Estaba totalmente seguro de lo que quería hacer. Y por supuesto lo hice. Pero comencé a sentir cierto pesar al salir de casa, y que se acrecentó al llegar y no encontrar a Emily. La llamé y su teléfono estaba apagado. Decidí esperar y a medida que pasaban las horas, el pesar se iba convirtiendo en mi peculiar enojo. ¿Dónde podría estar si no era con ese maldito inoportuno que apareció ahora, la llevó a la fiesta y con quien, además, también se fue de la fiesta? Pero de la existencia de ese, me va a tener que dar cuenta el traicionero de Peter. Pero era demasiado tarde. Ya tendría su momento. Me tiré en el sofá sin poder creerlo. Sin poder entender por qué, las cosas entre nosotros no se daban con naturalidad. Descartaba cualquier idea de ella con ese hombre en la cama. Pero me ac

