Había pasado toda la mañana divagando, el rostro de Allen volvía a ella, diciendo cosas que no podía comprender, cada vez que pensaba en que se movió hacia el bosque para encontrar a Mónica, pero eso era imposible, porque Allen nunca estuvo con ella en primer lugar.
¿Entonces por qué su cabeza insistía tanto en ponerlo ahí, donde obviamente no pertenecía?
— ¿Cómo es eso de que te encontraron tirada como a un animal muerto a la orilla de la calle, Sabine? — Dorian a veces era realmente adorable cuando se preocupaba por ella, sin embargo en ocasiones podía llegar a ser bastante molesto, como en esa ocasión en que cerró su casillero de un portazo. — ¿Qué era lo que estabas haciendo para terminar así?
— No empieces, Dorian. — Se quejó, rodando los ojos. — Mónica, la niña del orfanato a la que has visto con tus propios ojos por alguna razón empezó a llorar y corrió hacia el bosque ¿Cómo quieres que la hubiera dejado así?
— ¿Entraste al bosque?
— No fui muy lejos hasta donde lo recuerdo, solo puedo imaginarme entrando y encontrándola, luego no sé qué más ocurrió. — Sabine suspiró con algo de pesar, cada vez que intentaba hacer memoria la cabeza le empezaba a dar vueltas hasta que un dolor agonizante la distraía de pensar en lo que había sucedido. — Pero ese es un lugar muy extraño, Dorian, yo estoy completamente segura de que había alguien más conmigo.
Dorian alzó una ceja, acercándose más hacia ella. — ¿Puedes recordar su rostro o quién era?
— La imagen de Allen es lo único que viene a mi cabeza, pero cada vez que intento ponerlo en la escena dentro del bosque la imagen termina desvaneciéndose. — Explicó. — Y es muy extraño porque Allen y yo no nos hemos vuelto a ver desde que su hermana me invitó personalmente a la fiesta.
— ¿Estás completamente segura de eso? — Sabine asintió con firmeza. — En ese caso habrá que tener un ojo encima de él, Sabine, es muy importante que recuerdes lo que sucedió ese día ¿Si? Tal vez nos sea de ayuda para evitar futuras posibles catástrofes.
Mientras Dorian hablaba tan descuidadamente como siempre no pudo evitar sentir escalofríos recorriéndole por la espalda, al parecer su compañero también fue capaz de darse cuenta de ello debido a que se silenció.
Sin embargo poco tiempo después descubrió el verdadero motivo de su silencio repentino.
Allen y su séquito de perros atravesaron los pasillos de la escuela como si fueran dioses, haciendo que todos a sus alrededores se hicieran a un lado solo para permitirles el paso a ellos, a Sabine semejante barbaridad le pareció insólita. Sin embargo se abstuvo de hacer comentarios impertinentes cuando recibió una mirada intensa por parte de Allen, que la obligó a hacer lo mismo que todos los demás: Apartarse.
Sus miradas se cruzaron cuando Sabine alzó la cabeza, como si el tiempo se detuviera o avanzara en cámara lenta en ese preciso instante él no dejó de mirarla en ningún momento, pero en lugar de decirle algo simplemente continuó con su camino y la ignoró.
— ¿Qué fue eso, Sabine? — Dorian la tomó de los hombros cuando preguntó.
— ¿Qué cosa?
— ¿Cómo que ‘’Qué cosa’’? ¡No dejaron de mirarse durante más de veinte segundos!
— No seas exagerado, Dorian. Apenas y fue durante un par de momentos. — Sabine recogió sus libros. — Sea como fuera la situación no se repetirá otra vez.
Por alguna razón no era capaz de creer en sus propias palabras.
La simple idea de tratar de ser cercano a Allen era completamente imposible, él ya tenía un grupo designado que debía permanecer a su lado de manera exclusiva. Personas de Élite, niños nacidos con una cuchara de oro en la boca y con quienes no desearías enredar tus problemas.
— ¡Ustedes son unos hijos de puta! — Uno de los alumnos vaciando los restos de un cesto de basura en la mesa de Allen y sus compañeros se convirtió en el centro de atención en cuestión de segundos. — Se creen que por lucir sus malditos autos del año y ropa fina son los dueños de la escuela y todo el mundo, pero no es así ¡¿Me oyen?!
— ¿De quién se trata esta vez? — Preguntó Sabine mientras mordía una manzana.
— Miguel, uno de segundo. — Contestó Dorian. — Es un idiota sin escrúpulos.
— Solo otro perro más que ladra sin morder ¿Acaso no se da cuenta de que es como una piedra a la orilla del camino esperando ser pateada? — Masculló Sabine con fastidio. — Si tu enemigo es demasiado fuerte solo tienes que aprender a sobrevivir con él y mantener la cabeza gacha hasta que te gradúes, todos saben eso.
No era la primera vez que alguien buscaba problemas contra Allen y su equipo de marionetas cuyos nombres nadie más sabía, muchas personas no soportaban el odio y los celos hacia ellos y terminaban explotando, por supuesto, ninguno de ellos terminaba siendo vencedor.
— ¿Ya empezarás a hablar? Hasta ahora solo han salido tonterías de tu boca. — Allen fue el primero en ponerse de pie, limpiándose las manos con un pañuelo aunque no había sido tocado por la basura. — Aunque es comprensible que eso es todo lo que puedas decir en base a tu escaso intelecto, crees que te verás como un héroe cuando más de la mitad de los presentes te miran como a un idiota.
Miguel empuñó las manos. — ¡No me importa! — Gruñó— Todos ellos son solo una bola de gatos falderos, pero a mí en absoluto me interesa obtener su atención. Estoy harto de que sean tratados como los mejores cuando no le llegan ni a los pies a un moribundo callejero ¡Solo porque tuvieron la suerte de nacer en cuna de oro no los hace mejor que nadie! ¡¿Lo entienden?!
— ¿Dorian? — Le llamó Sabine.
— Sí, definitivamente está ardiendo en celos. — Contestó él, como si le hubiera leído la memoria. — Escuché que su familia tiene una situación económica bastante inestable para variar. No es la primera vez que se mete con alguien solo porque tiene dinero.
— Es muy lamentable de ver.
Pero si alguien tenía el atrevimiento de salir en su defensa terminaría siendo la burla de todo el colegio, ni siquiera los directivos.
Porque Allen de verdad era el rey de la escuela.
— ¿Alguien con ese peinado y esa ropa se atreve a decirme lo que debo hacer? Qué miedo, creo que siento ganas de llorar. — Dijo con burla. Tirando del cuello de la camisa de Miguel — ¿Sabes por qué nadie sale a apoyarte? Porque hace mucho me aceptaron como la máxima autoridad de esta patética escuela y saben perfectamente que si alguien me contradice… Lo saco de mi camino.
Bastó un chasqueo por parte de los dedos de Allen para que Miguel terminara dentro de los contenedores de Basura.
Allen se levantó sobre su banca. — ¿Alguien más tiene el deseo d decirme algo? Hay mucho espacio en la basura y mis colegas necesitan levantar algo de peso para recuperar su forma. — Todos se quedaron en silencio. — Eso pensé.
Cuando él regresó a su asiento podría decirse que las cosas volvieron a la normalidad, sin embargo la sensación de que Allen solamente mostró la punta del iceberg era inminente en la sala, Sabine intentó volver a sus sentidos, pero aquella mirada penetrante desde el otro lado de la cafetería que Allen le estaba dando le quitaba incluso el apetito.
— Ya sabes que no puedes cometer errores cuando vayas. — Comentó Dorian mientras Sabine continuaba mirando a Allen.
— Estaba pensando en que lo mejor para mí sería alejarme de Allen… Desde lo que pasó en el bosque cada vez que lo tengo cerca la piel se me eriza y empiezo a temblar, siento como si estuviera a punto de morir.
— ¡¿Estás loca?! Eres la única con la oportunidad de conocerlo en su hábitat, tienes que investigar esa casa y a esa familia. Necesitas hacerlo por todas las personas que han asistido y nunca regresaron.
Un recuerdo llegó a su mente justo después de eso, se trataba de nana llorando por su hija Rosita.
— Sabie, sé que no me crees ahora. ¿Pero no es mejor descartar posibilidades? Si están limpios no tendrán nada que esconder.
Esas palabras de Dorian se mantuvieron en su cabeza, ir a dicha cena le permitiría confirmar si esa familia eran monstros reales o si solo se había dejado influenciar demasiado por su cobarde pero muy astuto e impertinente compañero.