No importaba hacia donde dirigiera la mirada, todo se veía tan horrible que le produjo un aterrador escalofrío.
El bosque definitivamente era el último lugar donde una persona con sentido común entraría, existían muchos cuentos de personas entrando en él que jamás regresaron con vida, porque existe un límite establecido, el punto máximo donde cualquier persona puede llegar, si alguien decidía cruzar esa frontera no volvería a ser visto.
A diferencia de Sabine, Allen se veía completamente en calma, con las manos en los bolsillos de su chaqueta de cuero mientras miraba los alrededores como si estuviera cansado de ver lo mismo todos los días, a veces arrastraba el paso o se quedaba atrás mirando un punto vacío de la nada junto a él.
De un momento a otro Sabine comenzó a divagar entre si era más peligroso ir con Allen o sola.
— ¡Mónica! ¡Mónica! ¿Dónde estás? ¡No tengas miedo! — En cierto punto comenzó a gritar, usando sus manos alrededor de la boca para ampliar el volumen de su voz. — ¡El monstruo feo no te comerá! ¡No es dañino! ¡Quiere ser tu amigo! ¿Puedes volver antes de que me maten por permitir tu desaparición? ¡Te prometo que Allen no te hará daño!
Él se encogió de hombros. — Probablemente.
— ¡No me estás ayudando! — Sabine se giró hacia él de mala gana.
— Gritar en el medio del bosque para encontrar a una niña que ni siquiera miró atrás mientras corría tampoco te servirá de mucho. — Allen se sentó junto a ella, ambos sobre una gran roca.
Sabine enarcó una ceja. — ¿Tienes un plan entonces, genio?
— No precisamente, solo estoy sugiriendo la idea de que… Eh, probablemente justo ahora ella esté siendo devorada por un vampiro o un hombre lobo. — Sonrió como si nada.
— Eso es imposible, y una tontería también. — Se puso de pie, cansada de escuchar y empezó a caminar con la idea en la cabeza de alejarse de Allen y su pesimismo.
— ¿Qué? ¿Acaso no crees en los vampiros o en los hombres lobo? Con sus colmillos afilados que pueden drenarte la sangre o garras que con un simple arañazo pueden descuartizarte en segundos. — Hizo un gesto para ambos, en el primero pretendió que sus colmillos eran largos usando los dedos índices y en el segundo dobló los dedos de sus largas manos como si tuviera enormes garras. — ¿No sabes cuántos han aparecido en el límite y a cuánta gente han asesinado?
De un momento a otro él comenzó a caminar de espaldas justo frente a ella, asegurándose de que Sabine le escuchara hablar.
— Solo son cuentos de gente vieja. — Contestó. — No hay nada en la oscuridad que no haya en la luz.
Cuando mencionó aquellas palabras Allen se quedó viéndola de una manera extraña, como si esperara algo más. Sin embargo aquello fue efímero cuando Sabine demostró que no entendía su comportamiento. — Me sorprende tu valentía.
— Si fuera un bosque realmente peligroso no estarías caminando sin ver hacia dónde te dirigen tus pies. — Ella se hizo a un lado, permitiendo que aquella rama sobresaliente de un árbol golpeara la cabeza de Allen. — O quizá si es un poco peligroso.
Allen se sobó el golpe en la cabeza, lanzando una risa sarcástica. — Muy graciosa.
— ¿Se puede saber por qué has decidido seguirme como un perro guardián?
— ¿Cómo podría dejar a una invitada adentrarse sola a tan peligroso lugar?
Sabine se cruzó de brazos.
— Recuerdo que fuiste tú quien específicamente me pidió que no asistiera a la fiesta. ¿Cómo es que ahora me tratas como a tu invitada?
— Mi hermana ya te dio una vaga explicación ¿Necesitas otra? — Se encogió de hombros. — El punto está en que necesitamos encontrar a Mariana antes de que sobrepase los límites del bosque.
— Mónica. — Le corrigió
— Es lo que dije.
— Pero este lugar es inmenso y termina en las afueras de la ciudad, puede estar en cualquier lado. — No quería admitirlo, pero luego de tanto caminar sin encontrar a Mónica hacía que Sabine comenzara a sospechar lo peor.
— Sin embargo cada sendero que tomas parece llevarte de nuevo a la salida. — Acotó Allen. — He estado observando nuestra caminata, he visto el mismo árbol alrededor de cuatro veces y la misma roca donde nos sentamos.
— ¿Te refieres a que el bosque está diseñado como un laberinto que nos conduce hacia la salida?
— Eres bastante perspicaz. — La elogió. — Deberíamos habernos encontrado con Mariana hace mucho, porque ella solo debería estar dando vueltas. Entonces si no la hemos encontrado solo quiere decir una cosa.
— ¿Qué cosa?
Allen rodó los ojos, había creído que Sabine tendría la respuesta por sí misma nuevamente. — ¿Cuál es el único sendero que no te llevaría a la salida? — Señaló uno de los caminos, el que tenía el cartel de ‘’Peligro’’ — El que te dirige hacia adentro.
— ¿Dirigirnos y rebasar los límites? Estás demente, no puedo hacer algo como eso. ¡No regresaremos vivos!
— ¿Y crees que una niña de siete años si lo hará cuando ni siquiera nosotros podemos?
Sabine miró el sendero maquiavélico y tragó en seco, apretando las manos hasta cerrarlas en un puño mientras Allen continuaba hablando sin parar.
— Es por eso que propongo que digamos que no la hemos visto en todo el día, demos media vuelta y comamos muffins de los que estaban en la cocina del orfanato.
— Iremos.
— ¿Qué? ¡Es una muerte garantizada! No dudaré en salvar mi propio pellejo y dejarte atrás si es necesario.
— No esperaba que me salvaras de todas maneras. — Se ató el cabello en una coleta alta. —No importa si pierdo la vida en el proceso, necesito traer a Mónica de vuelta. Puedes regresar si eso quieres.
Pero Allen se negó. — Tu pequeño acto de valentía me ha conmovido lo suficiente como para acompañarte, al menos será bueno para ti ver un rostro atractivo antes de morir.
Sabine suspiró.
El camino a los límites estaba lleno de enredaderas con espinas a los costados y árboles secos, una clara señal de que no deberían estar ahí, ni siquiera la vegetación natural crecía, todo estaba desolado y oscuro, como si fuera noche dentro del día. Las ramas secas caídas crujían cada vez que las pisaban, los escalofríos recorriendo su cuerpo le daban la sensación de que la estaban observando desde un punto lejano, pero Allen no parecía incómodo, solamente se veía con una fatídica expresión seria.
Un espacio abierto circular y rodeado de árboles establecía el límite, Sabine exhaló el aire que había estado conteniendo cuando vio a Mónica justo ahí y corrió hacia ella.
— ¡Mónica! ¡Mónica que susto me has dado! No puedes correr así a estos lados ¿No sabes lo peligroso que es? — La abrazó tanto como pudo, pero ella no reaccionaba. — ¿Mónica?
Mónica no respondía en absoluto, solo permanecía completamente inmóvil mirando a un punto en específico
Cuando Sabine alzó la mirada no pudo evitar sentir impacto por lo que vio.
— ¿Mamá? ¿Papá? — Idénticos a las fotografías que veía cuando era niña, ambos salieron de entre las penumbras, sus rostros cálidos sonreían hacia su dirección y ella no tardó en dirigirse hacia ellos. — ¡Mamá, papá! ¿Dónde habían estado todo este tiempo? Los extrañé tanto, siempre supe que no estaban muertos. — Sabine corrió hacia ellos con todas las fuerzas que tenían sus pies, pero la distancia cada vez se alargaba más, dando la sensación de que no estaba avanzando. — Por favor, no me dejen de nuevo.
Ellos estaban ahí, ambos. Estirando los brazos hacia su dirección. — Mi pequeña niña, mira cuánto has crecido… — Aquellas palabras sonó como una dulce melodía en los oídos de Sabine, quien estaba a punto de estallar en llanto.
Pero luego un desgarrador grito salió de Sabine cuando Allen atravesó el cuerpo de sus padres con una daga hasta que algo dentro de su interior se escuchó explotar viscosamente. — ¡¿Q-qué diablos has hecho, Allen?!
Dentro de su desespero lo apartó del camino empujándolo, corriendo hacia el cuerpo inerte de sus padres.
— No te dejes engañar, esto no es real — Lo que estaba en la daga de Allen ni siquiera era sangre, sino una sustancia azul. — Pasamos el límite hace diez minutos, pero estas criaturas nos están dando la ilusión de que seguimos en él, así que necesitas enfocarte o definitivamente enloquecerás y te matarán.
Sabine se sorbió la nariz, sintiendo asco cuando de repente los ‘’c*******s’’ se transformaron en una masa oscura sin forma que luego se desvaneció, no sin antes mancharla de ese horrible líquido azulino debido a que ella lo había estado cargando.— ¿Qué caraj…?
— Me gusta llamarlos ‘’Cambiaformas’’ — Jugueteó con el filo de su daga antes de guardarla. — Una criatura que toma la forma de los deseos de una persona para asesinarlos o se aprovecha de sus más profundos resentimientos para poseerlos.
— P-pero Mónica estaba ahí… ¿No la viste? Y luego mis padres…
— Yo solo vi a un parásito a punto de chuparte el alma. — Respondió. — Sigamos buscando, la verdadera Mónica no debería estar demasiado lejos.
— ¿Es por culpa de ellos que las personas que rebasan los límites nunca regresan?
— En parte, la otra parte se debe a que hay muchas trampas… La mayoría de ellas son… — Una flecha que salió de la nada se clavó en un árbol, a milímetros de distancia de él. — Mortales.
— ¿De dónde vino eso? Una flecha
— ¡No la toques! — Allen le apartó la mano. — La punta es humedecida en veneno mortal que se propaga por el simple contacto con la piel.
— Es increíble ¿Cómo puedes saber tanto de este lugar?
— Tiene que haber alguien que lo sepa ¿No?
— ¿Y por qué no compartes tus conocimientos con otros para que no tengan que morir al cruzar?
Escuchó el suspiro de Allen.
— Verás, yo tengo una capacidad, me gusta llamarlo ‘’Don’’ de notar cosas que cualquier persona no notaría, como la cantidad de veces que la profesora de biología se pone y se quita su anillo de bodas, señal de que se lo quita cuando está peleada con su marido. Sin embargo una persona común apenas y se daría cuenta de que está casada cuando ve el anillo ¿Comprendes?
— ¿Me estás queriendo decir que tú puedes diferenciar cuándo estás dentro de una ilusión y cuando no? — Allen solo asintió.
— Pero estas criaturas no deben ser tomadas a la ligera, son capaces de llevarte a la locura total. Además, tus deseos y los míos son diferentes, por lo cual no tendremos las mismas ilusiones.
— Esto es… Fascinante.
— No es fascinante, solo es la otra cara de la moneda.
Ambos se vieron interrumpidos por un grito infantil, Sabine y Allen se miraron al mismo tiempo.
— ¡Es la voz de Mónica! — Gritó Sabine, comenzando a correr.
— ¡Espera, Sabine!
— ¡No puedo esperar, debo llegar antes de que sea demasiado tar…! — Un traspié dado gracias a que tropezó con una roca reveló el falso suelo que se desmoronó completamente en cuanto pisó.