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―Sí ―acepto con muchas emociones en mí ―acepto, si quiero casarme contigo.
Se levanta rápido y me toma por la cintura para hacernos girar y reír de emoción ambos felices.
―Te amo ―grita sin dejar de hacernos dar vueltas ―te adoro ―afirma y entonces se detiene y en seguí toma mis labios haciendo que nos perdamos en un beso cálido que inicia lento y me transmite la mayor muestra de amor que hasta ahora hemos vivido.
El beso termina y entonces nuestras frentes se unen y él comienza a reír mientras me abraza más cerca de su cuerpo. Al separarnos toma mi mano izquierda y coloca el hermoso anillo en mi dedo anular y deja un beso sobre este.
―Eres lo mejor que tengo en mi vida ―murmura mientras me ve con intensidad ―nuestras vidas están hechas para siempre estar juntas; y pronto será hasta que la muerte nos separe, pero yo te amare aun muerto.
Sus palabras me hacen sentir un pequeño susto en mi estómago, sin embargo no le doy importancia pensar o mencionar morir en un momento tan bello e importante como este me parece algo muy fuera de lugar, pero todo eso se me olvida cuando toma con sus manos mi rostro y entonces nos perdemos en la pasión, terminando sobre la alfombra y abrazados disfrutan de nuestros cuerpos que se sincronizan y armonizan con el calor que nos otorga la chimenea, el crepitar del fuego arrulla nuestras suaves caricias mientras somos arrullados por el sonido de la brisa que es tan fuerte que pareciera cantar alto.
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Ese fin de semana sin duda alguna fue más que fabuloso, no solo nos amamos hasta el cansancio sino que pasamos horas sobre el prado e hicimos picnic que complementaron la perfección de estos días.
Cuando se termina el tiempo de descanso, me encuentro con ganas de no volver a nuestros quehaceres y poder quedarnos más tiempo, volver nos lleva a los tiempos sin vernos ya que sus funciones como fiscal principal del juzgado no le permite ausentarse de los procesos penales de la ciudad y además cuando hay algún asesinato debe presentarse en la escena y asegurarse que todo se ejecuta sin faltar a ninguna Ley.
Vamos en el auto ya de regreso hemos decidido regresa con antelación para así poder disfrutar del viaje, llegar y descansar antes de que mañana nos sumerjamos en nuestros compromisos.
―Me ha dicho, Emmanuel, que este año luego del proceso de aprobación de leyes, el fiscal general se retirara.
―¡Oh!, vaya y eso a qué se debe ―consulto asombrada, por lo general las personas que logran llegar a ese cargo solo son cambiadas por fuerzas mayores o por vejez, pero el fiscal actual es un hombre joven.
―Según me comento, lamentablemente su esposa está muy enferma ―me cuenta mientras vamos reduciendo los kilómetros que nos separan de nuestra realidad.
―Es una pena, es una chica joven, las veces que coincidimos en alguna parte del juzgado converse con ella y fue agradable ―Comento sintiendo un poco de pena por ambos ― ¿Será grabe?
―No lo sabemos. Lo cierto es que solo lograron hacerlo estar hasta las evaluaciones de las leyes ―responde y se queda pensativo por un buen tiempo para luego asombrarme con sus siguientes palabras:
»Dejaría de vivir.
―Cómo ―Pregunto desconcertada, al no entender a que se refiere.
―Perdona, estaba pensando en qué haría yo en su caso, si estuvieras enferma o no existiera la posibilidad de que siguieras a mi lado ―Explica con gesto serio en su rostro y su tono de voz firme transmitiendo veracidad en su declaración ―Entonces me doy cuenta de algo ―continúa mientras de pronto detiene el auto a la orilla de la carretera.
―¿Por qué paramos? ―consulto extrañada.
―Me di cuenta de que si tú no estás ―explica mientras se gira y desabrocha su cinturón, tomando mi rostro con su mano y acercándose a mí haciendo que nuestras miradas se queden fijas la una a la otra ―Yo dejo de existir.
Me besa dejando claro la intensidad de su afirmación.
―No puedes decir esas cosas, si algún día yo no estoy, tú debes seguir no puede perderte por no tenerme, sea la circunstancia que sean…
―Solo la muerte puede separarnos, y mientras eso no suceda nunca me alejaría de ti, te amo inmensamente. Ya te dije que aun muerto te seguiría amando y a tu lado.
Miro fijamente esos ojos que me enloquecen y que ahora se encuentran oscuros pero no una oscuridad que se pueda ver sin sentir una pequeña vocecita de alerta…