Señales.

2396 Words
Se metió en su habitación, un poco molesta por no encontrar qué hacer. Sentía cada vez más los músculos agarrotados, tiró el teléfono a un lado en su cama y se echó boca abajo sobre las sábanas. "¿Qué debo hacer? ¿Nadie puede darme una señal? Sé que Dios no haría eso por mí, pero al menos un Guardián, ¿no?" pensó frustrada con la cara hundida en la almohada. Levantó la cabeza hacia el lado izquierdo y miró las libretas colocadas sobre la mesa colocada una al lado de la otra en forma vertical. Hacía mucho tiempo que no dibujaba. Tomó la última libreta y un lapicero azul. Abrió en la hoja que estaba libre, empezó a hacer muchas líneas, descubrió que estaba dibujando a Olivia. Su cara era llena, tenía unas mejillas regordetas muy adorables que se enmarcaban con sus rulos. Era una mujer hermosa y agradable, le resultaba fácil hablar con ella, siempre agradeció en silencio que la ayudara a integrarse entre los mundanos pues Lydie desconocía las maneras que llevaban los humanos para relacionarse. Le resultaban extrañas, pues los demonios eran muy frontales cuando querían hacer algo. ¿Querían una tierra? La reclamaban. ¿Odiaban a una persona? Se lo decían. ¿Querían pelear? Lo hacían. Cuando un demonio se guardaba algo dentro de sí, los demás lo veían como alguien patético. ¿Para qué ocultar lo que realmente eres, cuando ya todos saben que eres lo más bajo e inservible del planeta? Terminó por darle los últimos detalles, le colocó el nombre en una esquina del dibujo, y en la hoja estaba una Olivia sonriente, con unos delicados rizos, largas pestañas, y ojos grandes. Lo consideró un poco, pero creyó que sería lo mejor. Buscó el teléfono en la cama, revisó la lista de contactos y marcó, al tercer tono, contestó. — ¡Lyd, linda! ¿Cómo te sientes? ¿Todo en orden? — Dijo Olivia al otro lado del teléfono, no se escuchaba el bullicio de las oficinas, así que tal vez estaba dentro de su despacho con la puerta cerrada. — Oh, sí, sí. Mejorando poco a poco, estás gripes por los cambios de clima me ponen un poco lenta. — Mintió rápidamente, poniendo su voz un poco fañosa. — ¿Necesitas algo? — Preguntó con verdadero interés por su bienestar. Olivia apreciaba a Lydie y la consideraba una gran empleada. — Me resultó oportuno comentarte de algo... — Lydie resopló lejos del teléfono. — Murió Adel. Un gemido ahogado se escuchó al otro lado de la línea, a Lydie se le estrujó el corazón. ¿Había sido una buena idea decírselo por teléfono? — Yo... ¿Cuándo? Me gustaría saber, eh, ¿qué sucedió? — Titubeó Olivia. — Murió en un accidente, el viernes en la tarde. — Respondió, se sentía muy triste. Decírselo a Oliva lo volvía muy real. — Pues yo... Él... Mi sentido pésame, Lydie. — Dijo con pesar. — No sé si es mucha molestia que me presente en su velorio. "Mierda...", pensó Lydie. — Sus hermanos no lo harán, el cuerpo quedó muy mal herido. — Se apresuró a responder. — No quieren que lo recuerden así. Dejarán la urna cerrada. — ¿Y el entierro, les incomodarla si yo...? — ¡Sera incinerado! — Le disgustó decirle esas mentiras a Olivia, pero qué más podría hacer. — Sus hermanos en serio son muy reservados. — Uhm, lo entiendo. Supongo que están tomando las mejores decisiones en un momento de mucho dolor. — Aseguró Olivia. — Debe ser difícil para la familia. La muerte de su primo Wann también le afectó, Adel decía mucho que daba más de lo que siquiera recibía en la vida. "¿Primo?", se extrañó. Pero supuso que lo mejor sería indagar un poco más. — Oh, sí. Es un momento delicado para ellos. — Y para ti también, ¿no? Era tu tutor legal. — Recordó Olivia. — Era un hombre maravilloso, aprendí mucho con él en la universidad... No puedo negar que me hubiera encantado darle un último adiós, aunque era un poco tímida cerca de él. — Adel... No hablaba mucho de su vida personal. — No, lo sé. — Río con un sentimiento de nostalgia embargándola. — Adel es... Fue, — corrigió con un carraspeo—, un gran hombre. Un notable profesor, realmente disfrutaba su área. Su primo Wann era muy amable, siempre estaba para Adel. Realmente había una unión muy agradable entre ellos. — Son una familia unida. — Dijo Lydie. — Uhm, me sorprende que lo digas tú, Lydie. — Admitió Olivia. — Recuerdo que era una familia reservada. Más no unida. — Es que... Yo vivo en otra casa, sí. Entonces no pasaba mucho tiempo con ellos. Olivia se quedó callada un momento. — ¿Te puedo preguntar por Wann? Si no es mucha molestia, yo no lo llegué a ver mucho. — Intentar obtener información era lo mínimo que podía lograr en esa llamada. — Oh, pues, por lo que recuerdo, Wann era un hombre alto, rellenito, con rasgos asiáticos y usaba lentes. Era un hombre con un rostro serio, llevaba mucho las manos en los bolsillos y hablaba poco, lo justo y necesario. Tenía un acento particular, pocas veces lo escuché reír. — Recordaba Olivia. — Él era amable, y siempre estaba ayudando a Adel en lo que podía... Hasta en la búsqueda de una hermana suya. "¿Cómo sabe eso?" se sorprendió Lydie. — Le dije que si algún día me volvía jefa de una revista, una o dos veces por mes podría colocar la imagen de su hermana para intentar dar con ella. — Explicó. — Wann lo agradeció, pero ambos declinaron al no tener ninguna foto de la niña. Eso me sorprendió. — Meditó un poco y añadió: — Ahora que lo pienso, Wann ayudaba a Adel, pero al mismo tiempo sentía que era una pérdida de tiempo. Se le notaba en los gestos. — ¿Adel le contó lo de su hermana? — Sí, — Olivia se sonrojó al otro lado de la línea —, verás, él y yo salimos unos meses... Pero él sutilmente me pidió que termináramos la relación. Nunca entendí porqué, pero igual me sintió mucha confianza pues me contó varias cosas. Nunca me daba la historia completa, sólo algunos leves detalles. Supongo que deseaba hablar de eso con alguien. — Oh... — Él era reservado, misterioso, pero muy dulce, amable, atento. Era un caballero. — Olivia suspiró. — Cuando me dijo que necesitaba un favor, no esperaba que te trajera a ti a la editorial. Me dijo que era tu tutor legal, nunca me dio mayores detalles. — Aseguró Olivia. — Él sabía respetar la privacidad de las personas, yo era más curiosa, no lo niego. En Adel siempre había algo... Reservado, algo que sólo se quedaría en su mente. Y ahora, — murmuró con cierto dolor —, él se llevó todos sus secretos a la tumba. "Hasta el secreto de tu amor..." Pensó Lydie. "Él hubiera sido comprendido lo mejor posible por ti, Olivia". Lydie sintió que ya no había nada más que decir, se despidió de Olivia, quien le dio el pésame nuevamente y le aseguró que podía tomarse el tiempo que necesitara para volver a la oficina. Comprendía que estar enfermo y con la pérdida de un ser querido, no iba a lograr que trabajara al 100%. Lydie agradeció, y colgó. Se metió debajo de las sábanas. "Vaya lunes..." Tenía ahora información de Wann, pero ese era el hombre que veían los mundanos. Necesitaba la versión que conocían los demonios. "Hay alguien que..." pensó con cierta emoción. — Bueno, me puede golpear, pero no rechazará almorzar conmigo. "No te agrado, lo sé. Pero hago una increíble ensalada y una carne muy buena". Escribió y envío el mensaje. "¿Qué me lo asegura?" Contestó, fue rápido. "¿Todos los que han venido a mi casa a almorzar? Puedes preguntarle a Farah, sus padres son felices cuando cocino allí". Envío. Pasaron unos minutos. Lydie sintió que su pulso está un poco acelerado. "Lo acabo de confirmar. Bien. Estaré allí a la 1 de la tarde. Espero algo bueno". Recibió la respuesta. "Créeme que será bueno, Kir", pensó y llevó el teléfono a su pecho, apretando los labios. ¿Estaba avanzando? Tal vez, un paso a la vez. El resto de la tarde de su lunes, procuró no pensar demasiado. Casi todo se estaba desarrollando dentro de su mente y eso no la llevaba a ningún lugar, lo mejor sería salir de ese espacio en el que sólo daba vueltas como un perro persiguiendo su cola. Farah no se había comunicado con ella, y Lydie pensó que lo mejor sería esperar que ella misma se reportara. Temía enviar un mensaje, que el teléfono de la pelirroja sonara y eso comprometiera su vida. Por eso tomaba tantas precauciones al escribir o llamar, y meditaba mucho el mandarle un simple mensaje a Nouk tan sólo saludando. Las horas pasaban con calma, miró nuevamente la nota, se sentó en la sala y dejó la nota sobre la mesa de café. La miraba fijamente, escaneando cada letra, movió su dedo indicé de un lado a otro y las letras empezaron a levantarse del papel, una doble ve surgía lentamente, cada letra empezaba a volar en el aire acomodándose en el lugar correspondiente. Lydie se recostó en el mueble, estaba cómoda, relajada, y empezó a ver las cosas que necesitaba. El papel seguía ondeando sobre la mesa, pero las letras negras estaban fijas en el aire, se veían grandes como una proyección de película. La luz de la tarde entraba a la sala por la ventana. Nadie pasaba cerca de su casa, pues se encontraba bastante alejada del resto. Suspiró con fuerza, apretó los labios y leyó para empezar a desglosar en voz alta. "Cuando Wann murió, cerraron una puerta a una posibilidad”. - ¿Cuál? Wann era amable, según Olivia. ¿Cuáles posibilidades existían con él? “¿Lo conociste? Dio más de lo que siquiera se le exigió”. - No, no lo conocí. Tengo leves referencias de él. ¿Qué le exigieron? “Cuando Adel murió, abrieron todas las puertas para una nueva era, una nueva realidad. ¿Lo recuerdas? Él era realmente el callado”. - Adel era muy abierto con sus expresiones, con las cosas que deseaba. Pero igual empezó un momento de su vida donde… callaba lo que creía conveniente mantener oculto… Él se fue cerrando al mundo, ¿por qué? “La muerte de Wann fue una consecuencia de los actos de Adel”. - Pero qué fue lo que hizo, ¿cuáles actos? ¿Por qué tienen consecuencias? “Y lo pagó, era una deuda grande”. - ¿Pagó con la muerte? Oh claro, - bufó – y aquí viene la mejor parte. “Gracias Lydie, estás ejerciendo tu papel de manera increíble. Esperamos que no te salgas de los parámetros, no queremos que arruines tu carrera después de tantos años actuando a ser una buena chica". - Sé que hablan de Ladyn, pero ¿cómo sabe de ella? – Dudó Lydie. Lydie sabía que no estaba siendo del todo lógica con esa pregunta. Su piel humana siempre había sido la misma, había cambiado con los años para crecer según las leyes del tiempo para envejecer cada vez un poco más. Pero debía ser honesta: era difícil diferenciar a ambas personalidades porque tenían diferentes pieles. Ladyn tenía la piel blanca, llena de pecas, labios delgados, ojos grandes, y su color de cabello era plateado, muy brillante y llamativo. En cambio, Lydie, era morena, labios gruesos, ojos almendrados, con cabello n***o hasta la cintura que caía en leves ondas. Hasta las voces tenían leves diferencias. Ladyn tenía una voz un poco chillona, casi angelical, Lydie tenía la voz gruesa, profunda. Eran, en definitiva, dos personas, dos personalidades, dos razones para mantener los recuerdos bajo un complicado hechizo. Aunque en este, los demás no podían escanear esas horribles memorias, para ella si podían surgir y revivir de vez en cuando. Pues era para evitar a algún Memoriae en su cabeza, pero no podía poner límites tan grandes a su propia mente. Su palacio mental era delicado, pero en esa zona, en esa habitación, todo estaba roto, chamuscado y resultaba desagradable a la vista de cualquiera que fuese un poco sensato. Había magia allí que también prefirió no volver a conjurar, pues era pesada, horrible y destructiva. Consideró que, para cambiar, debía dejar muchas cosas bajo llave por su propio bienestar. El sol siguió bajando hasta atenuarse totalmente, la sala empezó a oscurecerse, y con su mano libre, encendió la luz de un chasquido para mover el interruptor sin moverse del mueble. Las letras seguían suspendidas en el aire, necesitaría de Kir para responder todas las dudas que tenía rondando en su cabeza, ¿y quién mejor que la mano derecha de Adel para solventarlas? - Me alegra saber cocinar en este momento de mi existencia humana… - Murmuró. Agitó el dedo índice, apuntó al papel y las letras regresaron a su lugar en cinco segundos. Se hizo la cena, se sintió frustrada, y se metió en su cama. “Esperar… Sólo me queda esperar, y… Agh, seguir actuando”, pensó mientras se revolvía entre sus sabanas. Odiaba dar la razón a algo que le generaba tanta incomodidad. No lograba dormir, y decidió hacer su segunda actividad favorita después de dibujar, meterse en la ducha a replantearse todas sus decisiones. Se quitó la ropa con tranquilidad, recogió su cabello, abrió la llave y dejó que el agua caliente corriera un poco antes de entrar. - Nada mejor que sumirme en la miseria mientras los músculos se relajan con el agua caliente. – Dijo con ironía. Aquello duró un rato, se quedó allí dejando que el agua le chocara contra la nuca. Muchos pensamientos le surgían, quería golpear la pared pero le pareció estúpido. Se calmó un poco más, y finalmente salió con los dedos arrugados por el vapor. Buscó ropa cómoda, se metió en la cama, y trató de ignorar al mundo que ahora tenía los ojos puestos sobre ella. - Atención, justo lo que me gusta. – Susurró antes de bostezar y quedarse dormida.
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