Capítulo:5

919 Words
Cuando empiezan a elegirte. El proyecto salió mejor de lo esperado. La presentación fluía con precisión, los gráficos estaban claros, los tiempos exactos. Valeria se movía con seguridad entre documentos, preguntas y ajustes de último minuto. No improvisaba: dominaba. —Excelente trabajo —dijo uno de los directores al finalizar—. Se nota la organización. Sebastián la miró desde la cabecera de la mesa. No sonreía, pero había algo distinto en su expresión. —Lo es —respondió—. Todo pasó por ella. Valeria bajó la mirada, conteniendo la emoción. No estaba acostumbrada a ser reconocida en voz alta. Cuando la sala quedó vacía, Sebastián cerró la carpeta. —Te lo dije —dijo—. Confío en tu criterio. —Gracias —respondió—. Solo hice mi trabajo. —No —corrigió—. Hiciste más que eso. Hubo un silencio breve. —Viajo mañana —añadió—. Presento el proyecto en Monterrey. Lo miró. —Necesito que me acompañes. Parpadeó. —¿Yo? —Eres mi asistente —dijo con naturalidad—. Y conoces cada detalle mejor que nadie. Asintió, intentando ocultar el temblor en las manos. —Claro. ⸻ La reacción de Renata no se hizo esperar. —¿Un viaje? —preguntó, incrédula—. ¿Con tu asistente? Estaban en su apartamento, rodeados de una comodidad que siempre había sido de ella. —Es trabajo —respondió Sebastián—. Ella preparó el proyecto. Renata dejó la copa sobre la mesa con demasiada fuerza. —Nunca llevas a nadie —dijo—. Nunca lo hiciste conmigo. —No es lo mismo. —¿Ah, no? —su voz se tensó—. Entonces dime qué es distinto ahora. Sebastián guardó silencio. —¿Desde cuándo confías tanto en alguien? —insistió—. ¿Desde cuándo esa chica es imprescindible? —No exageres. Renata se acercó, bajando la voz. —No estoy exagerando. Estoy sintiendo. Lo miró con una mezcla de miedo y enojo. —Y no me gusta nada que sea ella. Sebastián suspiró. —Renata, es solo un viaje. Ella negó con la cabeza. —No —dijo—. Es una elección. ⸻ Esa noche, Valeria hizo la maleta con cuidado. Poca ropa. Muchos nervios. Pensó en su madre, orgullosa. En Camila, emocionada. En Sebastián… concentrado. No pensó en Renata. Todavía. Se acostó tarde, con la sensación de estar cruzando una puerta invisible. Porque hay triunfos que no se celebran. Solo se presienten. Y ella acababa de ser elegida. El viaje no era solo de trabajo** El aeropuerto estaba lleno de gente que iba y venía sin saber nada de nadie. Valeria caminaba junto a Sebastián revisando documentos en la tablet, concentrada, profesional. Así debía ser. —La diapositiva final necesita cinco segundos más —dijo ella. —Lo vi —respondió él—. Lo ajustamos en el hotel. Asintió. Todo normal. Todo correcto. —Valeria. La voz la hizo detenerse. Renata se acercaba hacia ellos con una sonrisa perfecta, un abrigo elegante y una seguridad que incomodaba. —Hola —dijo—. Espero no llegar tarde. Valeria miró a Sebastián, confundida. —Renata viene con nosotros —explicó él—. Surgió anoche. Surgió. —Claro —respondió Valeria—. No hay problema. Renata la miró como si acabara de confirmar algo. —Me pareció justo acompañarlo —dijo—. Después de todo, es un viaje importante. Sebastián no comentó nada. ⸻ En el avión, el destino decidió acomodarlos sin pudor. Sebastián en el asiento del medio. Renata a la ventana. Valeria al pasillo. Demasiado cerca. Demasiado lejos. Valeria abrió la laptop, enfocándose en el trabajo. No quería pensar en nada más. —¿Siempre eres tan aplicada? —preguntó Renata sin mirarla. —Intento hacer bien lo que me corresponde —respondió Valeria. —Qué bien —dijo ella—. A Sebastián le gusta la gente que sabe cuál es su lugar. Sebastián se movió incómodo. —Renata… —Solo converso —sonrió ella—. ¿O ya no se puede? Valeria no respondió. No porque no pudiera. Sino porque no quería entrar en ese juego. Sebastián inclinó la cabeza hacia ella. —No tienes que trabajar ahora —murmuró—. Descansa un poco. Ese gesto. Esa cercanía. Renata lo notó. —Siempre tan considerado —dijo—. Antes no eras así. Él no respondió. ⸻ En el hotel, el ambiente se tensó aún más. —Reservé dos habitaciones —anunció Renata con naturalidad—. Una para nosotros… y otra para Valeria. Valeria asintió, agradecida. —Perfecto. Sebastián la miró un segundo más de lo necesario. —Mañana salimos temprano —dijo—. Descansa. —Buenas noches —respondió ella. Cuando Valeria se alejó por el pasillo, Renata habló en voz baja. —No me gusta —dijo. —¿Qué cosa? —Cómo te mira. —Es mi asistente. —No —corrigió—. Es una mujer que te admira. Sebastián cerró los ojos un instante. —Estás imaginando cosas. Renata sonrió sin alegría. —O tú estás dejando que pasen. ⸻ En su habitación, Valeria se sentó en la cama sin encender la luz. Pensó en el avión. En las palabras medidas. En las miradas cruzadas. No había pasado nada. Y aun así… todo se sentía distinto. A veces la trampa no está en lo que ocurre, sino en lo que empieza a ser inevitable. Y el viaje apenas comenzaba.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD