Ya no podía diferenciar entre la realidad o la ilusión. No sabía si estaba escuchando a Viviana relatar lo que sucedió, o si era yo, otra vez, bajo el dominio del maldito demonio, como solía llamar a esta depresión, que me perturbada por la pérdida de Emily, y que me hacía recordar de mala manera, su corta estadía en mi vida siendo mía, siendo mi mujer, mi amada, como lo soñé, desde que tengo uso de razón; cosa principal que me agobiaba en demasía y me hacía sentir este infortunio, y la desdicha de sentir que no fue suficiente. __ Pasado los días, ella había comenzado a relajarse un poco y salía cada mañana a correr, a hacer ejercicios y comenzó a utilizar el teléfono. Salimos de compras una tarde. Ella necesitaba algunas cosas. ¡Y fue bien! Compramos muchas cosas y la estábamos pasando

