Dentro del teatro la mayoría de los asientos ya estaban ocupados por los espectadores, quedando solo unos cuantos vacíos. Tomamos nuestros lugares en la quinta fila frente al escenario y la orquesta musical. Un lugar, a mi parecer, lo suficientemente bueno como para poder observar todo el escenario sin sentir que los bailarines estaban encima de nosotros.
Era mi primera vez en un lugar así, tan elegante y hermoso. Las butacas acolchonadas y forradas en terciopelo rojo a juego con el gran telón con detalles en dorado junto con el escudo real en el centro. El recinto era de tres pisos, con los balcones a los laterales ocupados al parecer por personas aún más importantes y adineradas que mis acompañantes. El teatro del Royal Opera House era tan hermoso y a la vez sencillo, que ni en mis mejores sueños habría imaginado algo así.
Los murmullos en el lugar cesaron cuando las campanadas indicando la tercera llamada y las luces apagándose en el lugar dieron inicio a la función. Comencé a parpadear rápido evitando llorar de la emoción cuando la orquesta comenzó a tocar los primeros versos y el telón se abrió un par de segundos después. De verdad traté de no llorar, pero me fue imposible no derramar un par de lágrimas. Todo era demasiado hermoso para ser real que inconscientemente a mi lado tomé la mano de Memphis. Necesitaba saber que no estaba soñando.
—¿Estas bien? —murmuró a mi lado, sorprendido por mi reacción.
Su fría y áspera mano en contacto con la calidez de la mía me estremecieron. Aquel contraste de temperaturas hizo que una corriente eléctrica me recorriera erizando mi piel. Era una sensación extraña pero placentera.
Embriagada por la mezcla de sentimientos atiné a asentir y con voz un poco entrecortada dije:
—Es solo que esto… esto es hermoso.
Sin despegar la vista del escenario y bajo la escasa luz pude sentir como se formaba una sonrisa de satisfacción en su rostro. No dijo nada y solo me dio un ligero apretón reconfortante. En otra ocasión me habría parecido extraño que no soltará algún comentario burlón, pero en ese momento lo único que me importaba eran los bailarines en el escenario.
Los vestuarios y maquillaje a la distancia eran perfectos. La precisión y perfección con la que los bailarines ejecutaban los saltos y las bailarinas las piruetas era irreal. La mayoría de los solos eran cortos, en especial los de las hadas madrinas, pero habían sido por mucho, lo mejor del primer acto.
El descanso a mitad de la obra llegó más rápido de lo que esperaba y mientras el resto salía a tomar aire, estirar las piernas o comprarse una bebida en la barra. Yo aproveché para recobrar la compostura y prepararme para el resto de la función, por más que me emocionará no podía seguir derramando lagrimas de la emoción.
Eran los momentos los que me dejaban reflexionando en la cantidad de veces que había que ensayar y repetir cada baile antes de presentarla en el teatro. La exigencia no solo física, sino mental por querer hacer todo a la perfección y aun así cuando se cerraba el telón siempre había algo que corregir. El ballet no era como la pintura que si había un mal trazo podías justificarlo, en el ballet si te equivocabas era muestra de ineficiencia. Una mala postura, un mal paso o un ritmo incorrecto podía costarte la carrera profesional y aun así seguir siendo hermoso.
—¿Qué tal te pareció la obra, Sofía? —preguntó Saelly mientras nos dirigíamos al área donde se llevaría a cabo la cena.
Había salido del teatro inmersa en mi mundo con la piel chinita tras los aplausos incesables con las palmas de las manos rojas y con picazón tras haber aplaudido por más de quince minutos.
Simplemente, impresionante.
Memphis y Kyle caminaban frente a nosotros, mientras que Saelly caminaba muy juntita a Chase y aunque el futbolista parecía vivir en su mundo para no darse cuenta de lo obvio; yo si lo hice. A la fotógrafa le gustaba Chase. Lo noté por la manera en que lo miraba y como no había perdido tiempo para sentarse a su lado durante la función.
—Se ha quedado sin palabras —habló Kyle cuando no respondí.
—Pues en mí humilde opinión, después de haber sido bailarín por veinticuatro horas puedo decir que aún hay cosas que mejorar —bromeó Chase.
—Lo mismo digo de su falta de gol —me burlé recobrando la compostura.
Kyle a mi lado se tensó un poco ante mi comentario y fue en ese momento que me maldije por haberlo dicho. De todos, él era el delantero, era el que se estaba llevando todas las criticas deportivas por no llevar la cantidad de goles que se esperaba de él. Y un comentario insignificante podía repercutir mucho en una persona.
—Es culpa de Memphis que no hace bien su trabajo. No puede dar una asistencia bien —respondió Chase salvando el momento.
No sabía mucho de la temporada de fútbol, sabía que para los aficionados y para los expertos el equipo estaba teniendo una mala racha tras tener tres partidos seguidos sin poder ganar. No sabía las estadísticas, pero los entrenamientos extras de Memphis en el patio de la casa no eran buena señal.
–Es culpa de Keith que se confía y de último minuto nos meten gol —se defendió Memphis— Hablando de, ¿dónde está? —preguntó observando a nuestro alrededor en busca de su amigo.
Todos negamos confundidos. Hace unos minutos estaba detrás de nosotros y un parpadear después ya no estaba.
—Tal vez fue al baño —expresó Saelly encogiéndose de hombros.
Dimos por hecho que así era y seguimos nuestro camino hasta la mesa que tenían reservada para los futbolistas. Una mesa rectangular donde era más fácil convivir y en la que podía ver con más claridad como pasaban los bailarines a nuestro lado ignorando la conversación a mi alrededor.
Veinte minutos después Keith apareció con una chica demasiado delgada con el cabello recogido en un chongo y una perfecta postura que involuntariamente te hacían enderezarte y sacar los hombros. La chica tenía que ser Aurora, no había duda. El vestido largo con corte halter rosa fucsia resaltaba su piel bronceada y aquellos ojos oscuros.
La pareja se detuvo frente a la mesa.
—¿Qué tal les ha parecido la función? —preguntó observando a los futbolistas.
—Me sigue pareciendo más interesante el fútbol —respondió Memphis a mi izquierda quitado de la pena mientras que yo lo fulminaba con la mirada.
¿Cómo se había atrevido a decir semejante barbaridad? ¡¿Cómo se había atrevido a comparar el futbol con el ballet?! Quería colgarlo por decir aquello, pero algo me decía que solo lo había hecho por molestar.
Aurora soltó una pequeña risa y muy educada dijo:
—Bueno, es que el ballet no es para todos, mucho menos para los débiles. Así que puedo entender completamente tu disgusto.
—Creo que no lo pudiste haber dicho mejor —respondió Saelly con una sonrisa.
—No creo que el ballet pueda ser mejor que el fútbol —comentó Chase—. Así como el futbol no puede ser mejor que el ballet…
—¿Entonces por qué los llevaron a clases a la academia? —interrumpió Saelly burlona.
—Por trabajo —respondió Memphis.
—La verdad no sé, no creo que una clase de danza vaya a solucionar los problemas en el equipo —opinó Keith.
De pronto éramos tres contra los cuatro futbolistas, y me sentí satisfecha porque no estaba sola en esto.
—Es que las artes no son para todos. Solo aquellos con la visión y la capacidad de ver fuera de la caja pueden dominarlo y valorarlo —opiné.
Aurora me sonrió cómplice.
—Tu debes ser Sofía —señaló y asentí—. Escuché que estudias artes.
Volví a sentir entusiasmada como niña pequeña. Tener a Aurora frente a mí se sentía más emocionante que tener a la mismísima reina.
—Pero, por favor siéntate —indiqué nerviosa el asiento vacío a mi lado derecho.
Los chicos se envolvieron de repente en una controversia sobre sus problemas en el Chelsea. Qué era lo que estaba fallando, qué debían hacer para mejorar e inclusive lograba escuchar uno que otro reclamo. A mi parecer era una conversación sana, a todos los movía un mismo sentimiento, la frustración y todos tenían un mismo objetivo. Así que fuera lo que fuera dejarlos arreglar su problema interno era la mejor opción.
Mientras que Saelly, Aurora y yo entablábamos una conversación muy distinta, conociéndonos un poco más y compartiendo nuestros gustos.
—¿De dónde eres? —Me atreví a preguntar a Aurora cuando creí que habíamos desarrollado la confianza suficiente.
La bailarina hablaba muy bien inglés, inclusive diría que se expresaba mejor que yo. Pero era ese pequeño acento donde marcaba un poco más las erres lo que la delataba.
Sonrió ampliamente como si hubiera esperado ese momento por mucho tiempo.
—México —respondió con mucho orgullo haciendo ese cambio de acento de inglés a español. Ese don de sentir dos personalidades al hablar dos idiomas o más y que no muchos tenían— ¿y tú? Te apellidas Gálvez.
—No, yo no —negué rápido—. Mi abuelo era español, pero mi padre nunca nos habló en español y yo no hice el esfuerzo por aprenderlo —expliqué arrepentida.
—Aun puedes. Nunca es tarde —comentó, Saelly—, hace un año tomé la iniciativa de aprender español y no soy la mejor, pero al menos me defiendo.
Aurora asintió apoyando su comentario.
—Puedes practicar conmigo sin ningún problema, me hará bien platicar con alguien en español. A veces siento que me vuelvo loca de hablar y escuchar en inglés todo el día —reveló soltando un bufido, que casi pude entender su sentimiento.
—O con Memphis —informó Saelly y yo la observé confundida— ¿No te ha dicho? También habla español.
Negué mientras observaba a Memphis ahora parado en la barra al fondo del lugar con una de sus manos en el bolsillo del pantalón y con la otra sostenía su vaso de whiskey mientras platicaba con un señor de mediana edad. Hace diez minutos que se había levantado al baño y en su regreso el señor lo había abordado.
—Aún hay mucho que no sé de él —confesé con la vista fija en el chico que solo conocía por nombre.