Capítulo uno

934 Words
Hacía mucho tiempo atrás los fundadores de la ciudad hicieron una gran celebración como premio de su arduo trabajo construyéndola, una fiesta tan grande y prestigiosa que solo una cierta cantidad de invitados tenían el honor de participar en ella. Se llamó Escarlata, porque siempre coincidía con la luna roja en su máximo esplendor, fenómeno ocurrido una vez al año. Todos los invitados usaban única y exclusivamente aquel tono de color rojo en sus elegantes ropas finas. Sin embargo, nadie nunca antes había contado lo que ocurría dentro de las paredes en la Fiesta Escarlata. Se rumoreaba que había artistas en vivo, otros creían que quienes iban se les concedía su más grande deseo al pedírselo directamente a la luna roja y, una muy escasa cantidad de personas, dejaban su imaginación a rienda suelta y creían que quienes entraban allí no volvían a salir. Leyendas de abuelas y madres para asustar a los niños de mal comportamiento. Aunque en la actualidad aquellas ideas habían cambiado drásticamente. La fecha de la selección había llegado, la familia anfitriona de esa generación ya había anunciado los preparativos para su ceremonia y emocionado al pueblo con el mensaje de que cualquiera podría ser invitado, todos ansiaban recibir la carta donde admitirían su ingreso a la más grande celebración de probablemente todo el mundo, era el tema de conversación número uno en todos lados. Sabine siempre admiró la fiesta desde la ventana en casa de Nana, la mujer que la crió. Le gustaba observar con detalle los hermosos vestidos rojos y la belleza extranjera de los invitados, incluyendo los anfitriones, quienes parecían sacados de algún cuento de hadas extraordinario. — Nana Rose ¿Crees que algún día me inviten a la fiesta Escarlata? Quisiera ser yo también una princesa. — Pero Nana no la miraba usar su tiara de papel maché hecha por ella misma, seguía admirando la ventana con tristeza. —  Nana ¡Nana! — Oh ¿Tienes hambre cielito? — No tengo hambre, ¿Estás esperando a Rosita? Rosita, la única hija de su Nana quien de la noche a la mañana dio un salto a la fama por recibir una invitación a la fiesta, que sería esa misma noche de tormenta. — Rosita va a estar bien, esta fiesta será su oportunidad de que la descubran como talento, quisiera que tenga suerte. Ella es tan tímida que me preocupa que no se atreva a hablarle a alguien. Nana Rose. — Ella regresó a mirarla. — ¿Crees que algún día yo reciba una invitación y cumpliré mis sueños? — Sabine es una niña muy linda e inteligente, no necesita de una invitación a una boba fiesta para que cumplas tus sueños. ¿Qué te parece si le preparamos algo de comer a Rosita para cuando vuelva? Sonrió, aunque todo en lo que pudo ayudar fue en comer los pastelillos encima del mostrador mientras Nana Rose preparaba la cena para su hija. Para su hija que nunca más regresó a casa. Un adulto extraño la tomaba de la mano mientras Nana Rose lloraba a gritos sobre la lápida de su hija, pocos meses después de su desaparición fue encontrada con harapos gritando incoherencias, para luego caer al río y morir ahogada. Sabine tenía miedo de mirar, solo ocultó su pequeño rostro al voltearse. — Creo que será mejor si te llevo a otro lado, pequeña. — Dijo aquel hombre de manera cálida. — Este no es un lugar donde una niña pequeña deba estar. A Sabine le gustó su cabello peinado hacia atrás y ropa elegante, probablemente Fioré fue su primer amigo en el mundo y la persona en quien se apoyaría para salir adelante. Y hablando de amigos… — ¿De nuevo trabajaste hasta tarde? — Dorian y su chispa de alegría eran demasiado brillantes para ella un lunes por la mañana, asintió con cierta flojera en un bostezo, ambos se dirigían a sus casilleros uno junto al otro, así fue como se conocieron. — Deberías decirle a ese bribón que deje de explotarte tanto, vas a quedar pelona y vas a verte fea. — Fioré no es un bribón ni tampoco me explota, él ha hecho mucho por mí y fue muy amable en darme trabajo, hace demasiado con dejarme trabajar siendo menor de edad. Soy yo quien no quiere mantenerse sin hacer nada, me es imposible solo sentarme ahí y recibir paga. — ¿No es ese un trabajo de ensueño? — Para ti tal vez. — Metió la llave en el candado, a punto de abrir el casillero al mismo tiempo que su amigo. — Pero es incómodo que el resto de los trabajadores hagan más que yo y cobremos igual ¿No? — Nunca voy a entender tu manera de pensar. — Lo harás cuando dejes de creer que Santa y el hombre araña son los mismos. — Respondió en un suspiro. — Oye, algo se cayó de tu… — Un sobre cayó del casillero de Sabine cuando lo abrió y Dorian lo levantó del suelo. — Espera, ¿En qué fecha estamos? — Julio 22 — Sabine ¿No crees que tenga algo que ver con…Eso? — Para nada, ¿Cómo podrían interesarse en mí? — Miró el sobre con un sello peculiar. — Seguramente es otra advertencia de Tiffany para que le devuelva su plumón rosa chicle neón, ya van tres en el día ¿Acaso no quiere entender que ya es mío? Que se aguante otro rato más. —Pero cuando la abrió. — Dorian, este mensaje no es de Tiffany mentándome mis antepasados. Su mejor amigo en seguida le quitó la carta para leerla. — ‘’Felicidades, usted ha sido invitado a la celebración más grande del mundo. ¿Desea confirmar su asistencia?’’ — No puede ser. — Sintió escalofríos. — Me eligieron. Y de repente todas las miradas se concentraron en ella.
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