Martes.

2370 Words
Ese martes decidió tomarse su tiempo, no haría nada importante hasta la hora en que habían pautado el almuerzo. Eran las 7 de la mañana, claramente podía hacer nada hasta que le tocará almorzar, pero prefirió aprovechar el tiempo. Fue la mañana más humana que había tenido en esa piel, se sintió parte de una película de los domingos.    Arregló su cama, fue a hacerse el desayuno, algo sencillo y que le llenará el estómago. Volvió a la habitación, parándose en el marco de la puerta, decidió darle la razón a Seth y limpió su cuarto, recogió la ropa que había por el suelo, ordenó los zapatos, limpio sus libros y el espejo del cuarto, metió a lavar la ropa sucia... Se tomó su tiempo en cada cosa. Pasó limpiando la sala, el baño, los cuales se mantenían más limpios y mayor ordenados que su habitación. La cocina era su mayor orgullo pues no había mucho que limpiar, las compras de ayer estaban bien colocadas en su debido lugar. El comedor también se veía limpio y brillante.   Limpió las ventanas, sacó el polvo, todo empezaba a verse suyo. Se sentía el calor de un hogar totalmente suyo y le alegró verlo así. Aunque era cierto que no pasaba mucho tiempo allí, no le pareció mal el poder mantenerlo limpio, fresco, suyo. Adel le había dado esa casa, no dudó en dejársela ni cuando Lydie insistió en buscar y pagar otra casa. Adel le dijo que era una casa que nunca tuvo mayor uso, pues él la había comprado para vivir allí hacia un tiempo, no pasó mucho hasta que lo eligieron Jefe.    Él vivía en la casa de sus padres, después de su muerte, pasaba mucho tiempo en cualquier sitio, menos allí. Lydie no imaginaba el dolor que debió sufrir de ver morir a sus padres así. Conocía la crueldad de los castigos, Vikeo tuvo que participar en algunos y cuando capturaban Rebeldes de su tribu, Lydie tuvo que ver en primera fila aquellos actos de crueldad desmesurada.    Adel procuró pasar sus días en el infierno, pues allí sus años pasarían con rapidez. ¿Huía? Tal vez. A Adel siempre le molestaba la necesidad de demostrar puntos de vista a base de conquista y maltrato. Él creía que podía haber oportunidad para el diálogo, los acuerdos, la paz. Era un soñador, al igual que Lydie.    A veces Lydie creía que el destino los había juntado, casi como la había juntado en aquellos años con Vikeo. "Mi Guardián" pensó con tristeza. Su recuerdo aún era difícil de alejar, pero ella sabía que era mejor así. Por Vikeo nunca había quedado claro qué era todo lo que se arremolinaba dentro de su pecho cuando lo volvía a ver en su mente delante de ella en sus formas demoníacas. Suspiró y sintió, realmente era una soñadora como Adel.   Lydie le debía mucho a Adel, pero Adel siempre le explicó que nunca iba a deberle nada que se haya hecho con amor. A ella siempre le sorprendió, pues no comprendía esa definición, esa manera de ver el "amor". Ella siempre fue muy recta con él, metódica y cuidadosa, tal como ese día en el café que lo veía como un Jefe tomando una decisión, no un amigo contándole una nueva noticia. Adel sutilmente le decía que su manera de amar, no era necesariamente romántica. Él amaba y valoraba a sus "hermanos", los otros Jefes. No hablaba de Wann, pero sus ojos reflejaban cierta tristeza cuando pensaba en su amigo. Hasta sentía un complicado amor-odio por Umay, era su hermana, su compañera de batallas, la joven rubia que tomaba decisiones frías para no sufrir; pues Adel tenía el particular "poder" de ver los corazones de las personas. Él podía sentir sus intenciones reales, y sabía que Umay le protegía a su modo. Hasta veía en Seth, "el hermano menor", a un joven entusiasta y curioso dispuesto siempre a mejorar. Kir, su mano derecha, también lo veía como parte de su "familia".    Lydie nunca terminaba de comprender lo que Adel buscaba con ímpetu, pero podía ver en sus ojos el deseo de una familia. Y tardó en comprenderlo, le costaba ver esa necesidad pues ella había crecido rodeada de gente que sólo la usaba para algo más, para su propio beneficio e intereses. ¿Cómo iba Lydie a ver una familia con ojos de amor, si no estaba ni siquiera segura de haber experimentado ese sentimiento? Lydie más de una vez consideró, que en su existencia sólo iba a vivir esas emociones que los mundanos consideraban tristes, abrumadoras y llenas de desesperación. No quería enfocar su vida en ello, pero igual en algún momento se preguntó qué era ser feliz, vivir en paz y amar de corazón.    Tal vez la muerte de Adel sí había abierto muchas puertas. ¿Cuáles eran todas ellas?   La limpieza no duró tanto como pensaba, la ropa se había lavado en menos de lo que esperaba, la metió en la secadora y se quedó pensando un poco su siguiente acción.    Se dirigió a su habitación, tomó su teléfono y lo dejó cargando en la sala, que no lo usara tanto no significaba quedarse sin batería de igual manera. Le subió el volumen a las llamadas, y fue a la cocina.    Sacó todo lo que necesitaba de la nevera. Evaluó cada cosa delante de ella, inhaló, exhaló y empezó.   Cortaba con agilidad, mantenía sus cuchillos afilados así que la carne cedía fácilmente en cada movimiento. La llevó al sartén que ya estaba lleno de otras cosas y el olor hacia sonreír levemente a Lydie. Lavaba las cosas que iba a usar en su ensalada, dejó remojando la lechuga en el vinagre, salteaba la carne con cuidado, inhalaba el olor, colocaba pizcas de algunos pequeños envases que había en la alacena. Seguía con la ensalada, todo a su ritmo se veía armonioso, como una danza delicada pero entusiasta dentro de su cocina. Le alegraba en ese momento haber aprendido esa particular habilidad mundana, pues le encantaban los olores que despedía una comida bien hecha y el leve orgullo que sentía de hacer algo delicioso casi todos los días.    La comida le animaba, le resultaba divertida, llena de experimentación y posibilidades, diversos sabores y muchos colores. Era realmente una ventana a la cultura que le alegraba que mantuvieran abierta, ya que por ella había mucho por ver, oler y disfrutar.    La comida estaba casi lista, se acercó a su teléfono y eran las 12:40, tenía un mensaje.   "Soy puntual, niña, en 20 minutos más estoy delante de tu puerta". Recitaba el mensaje de Kir.    Claramente a él no le complacía ver a Lydie, pero no iba a rechazar almorzar algo decente para variar las últimas semanas el intento de Seth por hacer el famoso "ramen" que había visto en un programa de televisión.    Lydie corrió a dejar la comida servida y tapada. Se metió a darse un baño rápido, salió de la ducha y entró a su habitación, tomó algo de su armario sencillo para poder sentarse con tranquilidad a preguntar todo lo que necesitaba o correr rápidamente a tomar un cuchillo y defenderse de Kir. Esperaba que sólo se desarrollara el primer escenario.    Salió del cuarto y justamente empezaron a tocar la puerta.    Abrió y allí estaba Kir, vestido como siempre. Una camisa negra, jeans, y zapatos deportivos.    — Hola, por favor pasa. — Indicó Lydie.    Sin decir una palabra, entró con precaución. Lydie cerró la puerta, le indicó el paso hacia el comedor, tomó los platos, los colocó con cuidado al igual que las bandejas con la comida.   — Se ve bien, y huele bien. — Le reconoció Kir. Lydie asintió agradeciendo. — Creería que lo compraste en un restaurante si no fuera porque tienes una buena reputación en la casa de los Niell.    "Así que en serio preguntó..." Pensó Lydie con cierto fastidio de que él la cuestionara tanto.    — Pues me alegra saber que me tienen buena estima en casa de los gemelos. — Dijo, mientras se servía ensalada en el plato.    Comieron en silencio los primeros 10 minutos, se sirvieron cada quien un poco más en sus platos, pues era innegable que había quedado muy buena la comida. Lydie le ofreció jugo, el aceptó. Cuando se levantó de la mesa, él carraspeó.    — Me sorprende que no hayas preguntado nada hasta ahora... — Señaló, sin mirarla. Sus ojos seguían clavados en su plato mientras movía desinteresado un pedazo de lechuga en el plato.    A Lydie le brillaron los ojos, le alegraba estar de espaldas a él pues no quería que viera la sonrisa que se había formado en sus labios.    — No me hubiera gustado arruinar una buena comida con una conversación que pueda resultar, tal vez, incómoda. — Aseguró.    Se acercó a la mesa con la jarra de vidrio llena de jugo de naranja, y dos vasos con hielo. Sirvió y dejo los vasos cerca de cada plato.    — Pues te agradezco la consideración, pero me alegraría escuchar qué es lo que quieres. — Remarcó cada palabra de la pregunta con cierta intensidad en su voz.    Lydie tomó jugo, dejó el vaso sobre la mesa y suspiró.   — Entonces no le demos más largas... — Estableció. — Me han dejado una nota, escrita en computadora así que la magia de identificación y rastro no hará maravillas, pero el contenido de la misma me dejó más preguntas que respuestas.    — ¿Algo relacionado a mí, para que me compres con comida? — Indagó, con un toque de sarcasmo.    Lydie río con cierta despreocupación, lo miró fijamente: — Tal vez, es algo en lo que tienes relación directa.    — ¿Qué te preguntaron de Adel? — Trató de adivinar.    — De hecho, me preguntaba yo por Wann... — Soltó con cuidado.    Kir resopló, apretó los labios y se removió en la silla.    — ¿Por qué te preguntarían a ti sobre él?   — Más bien es una duda mía para aclarar algo. — Dijo Lydie, tratando de restarle importancia.   — ¿El qué, Lyd? Sé clara. — Insistió Kir.    — ¿Por qué dicen que Wann se sacrificó por Adel? ¿Qué hizo Wann? ¿Por qué dicen que hizo más de lo que se le exigió? — Bramó Lydie.   Kir volvió a ver el plato, mantuvo la calma y respondió con una voz tenue.    — Claramente conoces a Olivia... — Dijo, Lydie asintió. — Esto es un poco complicado aunque a grandes rasgos se vea fácil. No lo fue, no fue nada fácil para Adel, menos para Wann quien consideraba a Adel su hermano.    » No me agrada la idea de contar esto... Pero creo que ya es necesario. Mira, hace varios años, después de la muerte de los padres de Adel, él y Wann se hicieron amigos. Wann compadeció al pobre muchacho, pues consideró excesivo el castigo de los padres y que un joven demonio lo viera. Pero lamentablemente ese era el castigo de Adel: mirar en silencio.    A Lydie se le estrujó el corazón dentro del pecho, pues ella también tuvo que ver en silencio en algunas ocasiones.    » Wann miraba el potencial en Adel, siempre le Insistió en mejorar y demostrarlo, en vez de hundirse para hacer daño. Adel, quién sufrió a un nivel difícil de describir, aceptó el consejo y se encaminó a ser el hombre que todos conocimos. Yo lo conocí unos años después de que Wann lograra hacer recapacitar a Adel, pues éste había tomado una actitud negativa donde sólo quería matar; Wann lo llevó al Infierno por unos meses que se volvieron años allí, y le enseñó a Adel las Bestias, le enseñó a pelear, educó su joven y corrompida mente, y le dio algo valioso: amor.    » Un demonio desconoce en totalidad algo que muchos encuentran como una banalidad, algo casi innecesario. Wann le dio el amor de una familia, y Los Guardianes, después de muchos años, vieron lo controlado que podía ser Adel, así que hicieron algo que causó revuelo en aquella época: lo nombraron Jefe de los Deamonium. Dentro de la casa de los Jefes, Adel hizo una familia junto a Umay y Wann. Ellos eran sus hermanos. — Hizo una pausa para tomar jugo, y continuó: — Adel estaba haciendo una vida normal, dentro de los parámetros que nosotros consideramos normales, y todo iba bien. Hasta su vida mundana iba bien. — Respiró profundo y soltó el aire con fuerza por la nariz. — Yo nunca lo cuestioné, ni siquiera cuando me hizo su mano derecha, pero él... Mierda, Lyd, ¡él hablaba abiertamente con Wann y conmigo, del amor que sentía por Olivia!    » Wann claramente estaba fascinado, hasta fue a conocerla. Yo no, yo no podía creer en ello. ¿Un demonio enamorado? Nosotros desconocemos cómo funciona eso, y no, no quito la posibilidad de que él realmente lo sintiera; sólo digo que resultaba extraño por ser algo totalmente nuevo.    — Comprendo que fuese Adel quien se enamorará, pero, ¿por qué culpan a Wann? ¿Por apoyarlo? — Preguntó Lydie desconcertada.    — No, Lyd, no por apoyarlo... Por ocultarlo y tomar él la responsabilidad de... — apretó los labios y tragó saliva. — Se corrió el rumor de la relación que llevaba Adel con Olivia, pero eso era lo de menos, el verdadero problema era que muchos creían que Adel le había contado a Olivia lo que él era, lo que somos todos aquí.    » Se armó un revuelo, todos estaban molestos, la desconfianza había llegado al punto de señalarlo por traidor. Así que Wann hizo algo por su hermano: tomó la culpa él. Logró convencer a todos que era él quien veía a Olivia, y que Adel lo acompañaba porque lo obligaba aunque él intentará hacerle reflexionar. La confianza en Adel volvió, pero era tarde.    » Ese chisme llegó al infierno, justo a los mismos Guardianes que habían matado a los padres de Adel. El destino se volvía cada vez más cruel con él, y Wann no lo soportó. Se declaró culpable delante de los Guardianes, los cuales disfrutaron nuevamente ver sufrir a Adel, y está vez le hicieron llevar algo más que el castigo de ver en silencio, le entregaron el Mortarium Seele. 
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