Eran las 11 de la mañana, Lydie estaba despierta en su cama, sentía la boca pastosa pero no se levantó a buscar agua, sino su teléfono. Pensó en escribirle a Nouk, pero temía por una sola cosa: Larisa cerca. Lo meditó un rato, le tomó 30 minutos desistir de la idea, finalmente se levantó para dirigirse a la cocina.
- Oh, jaja, ¡hola, Lyd! – Saludó Farah, mientras terminaba de llenar un vaso con jugo. – Tienes muchas cosas en tu cocina, me sorprende que te guste tanto cocinar pues vi que tu nevera está bastante llena de diversos alimentos, pensé que eras como Farid: entrenar mucho, comer cualquier cosa con calorías y proteína en batidos.
El entusiasmo de Farah le animó un poco. La pelirroja había hecho un desayuno sencillo pero en gran cantidad y se alegró por no tener que ocuparse de ello; no había notado el hambre hasta ese momento que se sentó a engullir cada rebanada de pan con huevos batidos y queso, tomó jugo y sintió que su cabeza empezaba a aligerarse para poder procesar mejor la agenda que tendría a partir de ese momento.
Farah estaba un poco callada viendo su teléfono, mientras seguía tomando algunos sorbos del jugo. Miraba a Lydie de reojo, tal vez esperando el momento para conversar un poco con ella y no molestarla en ese momento en el que merecía siquiera desayunar en paz.
No pasó mucho rato, pues Lydie había devorado todo, y le agradecía a Farah mientras dejaba el plato en el fregadero.
- Lyd, no me sorprendería para nada que no sólo durante el juicio te hayan sometido a un interrogatorio. – Empezó Farah, mientras ambas caminaban hacia la sala.
- Hubo muchas preguntas, sí. No es sorpresa que se me haya puesto a repetir una y otra vez si realmente inocente. – Respondió Lydie.
- Me gustaría saber con quién o quiénes contamos de nuestro lado en este momento. – Inquirió Farah. – No quiero presionarte con más preguntas, pero me resulta necesario conocer todos los detalles para yo no meter la pata en caso de cualquier situación inoportuna. Y con eso me refiero a mi hermano, Lois y Prisco.
- Antes de contarte, ¿qué ha pasado con ese trío? – Preguntó Lydie con interés.
- Sé que es literalmente yo pero hombre, Lydie, pero es que en serio a veces no sé qué carajo pasa por su cabeza. – Contestó. Se sentó en el mismo mueble donde había dormido y Lydie en el sillón frente a ella. – Han dicho que se les ha visto hablando más con Umay, tal vez por la situación de la votación. También vi a Prisco caminar cerca de la casa, dos o tres veces, tratando de echar un ojo hacia adentro. No se ha comentado nada más ni los he notado en nada extraño, fuera de sus inmensas ganas de celebrar que te sacaron del camino para ser Jefa.
Eso último no le sorprendía para nada, dejó sus ojos en blanco un segundo por lo mucho que aborrecía a ese trío de imbéciles. Y lamentaba un poco que el gemelo estuviera involucrado allí. Lydie tomó aire para relatarle sus conversaciones con Seth y Kir, pues ciertamente Farah necesitaba esa información para tener un panorama más claro.
Comentó el acuerdo casi innecesario con Seth, para pedir justicia en su caso; hablo del interés de Adel en encontrar a una hermana suya que era peligrosa, la forma en la que murieron sus padres, lo extraño de que tuviera un Mortarium y que entre los tres Jefes había un aire de misterio que les rodeaba según lo que el mismo Seth había experimentado dentro de la casa. También mencionó lo mucho que desconfiaba Kir de ella, pero por darle justicia a la muerte de su amigo la ayudaría en lo que pudiera.
- Hablaron de muchas cosas, Seth es un libro abierto… - Murmuró Farah. Llevando las rodillas a su pecho, abrazándose, se quedó un rato pensativa después de todo lo que le contó Lydie.
- Tu silencio me dice que tienes tantas preguntas como todos en este momento. – Se carcajeó Lydie. Una respuesta daba paso a mil preguntas más, sintió por un momento que no estaba avanzando en nada realmente y trató de alejar esa idea de su mente.
- Pues te confieso que muchos sabíamos de la búsqueda de Adel, fue mucho antes de que tú aparecieras y él aún se estaba adaptando al puesto de Jefe. Unos dos o tres años antes de que él te conociera, tal vez, renunció a seguir buscando a esa mujer. – Admitió Farah. – Algunos creímos que Adel sólo renunciaría a esa obsesión si encontraba algo más en qué ocuparse, así que muchos agradecimos en silencio que tú aparecieras para que dedicara su tiempo a algo más, en este caso “alguien”.
- Siento que ahora que murió, todos tienen algo que decir sobre él. – Consideró.
- No me malinterpretes, Lyd, sabes que me duele tanto como a todos saber que ahora sólo quedan cenizas de Adel. – Se defendió. – Sólo que él era… un poco extraño. Era abierto como un libro, pero dentro de sus páginas había líneas que estaban totalmente censuradas. – Analizó. – Yo era muy joven, por eso no sabía cómo habían muerto sus padres; sabía lo de su hermana, pues era algo que se comentaba entre pocos demonios pero allí surgía el tema de vez en cuando, y más cuando veían a Adel bajar y subir mucho al Infierno. Lo del libro también se sabía, aunque fuera un asunto “confidencial”, todo el clan sabía que Adel lo tenía, tal vez Los Guardianes creyeron que sería divertido darle algo tan importante al hijo de unos Rebeldes que torturaron hasta la muerte.
Verlo así resultaba cruel, ¿por qué estaría en manos de Adel el Mortarium y no de Umay? O ese hombre, Wann; no sabía mucho de él, pero si Los Guardianes lo habían matado, era sensato entender porqué no se lo habrían dado a él.
Se quedaron un rato en silencio, Lydie entendía que Adel desprendía un aire de misterio que se había llevado con él para siempre y tal vez muchas cosas quedarían sin una verdadera resolución.
Esa tarde, mientras ideaba una forma de contactarse con Nouk, se quedó un rato en su palacio mental, mientras Farah le escribía mensajes a algunos de los chicos que estuvieron con ella esperando por Seth para entrar al salón de reuniones. Contaba con que alguno de ellos hubiera notado una sola cosa que les ayudara a avanzar. No perdía la esperanza de solventar el caso, pero seguía con el temor de no dar con el libro. La vida de su amiga dependía de algo que podía aniquilar a toda su r**a, y aquello le parecía el más absurdo trabalenguas al que debían enfrentarse.