Amina
La hermana de Emiliano no está muerta.
No puedo creerlo. Helena me invita a tomar el té y la sigo a casa, con la mente acelerada. Repaso nuestras conversaciones, la forma en que él habló de ella en pasado, cómo me siguió la corriente cuando asumí que había fallecido… Pero tampoco dijo que ella murió.
Entonces, ¿Por qué no sé de ella? ¿Por qué no se le menciona en ninguno de los artículos que leí sobre su familia? Demonios, ¿Por qué su madre nunca la mencionó durante nuestra visita al campo?
—¿Cómo tomas él te? — parpadeo. Helena nos está preparando las bebidas en su cálida y cómoda cocina, mientras yo me siento en la gran mesa de la granja, tratando de reconstruir toda la historia.
—Umm, como quieras está bien— digo, observándola con curiosidad. Ahora sé que buscar, puedo ver el parecido con Emiliano en su mandíbula, y la forma en que su cabello enmarca su rostro.
—¿Estás segura de eso? — pregunta bromeando, —Emiliano siempre dice que lo tomo con suficiente azúcar como para abrir una tienda de dulces. Él, por supuesto, prefiere el café. n***o, como su corazón— añade con un guiño.
Consigo reír nerviosamente. —Una vez tomó crema, cuando pensó que no lo estaba mirando— me encuentro diciendo. —Luego juró que me lo estaba preparando a mi—
Helena se ilumina. —Entonces, ¿estás saliendo con él? —
Toso. Salir no es la palabra que usaría para describir nuestro retorcido arreglo, pero no voy a hablar de eso con ella ahora. Soy yo la que tiene preguntas y quiero respuestas.
—Nos estamos viendo, si— respondo finalmente. —Y siento pasarme por aquí así. Él…realmente no te menciona— añado. —Y tenía…curiosidad—
Subestimación del año.
Helena se encoge de hombros casualmente, trayendo nuestro te a la mesa. —Bueno, realmente no hay un gran misterio. Prefiero una vida más tranquila, así que me mantengo sola aquí, con los caballos. Todos esos eventos de la sociedad, toda la atención que recibe Emiliano en la ciudad…No es lo mío— termina. —Prefiero un prado embarrado antes que una lista VIP cualquier día—
Sonrió con ella, pero algo sigue sin cuadrar. Querer una vida tranquila es una cosa, ¿pero que toda tu familia actúe como si estuvieras muerta?
Hay más en la historia aquí.
Decido investigar un poco más. —Ya veo por qué te gusta aquí— digo, reclinándome y mirando a mi alrededor. Es tan bonito, los campos abiertos. Realmente puedes respirar—
—Exactamente— Helena sonríe. —Además, los caballos no estarían contentos en la ciudad. Les gusta un buen paseo por las colinas—
—¿Así que llevas aquí un tiempo? — pregunto casualmente tomando un sorbo de té.
Helena asiente. —¿Qué tal unas galletas? — dice poniéndose de pie de nuevo.
—Claro— La observo rebuscar en los armarios de la cocina. Parece un poco nerviosa bajo la superficie, aunque intenta disimular. —Debe ser un poco solitario estar lejos de todos—
—Me gusta así—
—Aún así, a tu edad, debes querer conocer gente. ¿Fuiste a la universidad en Oxford, como tu hermano? —
—No—
—Así, mi error— la observo atentamente, —Eso es cuando habrías estado en Larkspur—
Estoy haciendo una suposición arriesgada, diciendo el nombre del hospital psiquiátrico que encontré en el archivo, pero sé que he dado en el blanco cuando todo el color desaparece de su rostro.
La taza de Helena se cae al suelo, rompiendo contra las baldosas. Mierda.
—Lo siento— espeto, corriendo rápidamente a ayudarla.
Helena retrocede ante mí, con los ojos muy abiertos y presa del pánico. —Está bien— le digo, sintiéndome ya mal por asustarla.
Sea lo que sea que haya pasado con este lugar de Larkspur, claramente no fue color de rosa si solo la mención del nombre la hace reaccionar así.
—Lo tengo, no te cortes— le digo, recogiendo los pedazos rotos. Encuentro un paño y limpio el té derramado. —Listo, como nuevo—
Pero Helena no tiene buen aspecto. Se hunde en una silla, claramente tratando de regular su respiración.
—¿Estás bien? — pregunto preocupada.
Lentamente, toma aire de nuevo y asiente. —Estoy bien. De verdad— añade, observando mi mirada preocupada. —Excepto por romper mi taza favorita. soy muy torpe a veces— me dedica una sonrisa falsa y se pone de pie, yendo a preparar otra taza de té.
La observo, sintiéndome como la peor persona del mundo. Especialmente porque sé que no puedo dejar de indagar ahora.
—Entonces, Larkspur…— pregunto, odiándome a mí misma, pero no lo suficiente como para morderme la lengua. Lo que sea que Emiliano y Helena hayan estado escondiendo aquí, necesito saberlo.
Helena se echa el pelo hacia atrás. —No es para tanto— dice, aunque todo su comportamiento diría lo contrario. —Después del accidente, tuve algunas…dificultades—
Espera, ¿el accidente…?
La miro con los ojos muy abiertos. —Estabas allí, en el coche con…—
—Con mi padre, si— Helena asiente. —La noche en que murió. Yo tenía doce años—
Se sube las mangas con un gesto nervioso, y solo entonces veo la pálida cicatriz en sus brazos: tejido moteado, como si se hubiera quemado—
Helena me ve mirándola y vuelve a bajarse las mangas. —Como puedes imaginar, no fue un buen momento para mi—. continúa en voz baja.
—Después…Bueno, lo pasé mal. Pero ahora estoy bien. Gracias a Emiliano. Mi hermano siempre me ha cuidado— dice, con un tono mas firme. —Es el mejor, pero ya debes saberlo— añade con una sonrisa, genuina esta vez. —Él se encarga de todo—
Me sonrojo. Eso es cierto, pero supongo que estamos pensando en versiones muy diferentes de Emiliano Wilder. Para mí, ese cuidado ha sido dominante y despiadado. No puedo creer que pueda haber una faceta diferente de él, sin importar lo que me diga su hermana.
Su hermana…
Estoy a punto de preguntarle más cuando oigo un fuerte zumbido en lo alto. A través de la ventana de la cocina, puedo ver un helicóptero acercándose, una mancha oscura en el horizonte rugiendo cada vez más cerca.
Helena se ríe. —Oh, oh. Ahora estamos en problemas— dice, pero su tono es ligero y burlón.
—Solo toma el helicóptero cuando esta muy enojado por algo.
Emiliano.
Helena no parece preocupada, se pone su chaqueta con entusiasmo y sale corriendo a recibir al helicóptero cuando aterriza, pero yo me quedo atrás, con el miedo acumulándose en la boca del estómago. Si sabe que estoy aquí… ¿Cuánto más sabrá él?
¿Y qué tipo de castigo recibiré por el crimen de mi curiosidad?
Salgo y lo observo mientras emerge del helicóptero, vestido para el trabajo, como si acabara de llegar de una reunión. Lo cual probablemente hizo. Incluso desde la distancia, puedo ver la furia clara en su rostro. Se acerca a nosotros, con tensión en las líneas de su cuerpo y un profundo ceño fruncido en su rostro.
—¡Em! — Helena lo saluda con un abrazo. Emiliano le devuelve el abrazo, pero solo brevemente. Él se aparta. —Se supone que debes llamarme si viene alguien— le dice, lanzándome su mirada gélida por un momento antes de volver a centrarse en ella.
—¿Acabas de invitarla a entrar? —
Helena pone los ojos en blanco, y aunque es mayor que yo, parece mucho más joven por la forma en que empuja juguetonamente a Emiliano. —Por supuesto que sí. No soy tan hosca y desconfiada como tú. Y, de todos modos, pensé que alguien de tu equipo de seguridad te haría llegar el mensaje. Para eso estan todas las cámaras, ¿verdad? —
Cámaras. Por supuesto. ¿Por qué no se me ocurrió? No me extraña que Emiliano haya llegado tan rápido, probablemente active algún tipo de alarma en el momento en que puse un pie en la propiedad.
>, me regaño a mí misma, mientras la mirada de Emiliano que me quema. Espero que empiece a gritar en cualquier momento, pero en cambio, controla su temperamento, por Helena.
—Deberías haber llamado de todas formas— la regaña, pero su tono es amable. Helena se ríe.
—Te van a salir arrugas en el ceño, con toda tu melancolía— se burla de él. —Y entonces todo el dinero del mundo no impedirá que te parezcas a Yoda—
Emiliano niega con la cabeza, suavizándose.
—Claro que sí, ¿No has oído hablar de una cosita llamada Botox? — responde juguetón.
Helena suelta una carcajada. —Si te pones Botox, no voy a dejar que lo olvides nunca más— dice alegremente, —Ya viste lo que hizo a mamá cuando lo probo. ¡No pudo fruncir el ceño durante un mes! Simplemente caminaba por ahí con una expresión ligeramente desconcertada, ante todo—
—Eso es un cambio de su habitual estupor alimentando por el Pinot— responde Emiliano con una sonrisa irónica.
Los miro a los dos en estado de shock mientras interactúa y bromean juguetonamente. ¿Quién demonios es este hombre y que ha hecho con el verdadero Emiliano Wilder?
Me pregunto si se trata de algún IA sofisticada, cuando Emiliano me lanza una mirada gélida que me hiela hasta la medula.
—Nos vamos, sube al helicóptero— me rodena.
No, el mismo Emiliano de siempre.
—¿Ya te vas? — Helena hace pucheros. —Quédate al menos para cenar. Quiero conocer a Amina. Y contarle historias vergonzosas sobre ti y cierta fase gótica…—
—En otra ocasión— le interrumpe Emiliano. —Pero te vere esté fin de semana—
—¿Y Amina? — pregunta Helena esperanzada.
Emiliano aprieta la mandíbula. —Amina está ocupada. ¿Verdad? — Sus ojos se clavan en mí.
—Lo siento— digo, bruscamente, ya preguntándome si estaré en el país para el fin de semana, basándome en la sutil furia que irradia cada una de sus miradas y movimientos. —Pero fue un placer conocerte—añado. —Y gracias por el té—
Helena se despide y Emiliano regresa al helicóptero. Agarro mis cosas y lo sigo, con el corazón latiendo de miedo. Miro a mi alrededor, contemplando seriamente la posibilidad de salir corriendo. Pero sé que no llegaría muy lejos. Emiliano probablemente me perseguiría el mismo. No hay nada que hacer. Tengo que afrontar las consecuencias y esperar que pueda cubrir lo suficiente para mantenerlo alejado de mi plan.