Todos estaban reunidos alrededor de una mesa circular— A mí no me parece la gran cosa. — Dijo Violett.
Nía hizo un puchero — Hubiera preferido a Daniel V.
— ¿El cantante?
— Él me regaló a Gato cuando hizo su oferta para que le diéramos la invitación. — Nía señaló a su mascota descansando sobre el sillón— Me gustaba más cuando las celebridades ofrecían dinero y cosas bonitas para que los invitáramos.
En eso todos estuvieron de acuerdo.
— No sé en qué pensaba hermano mayor cuando decidió seguirle la corriente a Allen en plena etapa moralista. — Ahora el que bufaba era Harry, todos se dejaron caer perezosamente en el sillón. — Seguramente esa chica ni siquiera es buena.
— ¿Es buena o está buena?
— Cierra la puta boca, Gibran.
— ¿Crees que haya un motivo oculto para que hermano mayor haya decidido hacerle caso a Allen? — La pregunta de Violett dejó a todos pensando. — Siento algo de miedo, hermano mayor es muy cuidadoso con su trabajo. . . ¿Qué tal si Allen en realidad…?
— ¿Qué tal si ALLEN en realidad QUÉ? — El recién aludido los sorprendió a todos llegándoles por la espalda. — ¿Qué sucede? ¿Ya no vas a seguir hablando? Estoy muy interesado en escuchar de qué me van a acusar esta vez.
Que molesto era cuando llegaba para arruinar el ambiente. — Nadie te está acusando de nada ¿Quieres calmarte un poco?
Allen ignoró las palabras secas de Gibran, frotándose la cien con los dedos, claramente estaba disgustado. — Si no fueran ustedes ya los habría…
— ¿Ya nos habrías qué? — Víctor se puso de pie para enfrentarlo. — Cuidado con lo que dices, Allen. Tenemos más derecho que tú de estar aquí. Que hermano mayor te favorezca no lo cambiará.
— Él no me favorece.
Los demás echaron una carcajada.
— Por favor, siempre estás en su radar. ¿Alguna vez escucha lo que nosotros tenemos para decir? No, si no es Allen entonces no tiene importancia.
— Él es el único que me escucha en esta casa.
— ¿Crees que lo hace porque quiere? Es su deber — Nía estaba jugando con Gato, era la única que cuando hablaba no miraba a Allen. — Hermano mayor es cruel y traicionero, pero de algún modo hace lo que Allen dice para mantenerlo con la guardia baja.
— Agradeceré que no hablen mal de él en mi presencia, si no fuera por él yo…
— ‘’Habría muerto en aquella ocasión’’
Repitieron todos al unísono, cansados de escuchar aquella historia tan aburrida.
Otra desaparición.
Sabine y Nana Rose miraban el caso en la televisión, un joven fue extraviado recientemente y todavía las autoridades no dieron con su paradero. Ni de él, ni de ninguna de las personas que desaparecieron los últimos meses.
— Es como si la tierra se los tragara, ninguna víctima tiene algo en común con la otra. Ni siquiera el punto de encuentro, es simplemente… Extraño.
Nana Rose solo se puso de pie para cerrar con seguro las ventanas y las cortinas junto con ellas. — Cada vez son más las personas desaparecidas, ahora que estamos en fechas de la luna roja parece como si esa cantidad aumentara el triple. — Se acomodó su sweater. — Ya apaga esa televisión, todo lo que hace es decir cosas malas.
No muy convencida tuvo que hacerle caso.
Era preocupante no saber por qué ocurrían ese tipo de cosas en aquella pequeña ciudad, Nana aún vivía con el miedo de dejar a Sabine sola en la calle y que no regresara a casa al igual que su hija. Por eso Sabine no tenía el valor para enfrentarse a ella y decirle que fue invitada. Y que definitivamente iba a asistir.
— ¿No puedes quedarte?
— Sabes que no puedo, alguien debe ser el sustento y tú ya estás muy enferma para salir a trabajar. Prometo llegar sana y salva ¿Sí?
Nana no estaba muy convencida, y lo peor era que ella tampoco estaba segura de poder cumplir con su promesa.
La noche estaba helada, el solitario camino que Sabine debía recorrer para llegar al trabajo se encontraba desolado. Cada vez que se acercaba la temporada de la selección los habitantes de la ciudad se escondían en sus casas para evitar ser secuestrados por la presunta horda de mafiosos que tenía bajo control a la ciudad a base del pánico y la impotencia. ¿Qué le podría pasar a ella? Llevaba tres años cruzando la misma calle, atravesando las mismas veredas y evitando al vagabundo tirado en medio de la acera porque le daba miedo. Todo para llegar a su trabajo nocturno, el único donde podía estar segura de que nadie descubriría quién era o dónde estudiaba.
— Llegas tarde, Fioré ha estado preguntando por ti desde hace media hora. — Apenas colgó su abrigo en el perchero una de sus compañeras, Gretta específicamente, la morena de cabellos rulos le dio la bienvenida sin apartar su mirada del espejo mientras delineaba sus grandes ojos.
— ¿De verdad? ¿Qué ha dicho?
— Nada, solo que debías ir a su oficina cuanto antes.
Eso le pareció bastante extraño, pero tuvo que abstenerse de hacer algún comentario impertinente y simplemente ir a verlo.
Fioré era como el crush que cualquier mujer con buenos gustos pudiera tener, alto, guapo, muy educado y siempre tenía un aroma fantástico junto a él. A Pesar de que casi le triplicaba la edad ni siquiera lo aparentaba, y a veces no podía evitar preguntarse cómo era que un hombre como él podía dirigir un club nocturno.
Pero Sabine solo limpia mesas, de vez en cuando vendía cigarrillos y ofrecía tragos o atendía en la caja registradora de vez en cuando, pero definitivamente nunca se había subido al escenario a bailar igual que sus compañeras.
Y eso por ser menor de edad.
Tocó la puerta antes de entrar, él estaba como siempre en su asiento frente a un escritorio leyendo documentos. A simple vista era como ver a un hombre de negocios realmente ocupado.
Pero siempre hay un pero.
— ¡Al fin llegas! ¿Sabes qué hice mis anteojos? No puedo ver nada.
— Están en su cabeza.
Solamente era pura fachada.
Fioré era probablemente la persona más despistada que podría haber pisado la tierra jamás, constantemente dependía de las atenciones de Sabine para poder sobrevivir. Y todo comenzó cuando ella era una niña y él, mientras la cuidaba se hizo múltiples cortes con hojas de papel cuando quiso leerle un cuento para dormir.
Sí, era amigo de la familia. Se conocen desde que Sabine tiene memoria, le gustaba escuchar las historias de Fioré sobre sus padres y lo bien que se llevaban, mirar los álbumes de fotos donde aparecían los tres y en unas muy pocas estaba ella como una bebé.
Antes de que un accidente misterioso los dejara sin vida.
— ¿Por qué tienes tantos papeles sobre tu escritorio?
Él nunca la dejaba leer nada de lo que tenía, por eso a veces ese estilo de preguntas mataban el ambiente.
— Nada importante.
Siempre se limitaba a ese estilo de respuestas.
— Bien, entonces ahora que has encontrado tus anteojos voy a cambiarme por mi uniforme.
Nada interesante pasó durante su jornada de trabajo, inclusive le parecía un poco raro que el lugar estuviera casi vacío. Menos mesas que limpiar, probablemente.
Casi se quedaba dormida, aquello que la despertó fue su jefe saliendo de la oficina hecho una furia y azotando puertas. — Cierra temprano y vete a casa, desaloja a todos. — Le lanzó las llaves del establecimiento.
— Últimamente está actuando así muy seguido. — El cigarro que Gretta encendió frente a sus narices le incomodó, ella sostenía una conversación con otras compañeras. — Fioré ni siquiera se despidió de mí.
— ¿No te ha rechazado incontables veces ya? ¿Por qué insistes tanto?
— ¿Estás bromeando? ¡Es todo un papucho! Hasta los momentos no lo he visto saliendo con nadie, aún tengo oportunidad.
Ella solamente escuchaba sentada en la parada del bús, ninguna de ellas la incluía en la conversación.
— A la única persona que lo he visto rondando es a esa flacucha de preparatoria.
¿Acaso era tan invisible que ya se habían olvidado de que ella también estaba ahí?
Hubiera sido mejor caminar de regreso a casa.