41. Es bueno estar de vuelta

1224 Words
Amina De vuelta en casa, me preparo para la fiesta, me peino, me maquillo y elijo un atuendo de la media docena de hermosos vestidos que compre en las mejores boutiques de Londres. Dudo ente la recatada seda rosa y el dramático rojo burdeos, antes de seleccionar el rojo. Estoy cansada de hacerme la inocente todo el día, y mis instintos me dicen que Emiliano querrá llamar la atención esta noche. ¿y este vestido? Llama la atención, sin duda: un vestido largo de satén sin tirantes, con una abertura hasta la mitad del muslo, con un aire clásico de Hollywood. Lo combino con tacones altísimos a juego y pendientes de diamantes, y me dejo el pelo suelto en ondas. Me quito las vendas de las muñecas; las cicatrices aún son visibles, pero las cubro con dos gruesos bracéateles de oro martillado, para que queden ocultas a la vista. Ahí, miro mi reflejo en el espejo, complacida por el efecto glamuroso. Me digo a mí misma de que todo esto es parte de mi actuación, mezclarme con las elites sociales, pero no puedo negar que una pequeña parte de mi espera que a Emiliano también le guste el atuendo. Y no solo para mantener viva su obsesión conmigo. El conductor llega justo a las siete y me dirijo sola a la fiesta. Se lleva a cabo en un hotel de lujo, y me acompañan al enorme patio privado, que ya está lleno de invitados. Un m*****o del personal se materializa con una bandeja y me pregunta —¿Champán? — Tomo una copa y doy un sorbo, absorbiendo la escena. El patio está enclavado entre los altos rascacielos y edificios de oficinas, como un pequeño trozo de historia con sus setos cuidados y su mampostería desmoronada. Ha sido decorado con una pista dorada y lujosos arreglos florales, y hay un bar completo y una banda de jazz tocando, y el personal circula con canapés de aspecto delicioso, mientras la multitud elegante y con estilo se mezcla y charla. Respiro hondo. A pesar de parecerlo, estoy fuera de mi zona de confort entre esta gente, y es más difícil fingir que lo hago sin Emiliano a mi lado. Así que me dirijo al bufe y mato el tiempo llenando un plato de comida, aunque sé que estoy demasiado tensa para comer. —¡Amina! — Escucho mi nombre y me doy la vuelta a tiempo para ver una cara familiar al otro lado del patio. Es Lulu, la periodista que conocí el mes pasado y mi primera amiga oficial en Londres. Al menos, tan amiga como puedo tener, cuando estoy planeando cada movimiento de Emiliano. —¡Hola! — Le devuelvo el saludo y ella se abre paso entre la multitud hacia mí. no es fácil, considerando lo lleno que esta el lugar, pero llega con un suspiro. —¡Dios mío, que lío! ¡Casi le doy un codazo en el cuello a la duquesa de Sussex! Lulu me abraza y me da besos al aire, radiante. Lleva un bonito vestido de coctel n***o, con una brillante diadema —“¡Te ves impresionante!”— dice. —Gracias— sonrió, haciendo una pequeña pose. —Pensé. ¿Por qué no? ¿Una copa? — pregunto, agarrándole una copa. —Solo una— objeta Lulu. —Técnicamente estoy trabajando. Cubriendo la fiesta para las páginas de sociedad— explica. —Mi editor me advirtió que mantuviera la boca cerrada y me integrara con el paisaje— —¿Cómo va eso? — pregunto, sonriendo ante su energía contagiosa. —¡Demasiado bien! — exclama. —Tres personas me han pedido que traiga más canapés— Me río. —Piensa en ello como si estuvieras trabajando de incógnito— le aconsejo. —Nunca se sabe lo que dirá la gente delante del personal— —Oh, buen punto. Entonces… ¿Está Emiliano aquí? — pregunta Lulu, mirando ansiosamente a su alrededor. Oculto una sonrisa. Por mucho que disfrute de la compañía de Lulu, no puedo olvidar que ella también tiene una agenda. Anhela que la asciendan de las páginas de sociedad y ser una periodista más seria…Lo que significa que también está atenta a una primicia. —Se reunirá conmigo aquí. Está ocupado en el trabajo— —Así es— los ojos de Lulu se abren de par en par. —La adquisición de Dunleavey. ¿Cómo está funcionando eso? — Intenta sonar casual, pero puedo decir que está buscando información. Me encojo de hombros con indiferencia, comiendo un canapé. —Oh, ¿Quién sabe? Me quedo vidriosa cuando Emiliano empieza a hablar de negocios, ya sabes, todo es fusiones por aquí y despidos por allá. Que aburrido— —Cierto— Lulu se ríe. —¡Lo peor! — Quiero reírme, ambas fingiendo que no nos importa lo más mínimo lo que está en juego en Wilder Capital y el mundo financiero, cuando en realidad, ambas nos morimos por descubrir un escándalo. Por eso mantengo a Lulu cerca. nuestros intereses coinciden, y un día de estos, seremos muy útiles la una a la otra. —Entonces, dime, ¿Dónde has estado? — pregunta Lulu mientras paseamos alrededor de la fiesta. —¡Te deje un montón de mensajes! — Hago una mueca. —¡Lo sé, lo siento mucho! — No puedo decirle exactamente que me quitaron el teléfono mientras estaba encerrada en Larkspur, así que le miento fácilmente. —Estuve en un retiro increíble durante las últimas dos semanas— miento. —Hacen todo eso de “reconectarte con tu yo interior” y parte de eso es que no hay teléfonos celulares— —Eso suena genial— Lulu suspira. —Tienes mucha suerte— Pienso en el infierno de Larkspur y suelto una risa irónica. Claro, suerte. —De todos modos, en realidad extrañé el mundo real— digo. —¡Es bueno estar de vuelta! — —Bueno, es bueno tenerte de vuelta— Lulu sonríe. —Vamos a almorzar pronto— —Por supuesto— estoy de acuerdo. Termina su champán. —Bueno, supongo que será mejor que de una vuelta y me entere de todos los chismes. ¿Cómo se las arreglarían nuestros lectores si no se enteraran de la nueva línea de bolsos de cuero vegano de Rachel Featherington-Stone? ¿O del almuerzo benéfico de imagen Hawthorne para recaudar fondos para perros chihuahua empobrecidos? — Me río. —¿Todavía estas buscando tu gran primicia para que te asciendan? — pregunto. —Si. Así que si pillas a alguien haciendo algo travieso detrás de los rosales…— Me río. —Lo prometo, serás la primera en saberlo— Lulu desaparece entre la multitud, pero nuestra breve conversación me ha ayudado a relajarme, y tomo otra copa de champan de la bandeja de un camarero que pasa antes de adentrarme en el patio. Hay una banda de jazz instalada en los adoquines a un lado, y la música añade una capa extra de emoción a la fiesta. No es que la necesite. Tenía razón; todos están vestidos con vestidos de diseñador y trajes a medida con joyas caras, saludándose con exclamaciones de emoción. Su conversación se desvía hacia mi: hablan de viaje sen yate, internados y esquí en los Alpes… Es otro mundo aquí, eso es seguro.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD