Era otra noche en la que llegaba a casa gracias a la ayuda de Allen, quien le había dado un aventón y ya se le había estado haciendo costumbre, durante todo el día Sabine había tenido una sensación extraña, como si se tratara del presentimiento de que algo mal sucedería en cualquier momento, no podía quedarse tranquila. Las personas a su alrededor actuaban extraño, su jefe Fioré también había estado manteniendo cierta distancia desde el momento en que Sabine rechazó ir en su auto gracias a que Allen la llevaría a casa. Quería pensar en que solo se trataban de vagas suposiciones y que todo estaba en su cabeza, pero tenía miedo de averiguar si de verdad era así. — Has estado inusualmente callada, tú nunca te callas ¿Te ocurre algo? — Preguntó Allen en cuanto ella se bajó de la motocicleta

