25- Eres un monstruo

1986 Words
Amina Abro búsquedas de imágenes y encuentro algunas fotos de la casa. es una bonita casita con establos en medio de la nada. No es exactamente el estilo lujoso de Emiliano. Me siento y pienso mucho, sabia por mi experiencia con la familia criminal Morelli que grandes cantidades de dinero como esta suelen utilizar para ocultar algo jugoso. Esqueletos que la gente quiere que se queden, en lo profundo del armario. ¿Chantaje? ¿Soborno? ¿Un hijo secreto? Ese pensamiento va acompañado de una indeseable punzada de celos. Me obligo a ignorarlo. En lo que necesito concentrarme es que lo que sea o quien sea que este en Sussex. Si Emiliano esconde algo, allí, podría ser la clave de todo. La alarma de mi teléfono suena, recordándome que es hora de volver a la calle Bond, especialmente si voy a comprar algunas cosas al azar para mantener mi tapadera en orden. De mala gana, recojo mis cosas y entrego los periódicos antes de dirigirme a la salida. Acabo de salir cuando oigo una voz detrás de mí. —¡Espera! — Me doy la vuelta. Es James, el tipo de antes. Me alcanza. —Creo que se te cayó esto— dice, extendiendo una pluma estilográfica de aspecto elegante. Niego con la cabeza. —Gracias, pero no es mía— —Ah, bien. pensé que podría ser tu pluma de la suerte, o tal vez soy el único friki que tiene una de esas— añade, con aspecto tímido. Me río. —Ojalá, estuviera bromeando— continua James. —Es este bolígrafo rojo, y te juro que casi me suspendo mis exámenes finales de historia porque lo deje en casa— —Casi— digo. —Eso significa que te fue muy bien sin el— —quiero decir, soy un estudiante de postdoctorado sin dinero, así que no sé qué “tan bien” resultaron las cosas para mi— James sonríe. —Pero si tengo dinero para café si quieres uno— señala con la cabeza el carrito de café, instalado en la acera. Dudo, pero tengo algo de tiempo antes de encontrarme con el conductor. —Claro— decido. Nos acercamos y pedimos nuestras bebidas, aunque insisto en pagar la mía. —¿Entonces, supongo que no eres de por aquí? — pregunta. —Lo sé, el acento lo delata, ¿Verdad? — hago una mueca. —Es bonito— dice. Hago una pausa. —Gracias— respondo con cuidado. Lo miro de reojo. ¿Está coqueteando conmigo? James me mira y sonríe. —Espera quédate quieta, tienes algo en el pelo— antes de que pueda reaccionar, extiende la mano y me quita una pelusa. —Revolcándose en una pila de ropa sucia, ¿eh? — —Claro, lo hago todo el tiempo— Bien, definitivamente está coqueteando, lo que significa que tengo que acabar con esto. James se aclara la garganta, con aspecto nervioso. —Escucha, no sé si tienes planes para esta noche, pero…— Oh, no espero que no esté a punto de invitarme a salir. —…Voy a ir a una fiesta. Solo algo informal— añade rápidamente. —Conozco a otros estudiantes, debería ser divertido. ¿Te gustaría venir? — Le dedico una sonrisa educada. —Lo siento. Tengo planes. Con mi novio— añado suavemente. Tose. —Vaya, lo he fastidiado, ¿eh? — —No, quiero decir, me siento halagada. Pero estoy ocupada— —Bueno, hasta la próxima— dice James, levantando su café para brindar. —Será mejor que vuelva a lo mío. Y ver quiénes ha perdido su bolígrafo de la suerte— añade. Sonrió. Tal vez en otro mundo, podríamos haber quedado y haber ido con él a esta fiesta. Pero no soy una estudiante de investigación coqueteando con un café. Estoy en una misión, y con el avance de hoy, estoy más cerca que nunca de mi premio. Cuando llego a casa por la noche, me sorprende encontrar a Emiliano de vuelta temprano de la oficina. Y aún más impactante, ha organizado una cena romántica para los dos: mantelería blanca, luz de velas, champan con hielo… —¿Cuál es la ocasión? — pregunto, saludándolo. Le beso la mejilla automáticamente, al ver que tiene el pelo húmedo de la ducha. Esta descalzo, con jeans y una camisa abotonada abierta del cuello, ¿y eso es…? Si, una sonrisa en su rostro. Parpadeo. —¿Quién eres y que has hecho con el hosco y exigente Emiliano que he visto toda la semana? — no puedo evitar preguntar, con un tono burlón en mi voz. Emiliano se ríe. —He sido un idiota, ¿verdad? Me pongo así cuando se trata de cerrar un trato. ¿Tienes hambre? — Asiento. —Me muero de hambre. Olvidé almorzar— —Ir de compras es como un deporte competitivo, ¿eh? — Mierda. suelto un pequeña risa para disimular, mientras Emiliano me entrega un plato. —Esto debería bastarte hasta que el plato principal esté listo— Miro hacia abajo para encontrar… ¿bagels de pizza? Me río, y Emiliano parece presumido. —Le pediste a Leon que los pidiera. ¿un manjar extranjero? Tengo un paladar sofisticado— le informo con aire despreocupado. Luego le doy un gran mordisco. —Prueba esto— le ofrezco el plato. Se ríe, tomando uno. —No está mal— dice masticando. —Pero prefiero caviar como aperitivo— —Por supuesto que si— —¿Qué tal un poco de música antes de cenar? — dice Emiliano con indiferencia. —Claro— lo sigo a la sala, masticando felizmente mis bagels de pizza. Me quedo congelada en la puerta. —¿Qué es eso? — respiro con incredulidad. —¿Esto? — Emiliano parece aún más presumido. —Solo tu nuevo piano— ¿Mi…que? Me dejo llevar hacia adelante, contemplando lo que tiene que ser el instrumento más hermoso que he visto en mi vida. —Pero…Este es un Fazioli— susurro, reconociendo el emblema del famoso fabricante. Extiendo la mano y acariciando la superficie pulida con las yemas de los dedos. Emiliano sonríe. —Siéntate. Tócalo— Con alivio, me hundo en el taburete, posicionando mis dedos sobre las teclas con incredulidad. Nunca había tocado nada parecido. Los pianos Fazioli cuentan más de doscientos mil dólares y, por lo que se siente, valen cada centavo. —Toca algo— dice Emiliano, todavía observándome desde el otro lado de la habitación. Respiro hondo. No puedo pensarlo demasiado, de lo contrario nunca sentiré que nada de lo que toque sea digno de este gran instrumento, así que cierro los ojos y toco lo primero que me viene a la mente. All of Me de John Legend. Por unos instantes, el mundo se desvanece y solo somos yo, la música y mi voz en el silencio de la habitación. Luego termino y vuelvo a la realidad, sonrojada. Retiro las manos del golpe. —Lo siento— digo de golpe. Emiliano levanta las cejas. —¿Por qué? — —Nada, solo que…no soy lo suficientemente buena para tocar algo así— —¿Quién lo dice? — Suelto una breve risa. —Eh, ¿alguien con buen oído? — Acaricio el teclado con reverencia. —Algo así es para músicos de verdad— —Es para cualquiera que yo diga— responde con arrogancia. —Yo digo que es tuyo— Lo estudio. Me está observando, bebiendo su vino, y en realidad parece…feliz. —Nunca te había visto así— comento sonriendo. —Eso es porque nunca me has visto cerrar un trato— Emiliano toma un sorbo largo. —Toca algo más— me instruye, pero hago una pausa, cautelosa. —¿Qué trato? — pregunto. —El asunto Dunleavey— Emiliano se acerca, dejando su vaso sobre el piano. Y estoy tan concentrada en sus palabras que ni siquiera puedo decirle que lo mueva por si deja una marca. —¿Finalmente arreglaste la sociedad con Archie? — pregunto. Emiliano sonríe con suficiencia. —No. El viejo tonto no aceptaría un buen trato cuando lo viera. Así que organicé una adquisición hostil. A partir de esta noche, Wilder Capital posee una participación mayoritaria en Transportaciones Dunleavey— sonríe, complacido. —Con los activos inmobiliarios y la maquinaria, podré desmantelar la compañía por piezas y obtener una buena ganancia. —¿Desmantelar? — repito sorprendida. —¿Pero ¿qué pasa con el negocio? ¿Todos los empleados? Archie dijo en el almuerzo que es una empresa familiar— —Lo era— me corrige Emiliano. —Ahora es mío y lo dirigiré como mejor me parezca. Lo que significa perder a la mayor parte de la planilla, y también a la dirección. Un peso muerto— dice encogiéndose de hombros. —Ya han aguantado bastante— Lo miró fijamente, asqueada por la crueldad en su tono. —Esas son vidas de personas— digo en voz baja. —¿Cómo puedes hablar de ellas así? — Emiliano se encoge de hombros. —Fácilmente— —No tienes ningún derecho— le digo enfadada. —Tengo todo el derecho— responde. —Lo dice ahí mismo en los contratos, junto a los ochenta millones que acabo de invertir. Mi dinero, mis reglas— Niego con la cabeza, disgustada. —Lo olvidé, todos somos tu propiedad— Me levanto y me dirijo a la puerta. No puedo mirarlo ni un minuto más, pero Emiliano me agarra la muñeca y me jala hacia él. —Suéltame— exijo con enfado. —Esta noche no, pequeño Gorrión— Emiliano me inmoviliza contra el piano, reclamando mi boca en un beso cruel. Lucho contra él, intentando apartarlo, pero su beso es despiadado, su lengua empuja profundamente entre mis labios, como si reclamara mi propiedad. Como todo lo demás. Muerdo su labio. Fuerte. Emiliano finalmente se aparta, tocando con cautela donde lo mordí. Suelta una risa amarga. —No quieres ponerme a prueba ahora mismo— dice advirtiéndome. —¿O qué? — Exijo, con el corazón latiendo con fuerza. —¿Pensé que no obligabas a las mujeres? — Emiliano arquea una ceja. —No necesito obligarte, ¿recuerdas? Ya has demostrado lo dispuesta que puedes estar con las…instrucciones adecuadas, entonces ¿Qué será esta noche, Gorrión? — reflexiona, con expresión burlona mientras me mira de pies a cabeza. —¿Te diré que te arrodilles y me la chupes como una buena chica? ¿O tal vez me hagas un pequeño espectáculo, desnudándote para mi placer mientras decido donde voy a recompensarte con mi semen? Te gustaría eso, ¿verdad? — gruñe, acercándose a mí. —Ganarte tu placer de mí. Suplicar tan dulcemente por la liberación— Siento un rubor involuntario de lujuria, incluso mientras mi sangre hierve de ira. —No— digo de golpe, sacudiendo la cabeza. —No vamos a hacer nada de eso— —¿Por qué no? — exige. —Lo deseas. Puedo verlo, ¿recuerdas? Tu cuerpo no me miente— Extiende la mano para apretarme el pecho. Le aparto la mano de un manotazo. —¿Crees que podría estar contigo, desearte, después de lo que acabas de hacer? ¡Eres un monstruo! — grito. —Si— gruñe Emiliano, obligándome a retroceder de nuevo. Me inmoviliza y me toca de nuevo, su mano palmeando y apretando, jugando con mis pezones doloridos que ya estan rígidos por el deseo. Reprimo un gemido, odiándome a mí misma. —Nada ha cambiado— me dice Emiliano con dureza, sus manos tomando posesión de mi cuerpo. Mi placer. —Esta noche no es diferente de cualquier otra noche que hayas rogado por mi. Sigo siendo el mismo hombre. El mismo monstruo. Lo has sabido todo este tiempo— Niego con la cabeza, pero no puedo negarlo. Y Emiliano lo sabe.
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