9.

701 Words
Unas semanas antes… —¡Estoy harta de todo esto! ¿Lo puedes comprender? —Mery caminaba demasiado exaltada, dando vueltas de manera inconsciente alrededor del living de estilo europeo que su madre había impuesto, mientras su padre pacientemente le seguía con los ojos. —¿Cuánto tiempo más vas a perder? —le preguntó preocupado. —¿Perder? —ella repitió como si se tratara de una blasfemia —¿No vez que estoy presa? ¡Todo lo que me rodea hace que me sienta vacía! —Mucha gente quisiera lo que tanto desprecias –señaló su padre sin perder los estribos. Mery se detuvo de repente y le miró a los ojos, como si no pudiera creer lo que estaba escuchando salir de la boca de su padre. —¿Me estás escuchando? —preguntó, un tanto impaciente e incrédula. —¡Claro que te escucho! Pero no puedo comprender esa necesidad enfermiza de basurear a los demás. —¡Es justo todo lo contrario, papá! ¡Necesito que me escuches! —dijo ahora afligida. —Seguí hablando entonces, yo no te voy a interrumpir... Mery se detuvo de pronto, como si algo nuevo rondara por su mente nublada, devolviéndole de alguna forma la calma. —He pensado mucho y tomé una decisión, papá... Voy a viajar a Chaco, quiero, necesito estar rodeada de algo real, de la naturaleza, ver el verde de los árboles, el rojo de las rosas, el aroma de los jazmines al despertar cada día. Quiero sentirme conectada con el mundo que me rodea y del canto de los pájaros... ¡Es lo que me hace falta! No el ruido que hacen las bocinas de los coches, que es lo que escucho al despertar cada día. O el esmog que votas cuando fumas. ¿Me comprendes, papá? ¿Lo puedes hacer? -Mery lo miraba a los ojos, expectante, sin poder controlar su eterna angustia. —Sí, claro que sí, pero... —¡Ya no puedo más, tengo que poner mi mente en blanco para salir a la calle y no sentirme aterrada! –sollozaba, mientras su padre la contemplaba desde el sillón en el que siempre decidía asuntos importantes, acostumbrado a sus típicas escenas frenéticas. Pero él estaba convencido de que esta vez tampoco conseguiría persuadirla, por lo que respiró muy hondo, calmando la ansiedad que le causaba escuchar sus quejas infundadas y ridículas. Y mientras veía a su hija con la mirada fija en un punto en el vacío, simplemente ya se había calmado. —¿Bueno y cuándo partimos? —preguntó aceptando el pedido de su hija. Mery respiró profundamente, mientras se sentaba cerca de su padre. Por algunos segundos no dijo nada. Se limitaba a contemplar el viejo retrato de Carlos Valverde, su bisabuelo paterno. Sentía como si este le estuviera leyendo los pensamientos. De pronto, desvió la mirada y recordó que tenía a su padre esperando. —Es por eso que quería hablar primero contigo… —¿Qué más debo saber, Mery? —preguntó ingenuamente. —Esta vez quiero ir sola. —Pero Chaco queda lejos. —Lo sé, pero es lo que necesito... —Al menos dime que irás en avión. ¿Verdad que lo harás? Mery podía notar la preocupación que sentía su padre, ante la noticia, pero no le iba a decir toda la verdad. —No, no quiero que me ayudes con tu plata. Es decir, no te ofendas papá, pero he ahorrado algún dinero por cuenta propia y creo que prefiero viajar en bus -sonrió por primera vez después de un largo tiempo, al ver el rostro de su padre aceptando su decisión en silencio. —¿Al menos dejarás que te lleve a la terminal, no es cierto? —preguntó resignado, como si el tiempo hubiera retrocedido solo para él y tuviera de frente a su pequeña hija, todavía adolescente y con todas las ansias de ser independiente. ¿Acaso era un déjà vu? Ya podía presentir que aquél viaje no le traería buenos recuerdos para él ni para su hija. Pero la abrazó apoyándola. Como lo haría siempre en su incesante búsqueda de la felicidad. Su pequeña inconforme le abrazaba muy fuerte.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD