CAMILA A mis 25 años, la vida me había puesto frente a situaciones difíciles. La muerte de mi padre, el infortunio de un familiar loco y obsesionado que abusó de mí, lo que me llevó a perderme en un mundo que estuvo a punto de tragarme viva y de lo cual salí adelante gracias al apoyo de mi familia. Esa familia que tiempo después me vi en la necesidad de dejar atrás con la esperanza de encontrar un punto de equilibrio en mi vida. Y, cuando por fin pensé haberlo encontrado, toda esperanza volvió a desvanecerse como bruma arrastrada por el viento. Sintiéndome en un campo repleto de minas a punto de estallar, me deshice una vez más, perdiendo el control total de mi persona. Preguntándome si algún día llegaría a experimentar esa felicidad que tanto había anhelado, me fui alejando cada vez má

