Capítulo:19

980 Words
Cuando el pasado toma asiento El salón principal de la empresa estaba lleno. El murmullo elegante de conversaciones calculadas, copas que chocaban suavemente y pasos seguros sobre el mármol pulido creaban la atmósfera perfecta para lo que sería uno de los anuncios más importantes del año. Valeria había llegado temprano, como siempre. Supervisó cada detalle con precisión casi obsesiva: el orden de los asientos, la iluminación, el sonido, las carpetas con el logo de la empresa alineadas frente a cada invitado. Era una noche clave. Y ella lo sabía. Sebastián apareció a su lado poco antes de que iniciara el evento. —Todo está impecable —le dijo en voz baja—. Como siempre. Valeria le dedicó una sonrisa profesional, aunque por dentro sentía un leve nudo en el estómago. No sabía por qué. Tal vez era solo la presión del momento. —Gracias —respondió—. Ya están por llegar los socios. Sebastián asintió y se dirigió al escenario. El presentador tomó el micrófono y el murmullo fue apagándose poco a poco hasta quedar en un silencio expectante. —Esta noche —anunció— marca el inicio de una nueva etapa para nuestra empresa. Nuevas alianzas, nuevos proyectos y una visión más ambiciosa de crecimiento. Aplausos educados llenaron el salón. Valeria se mantuvo a un costado, atenta, profesional, con la carpeta de apoyo entre las manos. —Comenzaremos presentando a la primera representante de esta alianza estratégica —continuó el presentador—, quien actuará como enlace directo y portavoz de los intereses de su familia dentro de la empresa. Las puertas del salón se abrieron. Renata entró. Elegante. Segura. Dueña de cada paso que daba. Pero no venía sola. Del brazo de Renata caminaba un hombre que hizo que el mundo de Valeria se detuviera por completo. Miguel de la Fuente. El aire abandonó sus pulmones. No necesitó escuchar el nombre para saber quién era. Reconocería ese rostro en cualquier lugar, en cualquier vida. El mismo porte seguro, la misma expresión confiada, el mismo hombre que había amado… y que la había dejado cuando más lo necesitaba. Valeria sintió cómo el corazón le golpeaba con fuerza el pecho. Renata sonrió, disfrutando cada segundo. —Con ustedes —dijo el presentador—, la señorita Renata, quien estará acompañada por el arquitecto Miguel de la Fuente, representante directo de los intereses de su familia en esta nueva sociedad. Los aplausos estallaron. Miguel alzó la mirada… y la vio. Sus ojos se encontraron con los de Valeria y el reconocimiento fue inmediato. Hubo un destello de sorpresa, seguido de una sonrisa lenta, peligrosa, cargada de recuerdos. Sebastián, desde el escenario, notó el cambio en el rostro de Valeria. La rigidez en su cuerpo. La manera en que sus dedos se aferraron a la carpeta. Siguió la dirección de su mirada. Y entendió. Su mandíbula se tensó. Renata tomó el micrófono. —Es un honor para mí anunciar que Miguel será quien supervise y gestione los proyectos en los que mi familia tiene participación directa —dijo con voz firme—. Confiamos plenamente en su capacidad y experiencia. Valeria apenas escuchaba. Todo el salón sabía la verdad. Todos sabían que Miguel había sido su pareja. Que habían estudiado juntos. Que su ruptura no había sido amable. Las miradas comenzaron a cruzarse. Los murmullos crecieron. Miguel bajó del escenario y pasó cerca de Valeria. Lo suficientemente cerca como para que solo ella lo escuchara. —Vaya… —susurró—. El mundo sí que da vueltas. Valeria levantó la cabeza, firme. —Más de las que imaginas —respondió. Renata los observaba, satisfecha. Marco territorio, decía su mirada. El presentador retomó la palabra, intentando devolver la calma. —A continuación —anunció—, presentaremos al segundo socio estratégico que se integra a esta nueva etapa de la empresa. Un inversionista internacional que participará de manera activa en los proyectos de expansión. Las puertas se abrieron una vez más. —Con ustedes… Gabriel Montoya. El nombre resonó con fuerza. Un hombre de porte elegante entró al salón con paso seguro. Traje oscuro, mirada profunda, presencia imponente sin necesidad de imponerse. No sonreía de más. No buscaba atención. La tenía. Valeria levantó la vista. Y algo en su interior se movió. No lo conocía. Pero lo sintió. Gabriel recorrió el salón con la mirada hasta que sus ojos se encontraron con los de ella. Se detuvo apenas. Una fracción de segundo que pareció eterna. Él frunció ligeramente el ceño. Ella sintió un nudo extraño en el pecho. —Es un honor volver a mi país —dijo Gabriel al tomar el micrófono— y formar parte de esta empresa. Mi intención no es solo invertir, sino involucrarme directamente en los proyectos y aportar mi experiencia. Los aplausos fueron más intensos. Sebastián observaba atento. Algo en esa escena no le gustaba. La manera en que Gabriel miraba a Valeria. La forma en que ella parecía… desconectarse del mundo por un segundo. Gabriel bajó del escenario y se acercó directamente a ella. —Tú debes ser Valeria —dijo con una voz serena—. Soy Gabriel Montoya. Valeria asintió, intentando mantener la compostura. —Sí, señor Montoya. Bienvenido. Soy la asistente del CEO. Gabriel sonrió apenas. —Me alegra conocerte —dijo—. Tengo la sensación de que trabajaremos muy de cerca. Cuando estrecharon las manos, ambos sintieron una sacudida breve, inexplicable. Renata observaba desde lejos, incómoda por primera vez. Miguel también. Algo no estaba saliendo como ella lo había planeado. La presentación continuó, pero el ambiente ya estaba cargado. Pasado y presente compartiendo el mismo espacio. Secretos aún dormidos caminando entre copas y aplausos. Valeria respiró hondo. No sabía que ese hombre era su padre. No sabía que la sangre había reconocido antes que la razón. Solo sabía que, a partir de esa noche, nada volvería a ser simple.
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