Capítulo seis

2138 Words
Un agujero profundo y púas enormes la esperaban en el fondo para descuartizarla. De no ser por Allen que se lanzó y alcanzó a sujetarla a tiempo ya habría caído. Pero ahora ambos estaban al borde de la muerte. — ¡Te dije que habían trampas! — Gritó Allen, sujetándose de la raíz seca que sobresalía de la pared de tierra mientras que con la otra mano sostenía la muñeca de Sabine, quien colgaba a la deriva. — ¡¿Podrías por favor sacarme primero de aquí antes de empezar a reprenderme?! ¡No es gracioso! — Gritó devuelta, pero Allen no le contestó, se quedó mirándola en silencio rotundo. — No es gracioso, deja de bromear por favor y súbenos. — Allen continuó sin responderle, empezando a balancear el brazo con el que la sujetaba. — ¿Allen? ¿Qué es lo que estás haciendo? — Lo siento, María. Espero no lo tomes como algo personal, aunque sí lo es. Tu sola presencia nos traerá calamidad a todos, es mejor que tu vida termine ahora. Ella pudo ver la extraña mirada carmesí de sus ojos desprendiendo el más puro sentimiento de aborrecimiento segundos antes de que Allen se desprendiera de ella. Podía verlo subir a la superficie mientras ella caía en una fosa interminable, la manera en que la oscuridad la consumía hasta el preciso momento en que su cuerpo se incrustó en las enormes púas al final del abismo, destrozando cada parte de su caja torácica hasta traspasar sus órganos y llevándola finalmente a morir en seco mientras Allen la observaba, sin remordimiento alguno, al contrario, se rió en su propia cara. Abrió los ojos de golpe. Sintiéndose como un fantasma empezó a respirar hasta hiperventilarse, estaba completamente sucia, sentada sobre varias hojas secas. — Cálmate, vas a sufrir de un ataque cardíaco a este paso. Allen sacudió algunas ramas de su cabello, Sabine todavía estaba en trance. — ¿Qué diablos? ¡¿Se puede saber por qué me arrojaste a una muerte segura?! — Apartó la mano de Allen con un manotazo. — ¿Arrojarte? ¿De qué hablas? Si te he salvado la vida ¿Cómo podría haberte arrojado? — ¿Es así? Entonces cómo carajos explicas las…Heridas. — Al revisarse a sí misma se dio cuenta de que estaba perfectamente sana, sus órganos seguían dentro de su cuerpo y las costillas no sobresalían de su pecho. — Debes haber tenido alguna alucinación, te desmayaste mientras te subía. Lo cual me duplicó el trabajo, pesas más estando dormida que despierta. Sabine negó con la cabeza repetidas veces, mirándose las manos. — Es… Imposible, se sintió tan real. — Podía recordar claramente el dolor de aquellas cosas atravesando su cuerpo y la manera en que murió cuando el último traspasó su cabeza al caer, se abrazó a sí misma debido a los escalofríos que le produjo reproducir aquel suceso en su cabeza. Luego su mirada se concentró en Allen, tan calmado como siempre, la miraba como si estuviera loca. — Será mejor que busquemos a Mónica antes de que el bosque te consuma el poco raciocinio que te queda. — Se puso de pie, ayudándola a levantarse. — ¡Te estoy diciendo que me arrojaste al vacío y me viste morir frente a tus ojos mientras te reías! — Sabine se interpuso en su camino. — ¿Cómo fue que…Me resucitaste? La risa de Allen apareció de repente, desordenándole el cabello. — ¿Cómo podría reírme mientras alguien muere frente a mí? ¿Quién crees que soy? Creo que estás llevando tu pesadilla demasiado lejos. — Pero, yo… — Sabine, me estás diciendo que moriste al caer en la fosa pero despertaste fuera de ella y a salvo, yo hice eso, te salvé ¿Podrías simplemente aceptarlo? Necesitaba regresar un poco más dentro de sus memorias, la escena era más vívida que cualquier otro sueño, la oscuridad y la neblina del bosque, los altos árboles secos rodeándolos y Allen sujetándola de la muñeca, mientras le decía algo. — ¿Qué fue lo que me dijiste en ese momento…? — Podía verlo hablar sobre algo minutos antes de que la soltara, pero no conseguía recordar sus palabras. — ¿De qué hablas? — Cuando te dije que no era momento de que me reprendieras dijiste algo ¿Qué era? Momentos antes de que me soltara tú me dijiste algo no puedo recordar lo que era. — Nunca dije nada, Sabine. ¿Cómo era posible que recordara incluso las palabras que dijo segundos antes y exactamente la última frase no? Apenas podía ver sus labios moviéndose en cámara lenta dentro de su cabeza, pero eso era todo. — Será mejor que busquemos a Mónica, siento que estoy empezando a enloquecer aquí. — Antes de descubrir algo siniestro prefirió encontrar a Mónica para regresarla sana y salva de vuelta al orfanato. Sin embargo la presencia de Allen se volvió más pesada para ella desde el presunto incidente ocurrido, por lo que prefería mantener la distancia entre ambos. El sendero dentro del bosque los condujo a lo que le pareció un riachuelo, la única manera de continuar el sendero era cruzando del otro lado. — Olvídalo, un paso en falso y la corriente marina te arrastrará en un viaje hacia una muerte segura. — Pero se ve como un riachuelo tranquilo. — ¿Estás segura de eso? — Para dar un ejemplo Allen lanzó una hoja seca y apenas tocó el agua se hundió rápidamente. — Nos tragará vivos si ponemos un pie en el agua, es imposible cruzar para nosotros ¿Qué probabilidad hay de que una niña pequeña haya podido pasar? Sabine señaló algo que saltó a la vista, incrustado en una rama de árbol. — La probabilidad nunca es cero ¿Lo ves? ese es un trozo de tela del vestido de Mónica. — Para ser de su edad es bastante ágil. — Miró a los alrededores, percatándose de las piedras formando un camino. — La única manera de poder cruzar es saltando cada una de esas rocas, sin tocar el agua. — ¡Bien! Cruza tú primero. — ¿Acaso no confías en mí? — No quiero arriesgarme a no despertar de una segunda muerte. Allen se rió. — Como digas, pero no estaré para atraparte si resbalas. — Fue el primero en cruzar, saltando de roca en roca con extremo cuidado hasta llegar al otro lado. — Bien, Sabine. Es tu turno. Ella asintió, saltó hacia la primera roca, cuya superficie era lo suficientemente plana como para poder pisar segura. Luego avanzó hasta la segunda, que estaba cerca de la primera y se preparó para saltar la distancia entre la segunda roca y la tercera, vio a Allen antes de hacerlo, él estaba completamente normal, lo que la hizo sentir como si de verdad hubiera alucinado antes, saltó sin problemas y llegó a la cuarta roca. — Lo has estado haciendo muy bien, ya solo te falta una más para llegar a la orilla. — Dijo Allen. Sabine puedo saltar a la quinta roca y ya solo le faltaba cruzar a la orilla, todo había sido demasiado fácil. — Con razón Mónica pudo cruzar esto, mientras no toques el agua todo estará bi- — De las profundidades acuosas algo salió para sujetarle al tobillo, jalándola de repente. — ¡Allen, Allen! Mientras una fuerza descomunal trataba de hundirla Sabine luchaba por su vida mientras se aferraba a la gran roca hasta clavar sus uñas en donde pudiera. El agua le llegaba hasta los hombros, a veces hundiéndola completa pero Sabine lograba emerger. — ¡Allen, ayúdame! — Rogó entre su llanto y desesperación, tragando agua de por medio. — ¡Hay algo sujetando mi tobillo y me está arrastrando hacia el fondo! Allen no hizo nada incluso cuando la mitad de su rostro se encontraba bajo el agua, de nuevo vio aquellos ojos carmesí burlarse de ella en su lecho de muerte. Paralizada de miedo Sabine sintió cómo una especie de soga marina la sujetaba de la cintura y hacía cada vez más fuerza para ahogarla. Y nuevamente cuando abrió los ojos estaba del otro lado del río, completamente seca y caminando junto a Allen. — Te pusiste pálida de repente ¿Estás bien? Ya casi llegamos al centro pero si necesitas descansar. — No… No, no lo necesito. — Sabine se tambaleó en su lugar, abrazándose a sí misma. Nada de lo que ocurría tenía sentido alguno en su cabeza. ¿De verdad lo estaba imaginando o Allen había tratado de asesinarla dos veces? Cualquier rastro de duda o temor se disipó en cuanto vio a quien le pareció era la verdadera Mónica, a diferencia de la vez anterior esta vez tuvo más recelo. Pero al ver el brillo en la mirada de la pequeña niña asustada que cuando se giró se lanzó hacia ella y la abrazó pudo estar en calma. — ¡¿Por qué llegaste tan lejos tú sola?! Te he dicho tantas veces que es peligroso. — L-lo siento, Sabine… No volveré a hacerlo. — Mónica hipó, sorbiéndose la nariz en medio de su llanto. Sabine le secó las lágrimas. — Está bien, deberíamos regresar ahora. Allen se mantenía a una distancia segura de ambas. Algo detrás de Mónica llamó su atención, era un trozo de tela ensangrentado y rasgado que estaba varado allí, al acercarse notó que la prenda era masculina y un collar sobresalía de ella, con algo de miedo lo tomó, tenía un colgante con una fotografía de Mónica y sus padres en ella. —Puedo recordarlo — Mónica se agachó a su lado, mirando las ropas. — Ellos me dijeron que corriera por mi vida mientras la de ellos se acababa, prometieron que estarían bien… Entonces ¿Por qué murieron? Yo vi cuando mis padres murieron, justo aquí… Mientras ambas estaban sumergidas en una profunda y sentimental conversación Allen comenzó a explorar el lugar, sus manos sujetaron firmemente un trozo de madera con una forma similar a un bate de baseball, era pesado y tenía algunas espinas alrededor. — ¿Pudiste ver quién hizo tal cosa? ¿Era una persona común? Mónica negó con la cabeza. — Era un monstruo, pero se transformó en humano luego de asesinar a mis padres… Yo pude ver su rostro. Allen inhaló hondo y contuvo el aliento mientras sus pasos silenciosos avanzaban en dirección a Sabine, tomando tanto impulso con el bate improvisado como le fue posible cuando estuvo parado a espaldas de Sabine. — ¿Puedes reconocer quién lo hizo? — Preguntó Sabine. Entonces, Mónica giró la cabeza y miró a Allen directo a aquellos rojos carmesí que vio en el preciso momento en que sus padres murieron. — Si, él era… — Hizo una pausa en seco y se quedó en blanco. — ¿Mónica? — No lo recuerdo… — Murmuró ella. — No recuerdo quién lo hizo. Mónica se veía consternada por no poder recordarlo. — Está bien, no necesitas forzarte. — Sabine la cargó entre brazos. — Será mejor que nos vayamos ¿Si? — Lo siento, pero me temo que no pueden marcharse ya que cierta persona ha fallado en su misión. — Una sombra emergiendo de la oscuridad se abrió paso en medio de todos, era una mujer, con una elegante cabellera negra como la noche y un despampanante vestido rojo. — Allen, tuviste tantas oportunidades para asesinarla y en todas terminaste arrepintiéndote ¿Crees que lo dejaré pasar? — ¿Asesinarme? — Preguntó Sabine. Allen se entrometió entre ella y aquella mujer. — Oh ¿No te diste cuenta? Que durante todo el camino ha estado intentando matarte, incluso planeó golpearte hasta la muerte con un objeto contundente. Pero al parecer tu linaje sigue protegiéndote. — Ella estiró su mano hacia la dirección de Sabine. — Alguien como tú no debería estar respirando, cualquier rastro de esa maldita mujer debe ser borrado de la existencia. No te preocupes, tu muerte será más dolorosa de lo que te imaginas. Terminaré con el trabajo que el inútil de Allen no pudo. — ¿Mi…Linaje? Despertó en una camilla de hospital. Un contundente dolor de cabeza le volvía pesado el cuerpo, Sabine miró hacia todos lados, el aroma a medicinas nunca fue de su agrado pero aquella vez se sintió relajante. Todo daba vueltas a su alrededor, lo primero que enfocó con claridad fue la enfermera. — Que bueno que haya despertado, todos han estado muy preocupados por usted. — ¿Qué me pasó…? — Preguntó entre balbuceos. — Fue reportada como desaparecida y tres días después la encontraron en los límites de la ciudad desmayada. — Le mostró el anuncio donde buscaban a Sabine en el reportaje del periódico. — ¿Tres días? Pero si solo me fui por un par de horas. — Miró los alrededores. — ¿Y Mónica? — Ella despertó en seguida y se dio de alta ayer, está en el orfanato. Usted lleva durmiendo una semana entera. — ¿Una semana? Sabine no podía creer tal cosa. Ni siquiera cuando los detectives que fueron a interrogarla le repitieron lo mismo. — ¿Entonces nos está diciendo que la niña salió corriendo hacia el bosque y usted la persiguió? — Sabine sintió, los detectives se miraron entre sí. — Es un lugar muy peligroso como para que te hayas salvado sola ¿Había alguien más contigo? Sabine se quedó pensando. — Yo…No lo sé, no lo recuerdo. En ese momento solo podía pensar en una cosa: ¿Realmente había ido al bosque?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD