Estaba demasiado seductora en ese momento. Y yo no lograba entender el autocontrol que estaba teniendo con ella. Mi yo normal, aquel que yo conocía muy bien, ya se la hubiera llevado a la habitación hace tiempo, convencido de que no diría que no. Sin embargo, allí estaba yo; con el corazón saltando de emoción por tenerla tan cerca. Con la garganta seca, tragando para remojarla, y evitar que no se notara lo afectado que estaba al hablar. Buscando la palabra correcta para decirle que era hora de irnos, porque ella ya estaba pasada de tragos, y que deseaba que se quedara conmigo. Temblando. Yo temblando, y por una mujer. Sí. Literalmente tuve conciencia hasta de mis nervios. Mi cuerpo tremaba completo. Me sentía bloqueado. ¿Porque y si me dice que no? ¿Si lo mal interpreta? No me salían las

