Amina
De vuelta en Londres, Emiliano desaparece, prácticamente viviendo en la oficina de nuevo. Me siento aliviada. Necesito espacio para concentrarme en mi investigación y para procesar todo lo que sucedió en el país.
La noche juntos en la biblioteca… Todavía hace que mis muslos se tensen de lujuria cada vez que lo pienso, pero todo el asunto tambien me inquieto. Emiliano es un hombre indómito: animal y crudo. Por lo general, es tan controlado. Incluso en las garras del placer, mantiene la distancia, gélido y distante. ¿Pero esto…?
Todavía tenía el control, exigiendo todo lo que tenía para darle, pero también se estaba desmoronando. Y Dios, me excitaba verlo así, sintiendo el áspero agarre de sus manos agarrando mi cabello y el escozor de su palma contra mi trasero. Pero ahora que he tenido algo de tiempo para procesarlo, me doy cuenta de lo que me inquieta de esa noche.
Vi un destello de la oscuridad, acechando dentro él. Un hombre que hará lo que sea para conseguir lo que quiere. Me da escalofríos y me tienta, todo al mismo tiempo.
Tal vez Emiliano sabe que reveló demasiado, porque apenas me ha tocado desde entonces. No más lecciones sensuales, no más ordenes sucias. Cada noche, me pregunto si oiré su llamada a la puerta del dormitorio.
Y cada noche, me encuentro deseando que así sea. Lo cual es una locura y peligroso. Porque la próxima vez que venga por mí, no se conformará con solo hacerme correr con sus manos, su boca y sus palabras sucias. Querrá más de mí.
Todo de mí.
Y todavía no se si ese es un precio que estoy dispuesta a pagar.
—Buenos días— saludo a Leon, bajando a desayunar, unos días después de que llegamos a Londres.
—Buenos días— responde con el rostro tan serio como siempre. —¿Café? —
—Si, por favor— sonrió. —¿Y algunas de esas increíbles crepas, si están en el menú? —
Asiente. —El señor Wilder acaba de terminar su desayuno. Creo que está en una llamada—
dijo Gran sorpresa.
Me dirijo al comedor. Puedo ver a Emiliano desde aquí, paseando por los jardines traseros, haciendo un gesto enojado a quienquiera que tenga la mala suerte de estar al otro lado de esa llamada. Está totalmente absorto y ni siquiera levanta la vista para verme.
Hago una pausa, pensando rápido. Si está ahí afuera distraído… Su oficina. Esta podría ser mi oportunidad.
Salgo rápidamente y camino por el pasillo. Efectivamente, la puerta de su oficina esta entreabierta, como si acabara de salir. Está ubicada a un lado de la casa, por lo que no tiene vistas a los jardines. No hay posibilidad de que me vea, así que me deslizo dentro y miro a mi alrededor.
Hay papeles apilados en su escritorio, diferentes archivos abiertos y una pila de correo abierto.
Jackpot.
Me acerco al escritorio. Su portátil ya está en modo de suspensión, así que no me arriesgo a tocarla, pero en cuanto al resto de los papeles, los hojeo rápidamente, buscando algo interesante. Propuestas de negocios…informes de inversores…Hay un extracto de tarjeta de crédito, con cantidades desorbitadas cargadas a diferentes hoteles y tiendas de diseñadores en Europa. Nominas del personal doméstico. Un archivo de factura de algún tipo de cuenta fiduciaria, con registros de transferencias bancarias…
Espera un minuto.
Acerco el archivo. Hay facturas domésticas de una dirección en Sussex y extractos becarios mostrando una sola transacción cada mes: miles de libras a nombre de alguien llamado S. Whitley. Los extractos se remontan a años atrás, y enterradas al final del archivo, hay facturas de una empresa llamada Servicios incorporados Larkspur, que datan de hace más de una década.
No estoy segura de que es todo esto, pero no tengo mucho tiempo para averiguarlo ahora mismo. Tomo una hoja suelta de la impresora y anoto rápidamente los nombres y direcciones que veo. Luego coloco todo donde lo dejé y me apresuro a volver a la puerta. Miro hacia afuera. Todo despejado.
Simplemente estoy caminando de regreso al comedor tan casualmente como puedo, cuando Barbara aparece en el pasillo. Tiene un pan tostado en la mano y un contrato en la otra. Levanta la vista sorprendida.
—¿Qué haces aquí? —
—Vivo aquí— respondo, con el corazón latiendo con fuerza. meto el papel en mi bolsillo mientras Barbara mira más allá de mí, hacia la oficina de Emiliano. El único otro lugar donde podría haber estado.
—¿Has visto a Emiliano? — pregunto rápidamente, —Solo lo estaba buscando—
—Está en la parte de atrás, en una llamada— responde, todavía mirándome con recelo.
—Genial— sonrió radiante. —Muchas gracias—
Hago ademán de pasar junto a ella, pero Barbara me bloquea el paso y entrecierra los ojos. —No sé a qué estas jugando, pero sí sé que no eres tan inocente como pareces—
Mi estómago se revuelve de miedo, pero mantengo la compostura. La vieja Amina la abofetearía por decir algo así o la amenazaría con matarla. A la nueva Amina ni se le ocurrirá hacer eso. —Vaya, que cosas más rara— consigo responder con los ojos muy abiertos. — Y bastante grosera también, para ser sincera— Le sonrió. —¿Te importaría apartarte? A Emiliano le encanta desayunar conmigo. Se estará preguntando donde estoy—
Ella se hace a un lado y regreso al comedor, con el pulso acelerado, justo cuando Leon trae mi desayuno. Emiliano entra por el jardín, cruzando las puertas francesas.
—¿Todo bien? — pregunto alegremente, esperando que mi cara no esté sonrojada por el pico de adrenalina.
Asiente brevemente. —¿Cuáles son tus planes para el día? —
—Ya sabes. Ir de compras, tal vez un masaje— Me encojo de hombros con indiferencia, como si lo único en lo que pensara fuera donde encontrar unos zapatos bonitos.
—Siéntete libre de pasar por la tienda de lencería otra vez— Emiliano me lanza una mirada maliciosa. —O quizás haya otros juguetes que podrías disfrutar comprando…—
Inhalo de golpe al pensarlo. Claramente, Emiliano ya no quiere estar fuera de mi habitación.
—Quizás— ofrezco, coqueta. —¿Alguna sugerencia? —
Su mirada se oscurece. —¿Por qué no me sorprendes? —
—Oh, lo haré— respondo, pensando en el trozo de papel en mi bolsillo trasero. Cuando finalmente lo baje y le revele lo que he estado haciendo todo este tiempo, Emiliano se llevará una gran sorpresa.
…
De vuelta en la biblioteca, saludo a Lola, la bibliotecaria por su nombre. Ahora somos prácticamente viejas amigas.
—¿Qué puedo traerte hoy? — pregunta, sonriendo.
—Me temo que me traerás algunos números atrasados de Fortune y Bussiness Weekly— le digo, enumerando los siguientes números que he marcado en mi lista. —Y más tiempo en la computadora, si hay algo disponible—
—Hoy estamos bastante llenos, pero veré que puedo hacer—
Va a comprobarlo, mientras alguien se une a mi en el escritorio.
—Parece que estás trabajando en un gran proyecto— dice
Me giro. Un chico de mi edad con cabello rubio rojizo y gafas de montura metálica me sonríe amablemente.
—Eh…sí. Es un trabajo de investigación, explico, mientras Lola regresa con mi pila de revistas y la información de inicio de sesión de la computadora.
El chico se rie entre dientes, mientras equilibro todo en mis brazos. —Bueno, ciertamente te tomas la parte de la investigación en serio. Soy James, por cierto— dice, extendiendo la mano y luego dejándola cola caer cuando se da cuenta de que no puedo estrecharla.
Hago un gesto incómodos con la mano, en cambio. —Hola, soy Amina—
—Encantado de conocerte, Amina. ¿Necesitarás ayuda? — ofrece.
—Gracias, ya lo tengo— le digo.
—Bueno, será mejor que empiece, antes de que alguien me quite mi tiempo en la computadora—
—Oh, si— no puedes perder el tiempo. Hay caos ahí fuera— se rie. —He visto a gente llegar a las manos en la sección de periódicos—
—¿En serio? — parpadeo.
—Golpes educados— se corrige. —Mas bien empujoncitos. Con muchas disculpas—
Me río de nuevo. Hay algo en su sonrisa sincera que me hace pensar en Milo. Y entonces lo siento, esa misma punzada familiar de dolor que siempre me viene cuando pienso en él.
Muevo las revistas en mis brazos. —Encantada de conocerte, James— Asiento de nuevo y me dirijo a mi cubículo de estudio.
Concéntrate, Amina. No puedes perder el tiempo.
Al ponerme a trabajar, empiezo por hojear el periódico he marcado cualquier artículo que mencione a Emiliano o a la compañía, pero no encuentro mucho escandalo allí, y estoy empezando a preguntarme si he agotado este recurso.
Volviendo a la computadora, decido investigar la información que encontré hoy. Saco mi papelito de información garabateada y empiezo con uno de los nombres en el papeleo que encontré. Servicios Incorporados Larskpur.
Lo pongo en la barra de búsqueda y reviso los resultados. Es un centro psiquiátrico. ¿Qué?
No tenía ni idea de que esperar, pero esto es una sorpresa. ¿Emiliano sufrió algún tipo de crisis nerviosa? ¿O alguien cercano a él? las facturas eran de hace una década, así que podría haber sido cualquiera.
Sintiendo que finalmente podría estar en el camino correcto, reviso la dirección en Sussex. Emiliano ha estado pagando las facturas del hogar allí durante años a través de un fideicomiso anónimo, y parece que es solo una casa residencial. Investigué un poco, pero descubrí que se vendió por última vez hace diez años. La información que encontré no menciona a un comprador en ese momento, pero me pregunto si fue Emiliano. ¿Por qué más estaría pagando las facturas allí?
¿Y por qué lo ocultaría, por qué no están a su nombre?