El ambiente se volvió tenso, ambos ya habían releído la carta cientos de veces, el sello de la familia estaba impreso ahí, una firma invaluable y el comprobante de que no se trataba de una broma.
— ¿Qué? No puedes ser elegida. Debe ser alguna clase de broma. — Mencionó Dorian, presa del pánico.
— ¿Disculpa? ¿Por qué no podría ser elegida, según tú?
— Vamos, siempre escuchamos sobre celebridades y tú eres… Lo opuesto a una celebridad.
Ofendida, Sabine recogió su libro. — Que buen amigo tengo, gracias por todo tu apoyo.
Del coraje que repentinamente se le atoró ni siquiera quiso quedarse para escuchar lo que tenía que decirle, Dorian sabía cuánto deseaba asistir a esa fiesta desde que era una niña y cumplir sus sueños ¿Qué tal si causaba una buena impresión y decidían acogerla para siempre?
No era como si fuera a pasar, pero prefería no perder la esperanza.
La primera locura que le ocurrió tras recibirla fue cuando aún tenía la carta en las manos y un desconocido la interceptó, empujándola contra su voluntad para encerrarse ambos dentro de un armario de limpieza. El corazón se le iba a salir por la boca, aquel sujeto le cubrió la misma con sus grandes manos, casi no podía verlo. Escasamente conseguía divisar pequeños puntos en sus mejillas, lucía bastante serio mirando que nadie se hubiese fijado en cómo la arrastró hasta allí.
— ¡¿Estás demente?!
— ¿Disculpa? — Le mordió la mano, solo así consiguió que la soltara— ¿Qué clase de acosador llama demente a su víctima luego de encerrarla en el putrefacto armario de limpieza del conserje que escupe en el suelo antes de limpiar?
Su mirada de cachorro regañado no consiguió hacerla bajar el ceño fruncido. — ¡Necesitaba hacerlo, pueda que estés en peligro!
¿Qué clase de estupideces estaba soltando ahora?
— ¿Por qué estaría en peligro? Creo que te has equivocado de persona.
— Dame esa invitación.
— ¿Qué? ¡No!
— ¡Dámela ahora, Sabine! — Consiguió zafar la mano cuando él trató de arrebatársela — ¡Solo es una desgracia, tienes que hacerme caso!
— ¡¿Cómo puedo hacerle caso al demente que me encerró?!
— Debes rechazarla lo antes posible o de lo contrario tendrás que ir ¡¿Qué no lo entiendes?!
— No, el que no lo entiende eres tú. Se supone que si no lo rechazo es porque voy a ir.
— ¡No estás comprendiendo, niña necia! — Una pequeña lucha surgida justo cuando aprovechó un momento de distracción para escapar la llevó a golpearse la espalda contra unas viejas repisas de madera durante el forcejeo, haciendo que varios productos cayeran encima de ellos. Sabine, quien era la que estaba debajo de ellos tuvo la difícil tarea de decidir entre usar los brazos para protegerse o seguirse aferrando a la carta.
Lo perdió de vista cuando una botella la golpeó en la cara.
Como pudo salió corriendo de ahí, no le importaban los golpes que llevó. Suerte que aquel idiota no se aprovechó de la diferencia entre complexiones para golpearla y dejarla ahí tirada, de lo contrario se las habría visto muchísimo peor.
Solo corría por los pasillos agitada, no sabía por dónde se pudo haber marchado con su invitación y necesitaba recuperarla.
Luego de tanto correr lo vio escasamente en una conversación aparentemente normal con Allen en la que él tenía la invitación, ambos tenían un rostro serio. Sin embargo, aquel chico dictó su sentencia en el momento en que decidió lanzar el primer golpe.
Allen no retrocedió, lo arrastró fácilmente contra el piso y lo dejó ahí agonizando. Sabine sintió pánico, como si hubiera visto algo que no debía. Lo peor de todo es que bastó una simple llamada para que otro saliera en el lugar de los hechos y Allen se marchara como si nada.
— ¿Piensas estar ahí fisgoneando todo el día?
Él la descubrió.
— N-no, es que… Él se llevó mi — ¿Por qué las palabras no le salen de la boca? Miró la invitación en las manos de Allen.
Que dijera eso fue la cereza que coronó el pastel, bruscamente giró la cabeza hacia ella. Como si acabase de ver un fantasma. — ¿Tuya?
Sabine asintió, internamente rogaba que Allen no decidiera desinvitarla ahí mismo por ser tan descuidada. — ¿Me la regresas?
Pero nada del otro mundo pasó, sin decir nada le regresó la invitación. — Si no tienes cuidado este tipo de incidentes te ocurrirán a menudo y no voy a estar allí para ayudarte, esta vez fue solo por coincidencia. Será mejor que dejes de lucirla tontamente.
— ¡Y-yo no la estaba luciendo!
Muy tarde, ni siquiera la estaba escuchando.
— Eso fue solo el principio, Sabine ¿Acaso eres tan tonta que no puedes darte cuenta? ¡Mírate! ¿Crees que si se tratara de una fiesta normal habrías terminado de esa manera? — Se quejó por la mana manera en que Dorian le pegaba las venditas. — Nadie sabe qué es lo que sucede una vez entras, yo creo que ellos desparecen a las personas para asesinarlas y quién sabe cuántas cosas horribles más.
— Esos son cuentos de ancianas, Dorian. Deja de repetir y piensa por ti mismo — Su mejor amigo se mostró reacio a cambiar de actitud. — Allen todos los años está ahí, ¿No crees que ya le hubiera pasado algo? Lo que me pasó ahora es porque no todos tienen el privilegio de poder asistir y la envidia los corrompe internamente.
— Eso ni siquiera tiene sentido.
— ¿Y crees que asesinarlas en su patio sí? Muchos policías han investigado y no hay nada fuera de lo común allí.
— ¿Puedes decirme entonces por qué nadie sabe lo que ocurre dentro?
— ¿Acaso querrías contarle tu secreto a todo mundo? ¿Qué tal si solo son celebridades que quieren descansar sin ser acosados por demás personas molestas y ser tratados como gente normal? ¿Por qué no piensas eso en vez de idear tus teorías conspirativas absurdas? Si tanto quieres saber lo que ocurrirá entonces yo misma te lo contaré, porque ten por seguro de que saldré de ahí en una pieza.
— Puedes salir en una pieza sin necesidad de seguir con vida. — La sujetó de los hombros, buscando una manera de que ella lo mirara a los ojos. — Sabine, por favor prométeme que no irás allí. Por favor, si te sucede algo no sé qué voy a hacer, enloqueceré.
— Deja de ser tan exagerado, ¿No quieres ver a tu mejor amiga cumplir su sueño?
— ¡No quiero ver a mi mejor amiga en los carteles de ‘’Se busca’’!
— Ten un poco más de fe en mí, no soy tan tonta como para terminar igual que. . . — Quiso recoger sus palabras en seguida. — N-no es eso lo que quise decir, Dorian. Yo…
Él la soltó de repente, en su mirada podía notar el dolor de una vieja herida siendo abierta de la manera más cruel posible— Déjalo, sí, probablemente ella fue una tonta y estoy seguro de que lo serás también, no importa lo mucho que me esfuerce, tú tampoco vas a escucharme.
Y solo le tocó ver a su amigo dándole la espalda para marcharse y dejarla comiendo sola, aunque a esas alturas ya ni siquiera tenía hambre.
Todas las miradas se concentraron en el umbral de la entrada a la sala cuando el sonido de alguien azotando la enorme puerta de entrada se hizo presente — La bestia salvaje y apestosa regresó de la escuela. — Gibran estaba ojeando un libro en la sala, lugar donde todos estaban reunidos. — ¿A quién de nosotros le toca ahora escuchar sus molestas quejas sin sentido?
— Le toca a Violett. — Nía se cubrió los oídos.
Violett no aceptó — Olvídalo, la última vez quería arrojarlo por la ventana del último piso.
— ¿Jugamos piedra papel o tijeras? El perdedor sale a recibirlo. — Propuso Víctor, quien estaba sentado junto a su hermano Harry.
Pero Allen llegó a donde estaban reunidos antes de que Víctor y Harry pudieran echarse el volado.
— Me dijeron que no elegirían a alguien dentro de mi círculo social. — Ya estaban tan acostumbrados al comportamiento alterado y gruñón de Allen que nadie hacía ningún tipo de esfuerzo en que dejara de azotar cosas. — ¡¿Cómo se les ocurre escoger a alguien de mi misma escuela?!
Violett levantó la mirada del color uva en sus uñas solo para mirarlo. — ¿Esa tal Sabine está dentro de tu círculo social? Qué pena, eso no es nuestro asunto.
— Solo tenían una misión, UNA. Ningún elegido puede ser cercano a mí ni conocerme ¡¿Y escogen a una inadaptada con quien comparto clases?! ¡¿Qué tan inútiles pueden ser?!
— Hermano mayor se va a enojar si te escucha. — Nía abrazaba a Gato, su conejo.
Para hacerse notar, Harry carraspeó la garganta. — Si mal no recuerdo fuiste tú quien molestó para que se hicieran elecciones justas, el resultado de tus elecciones justas fue una de tus compañeras de clase. ¿No puedes con eso? ¿Qué quieres ahora, que volvamos a aceptar sobornos para entregar invitaciones?
— ¡No puede ser nadie de mi escuela!
— Hey, Violett ¿Acaso dice eso por lo de la vez pasada? — Todos prestaron atención a la delicada voz de Nía. — Sobre que es ‘’Ella’’.
Los demás se echaron a reír. — ¿Sigues con esa tontería? — Allen apartó la mano de Gibran que se apoyó en su hombro. — Contrólate, Allen. María Verónica murió hace diecisiete años.