Capítulo 21. Una venganza que necesita fuerza y conocimiento. Pero en ese momento, la puerta se abrió suavemente. Madame Nadia entró, portando una bandeja con té y un libro de gramática bajo el brazo. Al verme despierta, una chispa de alivio cruzó su mirada severa. - Veo que la señora ha decidido despertar – nos dijo la anciana, acercándose a la cama. - Nicolás, el abuelo te espera en el despacho. Tania ha estado haciendo preguntas y Don Vladimir está a punto de perder la paciencia – Nicolás me dio un suave beso en la frente, con una promesa silenciosa de que volvería pronto, luego salió de la habitación sin decir una palabra más. Me quedé a solas con Madame Nadia. La anciana me sirvió el té y me miró con una intensidad que me hizo enderezar la espalda. - Él no quiere que aprendas,

