— Sé que estás pasando por una circunstancia realmente difícil, pero espero que puedas sentirte cómoda aquí conmigo. — Fioré acomodó sus maletas en una pequeña habitación en su departamento, el cual era en la segunda planta del lugar donde trabajaba. — Sí, gracias. — Musitó casi de manera inaudible. Fioré puso su mano en el hombro de ella. — Ya verás cómo las cosas mejorarán pronto, sé que justo ahora parece difícil pero ella siempre estará en tu corazón, y en el mío también. Pocos días habían pasado desde el momento del velorio de Nana Rose, Sabine no quería regresar a aquella casa enorme donde ya no la vería darle los buenos días ni prepararle galleta a los niños huérfanos, aquella casa que también se convirtió en el infierno viviente desde que fue usada como base para cometer un del

