No, no, no ¡No podría haberme arrastrado hacia él! Empecé a caminar de un lado a otro, mientras me comía mis uñas. El miedo se arraigaba con intensidad por todo mi cuerpo, estaba entrando en crisis. —¿Qué te ocurre?— Escuché su voz a lo lejos, mi corazón palpitaba fuerte, mi mente se bloqueaba, mis manos y cuerpo temblaban descontroladamente. Me adentré en el balcón y me dejé caer al suelo de este, hasta quedar recargada sobre el concreto blanco. Me abracé a mí misma y poco a poco el pasado me avasallaba con tanto realismo. No de nuevo No él No quería caer en esa oscuridad. Él ya no estaba en la cama, se puso un pantalón y se me acercó. Me levantó de un brazo y me hizo verlo de frente. —No sé qué tengas, pero no tolero ver lloriquear a nadie.— Increpó con brusquedad. —Así que no lo

