Ingrese a clases de lengua. Por suerte nada fuera de lo común, el Sr. Soto no había llegado todavía. Muy común de él. Me dirigí hacia mi lugar de siempre, pero algo raro había. No estaba el asiento de al lado desocupado, alguien seria mi compañero.
No lo podía creer estaba en mi clase, y en mi lugar el chico Larwin. Genial que más pasaría hoy. Llegue hacia el banco de a dos y coloque mi mochila en la parte de atrás de la silla, la corrí para poder ubicarme y finalmente sentarme. Di media vuelta para sacar mis libros y ponerlos justo arriba de la mesa. Luego de hacer todo eso, mire hacia enfrente esperando a que viniera el Sr. Soto para que de comienzo a la clase, todo sin mirar a mi compañero de al lado. Pero la tentación me gano, mire hacia mi derecha, observando que el chico nuevo me prestaba mucha atención. ¿Qué le pasa? ¿Por qué me miraba? Asi qué decidí mirarlo atentamente. tiene demasiado cuerpo, y parecía que al igual que a mi le hacia falta dormir, tenia unas ojeras increíbles que se notaban demasiado al ser su tez tan pálida, su piel parecía suave y cremosa, daban ganas de acariciarlo por la intriga. Su mirada tenía la sensación de ser amable pero a la vez peligrosa. No sonreía, tenia los labios en una perfecta forma de línea horizontal. Mire hacia abajo avergonzada otra vez, como en clase de matemáticas. Y pude ver que tiene unas líneas negras en la muñeca ¿tatuajes?. Bueno al parecer tendría que empezar yo la conversación y sacarme de una vez la duda de que le pasaba que me miraba tanto, sin embargo me quede helada al oír su voz.
— Hola, tu debes ser Sofía Woods.
¿Cómo sabia mi nombre y apellido? Si nunca antes lo había visto. Tendría que hacer varias preguntas y extender la conversación para averiguarlo.
— Hola, bien, si soy Sofía Woods. Tu compañera en clase de matemáticas y de lengua. Y tu eres David Larwin.- no lo hice en forma de pregunta. Directamente lo afirme como lo hizo el. Se quedo mirándome y me dirigió una sonrisa picara. Dios que hermoso es al sonreír, mejor que cuando esta serio. ¿Qué me está pasando?
Nunca pensé nada acerca de si un chico es hermoso o prestarle atención a las facciones de alguien como me pasa con David o con Elías, Definitivamente el no dormir muy bien está perjudicando mi salud mental.
— Correcto. Soy el hijo del doctor Larwin.
— Ya lo sé.
— Ah se ve que varias personas nos esperaban y han hablado de nuestra llegada. - Miro hacia adelante muy divertido.
— Se siente raro ser el centro en este momento. ¿A que si? - Trate de bromear.
— No creo ser el centro de nada. ¿Y tú?
¿Yo? A que se refiere con esa pregunta. Sinceramente me arrepiento de haberle hablado.
— Eres muy pensativa.
Otra afirmación más, se dan cuenta las personas que soy así aparte de él. Apenas van dos horas de vernos y ya sabe más o menos como soy. Lo mire directo a los ojos, en ese momento sentí ganas de salir de ahí. Había algo en el que no me gustaba. Era raro, pero sexy. No me percate que tenía una campera negra de cuero. Hoy al entrar en la primera clase solo me perdí en sus ojos.
— ¿En que piensas? ¿Estas bien?
— Sí, estoy bien. Suelo pensar mucho es verdad. Y como dijiste soy muy pensativa.
— Ya lo se. - Nuevamente desvió su mirada impidiendo ver esos increíbles ojos. ¿Porque me llamaba la atención así?
— ¿Qué cosa?
— Nada. Simplemente tengo el don por así decirlo de saber como son las personas al verlas una vez.
La comisuras de sus labios se elevaron a una media sonrisa... media sonrisa sexy.
¿Don? Este chico de donde salió ¿se cree Edward Cullen? Definitivamente es como dice Lucy… es raro.
— Bueno, cuéntame algo sobre ti.
— ¿Qué quieres saber? –me pregunto desafiante mirándome muy directamente a los ojos, ahora su mirada era peligrosa.
— Lo que tú quieras decirme. Si no quieres hablar simplemente miramos adelante y dejamos todo así.
No iba a dejar que me intimidara, aparte en un punto, que me importa que me cuente algo de él, menos con esa actitud, como si escondiera algo o si tuviera información súper secreta. Me da igual.
— Me gusta este lugar.- me sorprendió su comentario. Ya que no entendía como le podía gustar nuestro pueblo. Se conocían todos, todo el tiempo hacia frío, y sobre todo no teníamos muchos lugares donde salir, a excepción de la ciudad donde todo pasaba. Era como si todos tuviéramos ochenta años y viviéramos en un geriátrico grande.
— ¿Qué es lo que te gusta de este lugar?
— La tranquilidad.
No sabía que argumento decir ante esa respuesta. Es verdad, es muy tranquilo por suerte, no hay nunca malas noticias ni emociones en este lugar.
— Desde que nos mudamos aquí, con mi padre y mis hermanos todo se alivió, ya no hay problemas ni preocupaciones. Todo es paz y tranquilidad.
— ¿Te metías en muchos líos, eh?
— Sí.
Una respuesta seca y concreta, creo que ya no había nada que hablar. En ese momento iba a preguntarle que clase de problemas podría llegar a tener, pero había entrado el señor Soto para empezar con la clase de lengua. Bueno las dudas y preguntas que flotaban en mi cabeza tendría que formularlas y decírselas después. O simplemente no entrometerme, había algo en el que me decía que me aleje.