Destino final... Luna de miel

2092 Words
Todo el mundo nos desea un buen viaje, Buenos deseos, contemplo cada cara, nadie conocido, solo mi madre, nadie de mi familia está, no es que tenga mucha, pero ni mi tía, ni su hija están acá, de seguro no saben nada de esto. Todos los invitados son por parte de él, cada hombre anda con su pareja y varios de ellos con una muchachita menor, mucho menor, de seguro muchas han pasado por esto y eso me pone los pelos de punta, aun no podía creer que alguien más pudiera estar haciendo esto, creía que él era el único ser despreciable de esta tierra, pero en este matrimonio pude darme cuenta que no soy la única desdichada a la que le arruinaron la vida. Caminamos por el túnel que formaron cada uno de los invitados y llegamos hasta un auto n***o, con los vidrios polarizados, subo yo primero, viendo por última vez a la persona que me trajo a este mundo, quien me entregó sin el más mínimo remordimiento al mejor postor, todo en esta vida se paga y sé que su momento llegará. Me acomodo y pongo mi cinturón. Al lado mío va el, mostraba su perfecta sonrisa a todos hasta que la puerta se cerró, apenas lo hizo se sacó la chaqueta y desabotono su camisa, ese simple movimiento hizo que su perfume impregnara el pequeño espacio, el hombre fornido estaba manejando, alguien a quien ya me acostumbraba a ver cerca de el todo el tiempo, de pronto una ventana nos separó de él y quedamos solos y en absoluto silencio. No trato de tomarme ni mucho menos acercarse a mí, simplemente miraba a través de la ventana el camino, que nos llevaría a nuestro destino. Sé que vamos hasta el aeropuerto, por la ruta que tomamos, miro por la ventana, pero sé que él no me quita la vista de encima, a pesar de no hacerlo directamente lo hacía a través de mi reflejo en la mampara que nos separaba, de reojo veo que mueve su mano, quizás quería tomar la mía que descansaba sobre mi pierna, pero al ver mi reacción se detuvo, automáticamente la corro y espero entienda el mensaje… no te quiero cerca. Gracias a dios no lo intenta de nuevo, al menos por ahora, pero sé que no durara mucho, ahora era su esposa y estaría más cerca de lo que querría. — ¿no quieres saber a dónde vamos mi muñeca? — Lo miro enfadada, jamás me había llamado de esa manera pero lo odiaba, me hacía sentir sucia — si es contigo, prefiero no saber nada. — por supuesto que conmigo, no te dejare a sol ni a sombra, no podrás librarte de mí durante estos dos años — No le respondo, me da igual a donde vayamos. Solo quiero que esto acabe, que los días y meses pasen lo más pronto posible, quisiera cerrar los ojos y que al despertar nada de esto sea real., desaparecer por completo. ************************* El destino final fue Brasil, el viaje fue muy largo y agotador, llegamos de noche en un avión privado y todo el tiempo me mantuve alejada de él, temía que quisiera tomarme, pero agradezco que no intentara nada conmigo, no habría podido soportarlo, a pesar de que había una habitación, preferí estar en los sillones, lejos de él. Mis maletas las cargaba otro hombre, empleado de él, calvo y muy grande. Ni siquiera sé que tengo en esas maletas, nada de lo que va ahí lo empaque yo, nada de esto lo habría querido yo, si me conociera un poquito sabría que el clima tropical no es de mis favoritos, preferiría acampar entre montañas, la nieve, el frío. Pero el jamás siquiera ha intentado saber cuáles son mis intereses, en todos los meses de noviazgo solo se dedicó a que los medios nos vieran, siempre me llevaba a lugares que solo él conocía, no pude salir más porque sus guardias estaban en todos lados, nunca pude volver a ver a ese hombre. El camino al hotel es muy corto, todo estaba previsto y perfectamente planeado, apenas llegamos nos llevaron a nuestra habitación, todos aquí lo conocían, y nos daban la felicitaciones, si supieran realmente como fue que llegue a sus brazos, como fue que estoy a su lado ahora, quizás me ayudarían y salvarían de este calvario, o quizás ellos lo saben y son cómplices de él y todo lo que hace. ¿Podría ser posible? — por ahora puedes descansar muñeca. — no me llames de esa manera, no me gusta, no soy tu muñeca ni de nadie. — está bien. Ve a ducharte y… — ¡jamás! Escúchame bien, ¡jamás! tendrás algo de mí, pensé que lo tenías claro desde que decidieron por mí, pudieron hacer lo que querían con mi vida, pero no me entregare a ti, eso nunca pasara, busca quien pueda complacerte, porque yo no lo haré, en el contrato no está nada de eso. — ¡No! ¡Ya cálmate Lisandra! — tu… no… dijiste que… — no comprendía porque me decía eso — No, no te tomare a la fuerza, no soy un violador. — su confesión me tomaba por sorpresa, creía que solo quería tener sexo conmigo, tenerme en su cama y abusar de mi — duerme, Ya mañana será otro día, disfrutaremos juntos, habrá mucha gente tratando de tomarnos fotos y no quiero que ningún detalle pueda dañar todo esto. — ¿Dónde vas a dormir tu? — junto a ti, una cosa es que no te obligue a tener sexo conmigo, pero otra muy distinta es que me eches de mi dormitorio, eres mi esposa y dormirás a mi lado, te guste o no — Nunca. — veo la ira en sus ojos, se acerca a pasos agigantados y se pone frente a mí, su cuerpo es imponente, su presencia muchas veces me asusta y más aún cuando se pone de esta manera, aguanto las ganas de llorar, no le daré en el gusto, jamás me vera rendida ante él y nunca le demostrare miedo. — quizás todo esto sea una farsa, pero me vas a respetar y sobretodo nuestro acuerdo, eres mi esposa, aprenderás que el que manda soy yo. Ahora vete al cuarto. Mañana debes conocer a una persona. Te quiero presentable a la nueve para el desayuno. ¡VETE YA! Camino rápidamente, casi corriendo, y me meto a la recamara que tiene mis maletas dentro y cierro con llave, me derrumbo por completo cuando estoy sola, lloro y lloro, no sé qué más hacer. Me despierto y veo que aún estoy en el piso, no sé en qué momento me dormí, el cansancio paso la cuenta, me levanto con cuidado y siento que todo mi cuerpo duele, por supuesto, estaba en el piso, voy hasta la puerta que supongo es el baño, meto y me lavo la cara, veo que la tengo un poco inflamada de tanto llorar. Voy hasta el dormitorio y veo en el reloj del velador que aún son las 5 de la madrugada, pero ya no tengo sueño, voy hasta el balcón y abro las puertas de vidrio, de lejos se ven pequeñitos rayos de sol, la vista hace que olvide por un segundo lo que estoy pasando, cierro mis ojos y siento el cálido aire rosando mi rostro, el no vino a dormir, no se acercó a mí y al menos no tuve que soportar su presencia esta noche. Cierro los ojos y respiro profundamente, Dos años, dos malditos años, Voy hasta las maletas y comienzo a desempacar, necesito distracción. la abro y saco una por una las prendas, vestidos, jeans, poleras, sandalias, tacos, vestidos de noche, ropa interior toda de encaje y seda,. Nada es de mi gusto, yo solo quiero unas zapatillas y un buzo, no esto, no quiero mostrarme así. Guardo todo en el closet y voy hasta el bolso de mano, ahí hay perfumes, cremas, tampones, cepillo, peinetas, maquillaje, todo lo que una mujer con dinero quisiera, Todo lo que una mujer cualquiera quisiera, menos yo. Dejo todo ahí y me voy a la ducha, estoy ahí por mucho tiempo, sintiendo como cada gotita cae sobre mi cabeza y se desliza por mi cuerpo. Salgo y seco mi cabello, aun son las 7, tengo dos horas a mi favor, voy hasta un pequeño tocador y pongo maquillaje en mi rostro, tratando de ocultar la hinchazón, luego voy hasta el closet y elijo un jeans ajustado con una blusita transparente y pongo una polera debajo. Me pongo unas sandalias y ya estoy lista a las 7:45, me tiro sobre la cama esperando la hora y no me doy cuenta como me quedo dormida. — ¡ABRE LA MALDITA PUERTA LISANDRA! — Gritan desde el otro lado — ¡AHORA MISMO! Me levanto rápidamente y veo el reloj, son las 9:05, dios, ya estoy en problemas, voy hasta la puerta y abro, entra como un rayo, me toma de los hombros y me aprisiona contra la pared dejándome casi sin respiración. — TE DIJE A LAS NUEVE LISANDRA, ¡A LAS NUEVE!... Que parte no entendiste, fui muy claro contigo. — yo... Yo me... dormí... estuve temprano lista, pero me gano el sueño — le digo casi sin voz, Al ver que casi no puedo respirar por el miedo, me suelta cayendo al piso recuperando el aliento. — cerraste la puerta, de nuestro dormitorio, tuve que pasar la noche en el sofá — ahora recordaba que le había puesto llave anoche, creía que me iba a castigar, estaba esperando algún golpe, pero su mano resonó en la pared — es la última vez, entendiste, te espero en cinco minutos, ni más ni menos. Me levanto a rastras y voy rápidamente al baño, tosiendo y recuperando la respiración, Me miro al espejo y arreglo la máscara que se corrió un poco con las lágrimas acumuladas en mis ojos. Tomo aire profundamente y salgo, voy hasta donde está el y me siento frente a frente. Comienza a comer y lo hago yo también En silencio. Cuando termina se limpia su boca con la servilleta y me mira — Tendrás un guardaespaldas — dice sin más — no quiero que hagas estupideces así como las que hacías cuando vivías con tu madre y eras mi prometida, estarás vigilada en todo momento. — Me paro enfadada, hasta la silla se cae a mis espaldas — no tendré un maldito guardaespaldas todo el tiempo, puedo cuidar de mi misma, no haré nada, estoy en un lugar que no conozco no podré hacer nada — cuida tu boca Lis, ¿o quieres que lo haga yo? No te gustará — se comportarme, no necesito un guardia todo el día, puedo hacerlo sola, me comportaré, lo prometo, por favor — le supliqué — no es lo que tú quieras, es lo que yo digo y ordeno. Y mi palabra es ley aquí y donde sea — eres un maldito, te juro que... — me paré golpeando la mesa con mis manos — ¿Qué acabas de decir?... ¡que me juras!, en estos momentos estas en mis manos Lisandra. Ahora cállate. — Tira unas cosas frente a mí — esa es tu tarjeta, puedes ocuparla en lo que quieras, cómprate un teléfono, Damián te acompañará. — ¿Quién es Damián? — tu guardaespaldas, el hombre que elegí para ti, te estaremos esperando en una hora, necesito hablar con el primero en privado. Una hora Lis, nada más. Ve a cambiarte. — pero si lo hice hoy, estoy bien así. — cámbiate a algo adecuado para una señora, no hablare de nuevo. — y se va, desde la puerta entra una mujer que se lleva todo y sin nada más que hacer voy y me cambio. Elijo un vestido y me quedo con las mismas sandalias. En una hora estoy golpeando su oficina. — Entra amor — dice gritando con una voz que no le había escuchado antes ¿Qué le pasa? Lo hago y camino frente a él. — Damián te presento a mi bella mujer, Lisandra. — Claro por eso me hablaba con tanto cariño, está acompañado, Sin ganas estiro mi mano, La toma suavemente y le da un apretón, levanta mi mirada y quedo sin respiración — un gusto señora. — y su voz, escuchar esa voz me hizo volver el tiempo, era el, el guardaespaldas, pero como fue que llevo hasta aquí, sabía que me reconocía, pero no dijo nada — soy Damián, su guardaespaldas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD