Capítulo 22. Una dolorosa verdad. Pasamos las siguientes horas en un ejercicio agotador. Mientras las criadas entraban a cambiar las flores o a traer bandejas con frutas, yo adoptaba la expresión vacía de la "lamentable esposa extranjera confundida". Miraba por la ventana con aire ausente, distraído, dejando que hablaran entre ellas sobre lo pálida que estaba o sobre lo mucho que Don Vladimir se quejaba por no poder observar ningún avance en mi... incluso le había dicho a la Madame que aumentara el tiempo de dedicación... pero como el doctor lo había prohibido no le quedaba más que aceptar. Nadie en la mansión sabía que, bajo esa máscara de estupidez, yo estaba absorbiendo cada palabra, y registrando tanto nombres y como quejas. - Vnimaniye (Atención) – me susurró Nadia cuando estuvim

