Amina
Apenas duermo esa noche, y no porque todavía este conmocionada por la intensidad de mi clímax con Emiliano, inmovilizada contra el piano que compró, solo para mí. Mi mente da vueltas y mi cuerpo está tenso, nervioso por esta nueva e impensable amenaza. Alguien me ha estado siguiendo.
¿Pero quién envió la foto? ¿Por qué? ¿Es algún tipo de amenaza? ¿Qué quieren de mí?
Me pregunto brevemente si es obra de Emiliano, vigilándome, pero sé que no es eso. No me habría observado desde la distancia, tomando fotos como una especie de paparazzi espeluznante acechando a una celebridad. No es su estilo. Es directo, hasta el extremo. Anoche lo demostró más allá de toda duda.
¿Y qué hay de Barbara? Esas son casi las mismas palabras que me dijo esta mañana:
“No eres tan inocente como pareces”
¿Pero cuál es su intención aquí? ¿Está tratando de asustarme fuera de la vida de Emiliano por celos o por alguna retorcida idea de protección?
Mi lista de otros sospechosos es frustrantemente corta. No conozco a nadie más en Londres, y ellos tampoco me conocen a mí. Llevo aquí solo unas semanas y casi no conozco a nadie a menos que este del brazo de Emiliano. E incluso entonces, no soy lo suficientemente importante como para que me registren, todos estan concentrados en llegar a él. Soy su acompañante, su último sabor de la semana. Nadie piensa siquiera que aguantare el mes con él, así que no se esforzarían en tenerme como objetivo de esta manera. A menos que haya descubierto la verdad sobre mi verdadera misión aquí. Esa idea es aún más escalofriante.
Pensé que había cubierto mis huellas, pero si me han visto en la biblioteca, entonces deben saber que no solo estoy de compras todo el día. Que estoy ocupada en un proyecto secreto que implica rastrear cualquier información que pueda sobre Emiliano y su compañía.
Pero si es Barbara quién ha descubierto lo que realmente estoy haciendo aquí, y quiere exponerme, ¿Por qué me enviaron las fotos? Seguramente le llevaría esa información directamente a Emiliano y haría que el me confrontara.
No…la foto estilo acosador, la nota anónima. Se siente como una advertencia… ¿Pero por qué?
Lo pienso desde todos los ángulos, pero para cuando finalmente amanece, no estoy más cerca de entender que está pasando. Sea cual sea la verdad, una cosa esta clara: se me está acabando el tiempo.
He estado sumida en una especie de rutina la semana pasada, una especie de normalidad retroceda. De día, investigo y aprendo sobre Emiliano y sus negocios. Y de noche…aprendo una lección completamente diferente, mientras el lleva mi cuerpo magistralmente hasta el límite, mostrándome un placer que nunca soñé posible. Y no puedo perdonarme por disfrutarlo.
Es una rutina, un ritmo seductor al que me he adaptado, pero ahora eso tiene que cambiar. Y no solo porque la lección de anoche me ha sacudido hasta la médula y me ha mostrado un atisbo de algo dentro de mí que no quiero ver. Si mi tapadera puede ser descubierta en cualquier momento, necesito cambiar de marcha, y rápido. Se acabaron las investigaciones en la biblioteca, las misiones de investigación, se acabaron las rondas por la casa con la esperanza de echar un vistazo a habitaciones cerradas y cajones privados.
Se acabo rogarle, mientras el derriba mis defensas y me deja sollozando de placer. He estado reaccionando a Emiliano. Dejándole establecer los términos de este acuerdo. Siguiendo sus juegos y esperando el momento oportuno.
Ahora, necesito pasar al ataque. Antes de que me muestre una faceta de mí misma que no puedo retractar. Y se exactamente por donde empezar: la misteriosa dirección en Sussex, donde Emiliano ha escondido algún tipo de secreto. Es hora de sacar esos oscuros secretos a la luz.
A primera hora de la mañana, salgo por la puerta, con una alegre mención de un lujoso día de spa. Emiliano ya se ha ido, gracias a Dios, así que simplemente charlo con Leon y el conductor sobre las milagrosas envolturas de barro y las divinas pedicuras que tengo preparadas. Incluso entro al gimnasio cuando el conductor me deja, solo para vender la historia, antes de esperar diez minutos y escabullirme por una entrada lateral.
Si Emiliano supiera donde voy hoy, probablemente me encadenaría en la bodega. Pero sabiendo que alguien me está observando, esperando para hacer su movimiento…
Necesito hacer el mio primero.
Tomo un taxi a la estación Victoria. En la biblioteca, ya averigüé la ruta más cercana a la direccion, así que es bastante sencillo comprar un boleto en la máquina, además de otro teléfono desechable de un quiosco de revistas. Encuentro el andén correcto y me acomodo en el tren. A esta hora del día, los vagones están tranquilos y encuentro un lugar vacío sin nadie alrededor. Mientras el tren se aleja, serpenteando lentamente por el sur de Londres, empiezo a configurar el teléfono.
Llamo a Nero, sabiendo que ha pasado un tiempo desde que me registré. Su esposa Lia, responde al primer timbre.
—Soy yo— digo, y puedo oír el alivio en su voz cuando responde.
—Gracias a Dios. Hemos estado muy preocupados—
—Estoy bien— miento, sin querer preocuparla.
—Recuerda, tú eres la princesa de la sociedad, yo soy la ruda e indestructible—
Resopla de risa. Lia es todo menos una princesa, es la única mujer que conozco que podría mantener a Nero a raya, para empezar. —¿Es terrible seguirle la corriente a Emiliano? — pregunta, sonando preocupada. —No puedo imaginarme tener que sonreírle a ese hombre. Besarlo, y…ya sabes— dice con tacto.
Siento una oleada de culpa. Aquí esta Lia, pensando que estoy en el infierno, cuando cada noche, vengo gritando el nombre de Emiliano.
—Me alegraré cuando termine— le digo con sinceridad. Oigo la voz de Nero en el fondo, y luego toma el teléfono.
—¿Qué necesitas? —
Sonrió. Nero sabe que esto nunca sería una llamada social.
—El hacker que usaste para configurar mi identidad falsa— digo, mirando a mi alrededor para asegurarme de que nadie este lo suficientemente cerca como para escuchar. —¿Son buenos? —
—Los mejores— responde Nero con confianza.
—Entonces, ¿podrían mover dinero entre cuentas, fuera de Wilder Capital? — pregunto.
—No debería ser un problema. Pero debes saber que una empresa como esa marcara las transacciones, mantienen todo bajo llave allí. De lo contrario habrá dejado secos a esos cabrones hace mucho tiempo— añade Nero con tono sombrío.
—Está bien— le aseguro. —Quiero que se encuentren las transacciones. Debería parecer una malversación de fondos, que han estado desviando fondos durante un tiempo—
Nero silba. —¿Quién te ha puesto de malas? —
—Se llama Barbara Devine, es vicepresidenta senior allí. haz que tu hacker lo haga quedar bien, que solo robe de las cuentas a las que ella tenga la oportunidad de acceder—
—Dalo por hecho— responde Nero. —¿Significa que estás más cerca de volver a casa? —
A casa. Ahora me suena a palabra extranjera.
—No hasta que Wilder este enterrado— respondo. —Hablamos pronto—
Cuelgo antes de que pueda decir otra palabra. Tendencia de Barbara sin ninguna prueba de que es una amenaza para mi podría ser extremo, pero no puedo arriesgarme a que descubra mi tapadera y se interponga en mi camino.
Siento una punzada de culpa, pero la dejo de lado. Tienes que ser desalmada, ¿recuerdas? Y Barbara no es una inocente atrapada en el fuego cruzado. Es una mujer adulta que ha elegido su camino en la vida y ser la mano derecha de Emiliano Wilder durante la última década significa que tiene mucha sangre en sus manos.
Sospecha que tengo una agenda secreta, ella ya ha dejado eso claro. Eso la convierte en una amenaza. ¿y si realmente es ella quién envió esa foto para amenazarme? De cualquier manera, mi problema pronto se resolverá.
…
Dos horas en tren y otro viaje en taxi después, llego al pequeño pueblo de Hartley Wells, que parece sacado de una postal: una encantadora plaza del pueblo, pequeñas tiendas, un pub local…La casa de Emiliano que ha estado pagando está a una pocas millas más allá del pueblo, en un sinuoso camino rural sin vecinos a la vista. Es una bonita casa de campo, apartada de la carretera por un sendero sinuoso, pero, aún así, siento un destello de inquietud mientras el taxi se aleja, dejándome sola. Es un día nublado, y estoy en medio de la nada, a punto de encontrarme con quién sabe qué.
¿Qué esconde Emiliano aquí?
Podría ser una familia secreta, un hijo ilegitimo…o algo mucho más peligroso. Estoy corriendo un gran riesgo simplemente apareciendo así, pero recuerdo que me trajo aquí y por qué.
Venganza.
Tengo que ser tan despiadada como Emiliano si voy a destruirlo. No hay lugar para el miedo ni la emoción.
O deseo…
Me deshago de ese pensamiento inoportuno y me acerco a la puerta principal. Preparándome para lo que pueda haber detrás, llamo.
Hay silencio.
Lo intento de nuevo, más fuerte.
Sigue sin haber nada.
Con la esperanza de que todo esto no haya sido una pérdida de tiempo, rodeo la casa, mirando por la ventanas. Veo bonitos muebles de estilo rural, pero ninguna señal de vida en el interior, así que abro la puerta y salgo al patio trasero. Puedo ver aquí que la casa da a campos abiertos, con algunos establos a poca distancia.
Hay una mujer allí, aseando uno de los caballos. Eso es.
Respiro hondo y me acerco a ella. Está tan concentrada en su tarea que no se da cuenta de que me acerco, y tengo mucho tiempo para observarla.
Es joven, quizá de veinticinco o veintiséis años, con el pelo oscuro recogido en una trenza, y vestida de manera informal con botas embarradas y un suéter de punto demasiado grande.
Mis botas chapotean en un charco, y ella salta, girándose. —¡Me asustaste! —
—Lo siento— digo rápidamente.
—¿Puedo ayudarte? — pregunta la mujer, mirándome con recelo.
—Umm…— mi mente está en blanco, y me doy cuenta de que no tengo un plan de acción claro ahora que estoy aquí.
No sabía que esperar, así que no pude prepararme bien.
Así que soy directa. —Necesito hablar contigo sobre Emiliano Wilder—
En un instante, la mirada cautelosa es reemplazada por una sonrisa irónica. La mujer se ríe, acariciando al caballo. —¿Qué ha hecho mi hermano ahora? —
Parpadeo en estado de shock.
—¿Hermano? — repito, con la mente dando vueltas.
—Soy su hermana pequeña— Se limpia la mano y la extiende para estrecharla, sonriendo alegremente. —Helena Wilder—