P.O.V Tomás Mi día arrancó bien. Estoy con Francesca en la cama, follándomela como si mi vida dependiera de ello. Sus gemidos de placer llenan la habitación mientras ella grita mi nombre, rogándome que no me detenga. Su coño está tan apretado y caliente que me dan ganas de destrozarlo, pero debo ser cuidadoso. Tiene siete meses de embarazo. Aun así, ella suplica que aumente el ritmo, y yo, incapaz de resistirme, le doy lo que pide. Cuando ella alcanza su clímax, yo la sigo, llenándola con todo lo que tengo. Salgo de su interior con cuidado y me tumbo a su lado, abrazándola. Su respiración sigue agitada. —Mi amor, eso estuvo genial… —susurra, con una sonrisa satisfecha. —Sí, cariño, así es —respondo, acariciando su vientre. Francesca y yo no empezamos bien nuestro matrimonio.

