de la áspera voz.
—Heee si, no había venido —responde inhalando la fragancia que despide ese de ojos cafés.
El angosto pasillo que conduce al baño está vacío, excepto por ellos dos que continúan demasiado cerca el uno del otro.
—Tus ojos son grises —observa Damián y coloca un mechón de cabello suelto detrás de la oreja de Ana y se queda ahí, sosteniendo el suave cabello y rozando la oreja de ella.
—Si —consigue decir —. No me molestan los tatuajes, solo me pareció nostálgico— aclara delineando con su dedo índice las formas en el antebrazo que le acaricia el cabello.
—¿Por qué nostálgico? — pregunta él bajando la mano a la nuca de Ana.
—Transmite soledad —contesta sintiendo que ese tatuaje bien podría representar los mismos sentimientos que ella tiene pues a pesar de tener padres, siempre se ha sentido sola y con un vacío anhelando ser llenado.
Damián acaricia el cuello de Ana y ella inclina el rostro para que la caricia se extienda como si fuera un cachorro buscando atención. Él levanta su otra mano y la posa sobre la mejilla izquierda de ella. Anastasia lleva sus manos a la cintura de el y avanza el único paso que los separaba. Levanta el rostro y enseguida es besada, por primera vez, al fin recibe un beso, por supuesto, no es como lo había soñado, jamás pensó que sería en un pasillo que conduce al baño de un bar y mucho menos pensó que sería con un perfecto desconocido. Pero aquí estaba, moviendo los labios como si tuviera experiencia, como si fuera lo más natural entre ambos, enrolla sus brazos en el cuerpo de él y abre ligeramente la boca para que el beso se vuelva húmedo. Sin esperar, Damián introduce su lengua y aprieta su agarre abrazando la esbelta espalda de la joven que pareciera una experta recibiendo el beso y entregando también su propia lengua en una danza que les embota los sentidos. Después de lo que parecen horas, un pequeño gemido escapa de los labios de Ana activando un interruptor en el deseo de Damián, sin dejar de besarla, abre la puerta de donde había salido y la conduce hacia dentro de la pequeña oficina, cierra la puerta con la punta del pie y se mueve hacia el único sillón en la habitación, se sienta y ella hace lo mismo a horcajadas sobre él.
POV Damián
Justo la encuentro aquí, la mujer a la que no he podido sacar de mi mente, a la que espero cada noche para verla bailar y sonreír, al fin la vuelvo a ver y esta a tan solo un paso de mi.
—Hace mucho que no te veía por aquí —le hablo cuando choca contra mi y se separa para seguir avanzando.
—Heee si, no había venido —responde nerviosa.
—Tus ojos son grises —detallo apreciando la belleza de sus ojos mientras coloco un mechón de cabello detras de su oreja y dejo que mi mano se quede ahí, acariciando el cabello y la piel de su oreja.
—Si, no me molestan los tatuajes, solo me pareció nostálgico— aclara delineando con su dedo índice las formas en mi antebrazo.
—¿Por qué nostálgico? — pregunto bajando la mano a su nuca sin saber que esperar en su respuesta.
—Transmite soledad —responde y es increíble lo que me hace sentir, cuando aclara que mi tatuaje no le molesta, instantáneamente quisiera abrazarla, llegué a pensar que era la típica niña engreída que rechaza a las personas con tatuajes, ahora me doy cuenta que su ceño fruncido aquel día se debía a que le parece nostálgico mi tatuaje, su dedo delinea la tinta en mi piel produciendo en mi un extraño hormigueo. Llevo mi mano hacia su mejilla y ella las suyas a mi cintura, levanta el rostro y es más de lo que esperaba, es más que una invitación para besarla.
Es el beso más largo que jamás había dado, podría seguir haciéndolo pero ese gemido suyo que siento en mis labios me hace querer más, la llevo conmigo a la oficina y me siento para que ella esté sobre mi.
Sus brazos se aferran a mi cuello y los míos a su cintura para sostenerla y pegarla más a mi cuerpo, su simple vestido se acomoda a sus muslos sin permitirme tener una mayor vista así que me ayudo con una mano y subo la tela lentamente para sentir esa piel tersa.
Acaricio y aprieto con las yemas de mis dedos, ella me sigue besando y sin intenciones de quedarse atrás, introduce ambas manos debajo de mi playera y toca mi piel de una manera inexplicable, sus manos son suaves pero sus dedos se aferran a mi piel con fuerza.
—Damián —me separó algunos centímetros para poder decirle mi nombre, aunque debo aclararlo al ver su mirada desconcertada—. Damián, ese es mi nombre.
—Damián —susurra como si saboreara cada letra en sus labios y esa es una maldita señal para hacer con ella lo que he hecho cientos de veces en este mismo sillón. No tengo ni que cerciorarme si esta lista, la mancha sobre mi pantalón me lo confirma, está bastante mojada, dejo de jugar, tomo su ropa interior con una mano y la corro a un lado, su coño se derrite sobre mi, con la otra mano bajo mi cierre y saco mi pene que esta igual de listo que ella, se separa de mi boca y observa mi estaca punteando su entrada, gime y se restriega, me toma de los hombros y comienza a masturbarse restregandose contra mi dura polla, me la pone todavía más dura, siento que podría explotar ahora mismo, apenas pasan unos segundos más y su respiración se vuelve errática, gime más fuerte, arquea la espalda y tiembla por el orgasmo, sus líquidos chorrean sobre mi haciéndome bramar y apretarla a mi.
Si no la penetro en este instante temo que me derramaré sin si quiera adentrarme, así que aprovecho que se arquea hacia atrás dándose placer subiendo y bajando, tomo mi falo con una mano y lo ensarto hasta el fondo.