Capítulo 9: ¿Qué festejamos? II

3140 Words
Entré a casa con la cabeza gacha dejando mi bolso sobre la mesa del recibidor, tratando de retrasar mi llegada. No sabía quién era la visita, pero debía ser importante para que Memphis estuviera tan desesperado. Desde la entrada podía escuchar las risas y murmullos provenientes de la cocina poniéndome más nerviosa. —Sofía… —Escuché una voz masculina hablar frente a mí— Hola. Levanté la vista del suelo y sentí como me paralizaba mientras el corazón latía a toda velocidad. Frente a mí estaba aquel par de ojos azules que me quitaban el sueño y que no esperaba ver. No tan pronto. —Declan —murmuré sorprendida— ¿Cómo estás? La sensación de su mirada recorrerme de pies a cabeza era sofocante y embriagadora. Una sensación que no había sentido antes, un vértigo parecido a la adrenalina. —Bien… —respondió caminando tranquilamente en mi dirección, mientras yo sentía como la respiración se me atoraba con cada paso que daba— Tienes pintura en el cabello… Extendió su mano y tomó un pequeño mechón quitando los restos de pintura. Sus dedos rozaron mi mejilla y yo me sentí desvanecer ante el pequeño roce de sus nudillos. Era absurdo que alguien a quien no conocía y que solo había visto una vez en mi vida me pusiera tan nerviosa con su simple cercanía. Pero es que Declan era un monumento. Quién en su sano juicio no se pondría nerviosa con aquella estatura imponente de casi un metro noventa y aquellos ojos azules como el mar. Sin mencionar los dotes físicos que escondía bajo aquella camiseta blanca y jeans claros que erróneamente había visto. —Gracias —murmuré acalorada apartándome de su lado desorientada y nerviosa. Deje a Declan parado en el recibidor mientras huía de él por el bien de mi cordura. Estar solos no era una opción. Tan pronto crucé el marco de la puerta que daba al comedor los presentes guardaron silencio. Sentí mi rostro arder bajo las miradas curiosas, no estaba acostumbrada a ser el centro de atención mucho menos en un lugar que no conocía. Desesperada busqué a Memphis con la mirada, aunque en el fondo lo quería matar por no haberme advertido de personas como Declan. Mi novio de mentiras apareció a mi lado y nunca creía alegrarme de verlo como en ese momento. No titubeé y me lancé sobre sus brazos escondiendo mi rostro en su cuello con la intención de que no lo pudieran ver nuestros invitados. Era un abrazo para recobrar la compostura y procesar todo lo que acaba de pasar en el transcurso de cinco minutos. Memphis tardó unos segundos en corresponderme sorprendido por mi acto, pero pude sentir sus fuertes manos sostenerme con delicadeza. Inhalé profundo y el aroma fresco de su nuevo perfume me tranquilizó. —¿Qué festejamos? —pregunté sobre su oído cuando recobré el aliento. El comedor estaba adornado con globos en distintas tonalidades de azul, sobre la gran mesa había velas, copas, un arreglo floral como parte de la decoración y en la esquina sobre una de las pequeñas mesas había un par de regalos. —Mi cumpleaños —respondió, tranquilo restandole importancia. Me tensé aun sobre su agarre a la vez que el pánico se apoderaba de mi. ¡No tenía regalo! ¿Cómo había sido tan torpe y no saber su cumpleaños? era conocimiento básico—. Tranquila, tengo todo bajo control —informó como si hubiera leído mi mente. Le agradecí con la mirada y solté el aire que no sabía estaba conteniendo. —¡A ver, tortolitos! —interrumpió un chico de cabello castaño ligeramente largo, sutil barba y ojos azules que reconocí de la fiesta— Ya tendrán la noche para lo que quieran, queremos platicar con la domadora de bestias —exclamó con perfecta sonrisa. Rompí el abrazo, pero no me separé del lado de Memphis, desconocía a todos y aunque sabía que no tenían malas intenciones, de cierta manera me intimidaban. A la mayoría los conocí la noche de la fiesta en una discoteca con poca luz y música ensordecedora. Ahí sentados en el comedor con la luz suficiente parecían otras personas. Le regalé una sonrisa tímida y observé el lugar con detenimiento. En la mesa solo conocía a Laura. —Supongo que recuerdas a Keith… —expresó Memphis señalando al chico de ojos azules que nos interrumpió. Asentí en forma de saludo. —Miles y su esposa Kerry… —Señaló a la pareja y me impresionó que dijera esposa, ambos eran demasiado jóvenes para estar casados, no tendrían más de veinte años. Kerry era hermosa, con su largo y lacio cabello castaño, sus ojos oscuros enmarcado por unas pequeñas pero abundantes cejas. Mientras que Miles tenía el cabello más oscuro, la mandíbula definida y los pómulos más marcados, a simple vista te dabas cuenta de que era delgado y aun le faltaba desarrollar masa muscular en comparación del resto de futbolistas sentados en la mesa—. Kyle y Chase —finalizó señalando a dos chicos sentados al final de la mesa. Levanté mi mano tímida en saludo y dije un apenas audible:— Hola. —¿Por qué tan serios? —preguntó Declan entrando a la habitación— ¿desde cuándo se comportan? —No queremos espantar a Sofía tan pronto —respondió Miles—. Hemos esperado este día por mucho tiempo. Sonreí un poco divertida y Memphis se apartó enfadado a la cocina. Podía ver en su rostro que ya estaba cansado de los malos chistes de sus amigos con respecto a su sorprendente y repentina relación. —Les aseguro que no hay nada que puedan hacer que logre asustarme —hablé finalmente uniéndome a la conversación. —¡Uy! Es que aún no nos conoces —exclamó Keith. —Espera a que los escuches hablar —advirtió Kerry— querrás salir corriendo —Soltó una pequeña risa mientras observaba a su esposo. —Tampoco es para tanto —Se unió Laura— si yo pude aceptar los chistes malos de Miles, la imprudencia de Keith y la seriedad de Chase y Kyle. Entonces, Sofía también puede. —Bueno, tienes razón —Asintió, Kerry—. Además, no debería tener problema con un novio como Memphis… Si sus intenciones eran asustarme lo único que lograron fue irritarme. Me di media vuelta dejándolas discutir mientras me reunía con Memphis en la cocina, ahora entendía porque el futbolista había huido de la mesa. Las conversaciones girarían sobre nosotros y nuestra relación. —¿Necesitas ayuda? —pregunté parándome frente a la isla de la cocina que nos separaba. Negó, mientras sacaba la lasaña del horno— ¿Por qué no me dijiste que era tu cumpleaños? —cuestioné en voz baja. No era el momento para reclamos, pero no lo pude evitar. Él me había puesto la soga al cuello al no avisar de la fiesta y después me la había quitado al salvarme por no comprar su regalo. Necesitaba una respuesta aunque probablemente le volviera a reclamar más tarde cuando nos encontráramos solos. —Le pedí a Debby que te avisara… —Pero Debby no es mi novio —interrumpí alzando una ceja—. Además, tampoco avisaste que vendría y casi me muero de un infarto cuando la vi aquí en la cocina. Soltó una pequeña risa que quise estrangularlo. Iba a tener que comprar un pizarrón y colgarlo en algún lugar de la casa para que dejara los recados ahí, porque llamar y enviar mensajes no parecían una opción para él. Estábamos jugando al teléfono descompuesto. —Lo siento —se disculpó sosteniéndome la mirada antes de dejarme parada sola en la cocina. Si no hubiera sido porque teníamos visita y porque logré identificar un pequeño destello de culpa en su mirada lo hubiera matado. Solté un pequeño bufido antes de volver con el resto a la mesa. —Memphis nos dijo que estabas en la universidad ¿qué estudias? —preguntó Laura. —Artes plásticas —respondí tomando asiento en una de las sillas disponibles frente a ella y en medio de Memphis y Keith. —Parece que lo de hoy es enamorarse de las bellas artes —bromeó Miles. Todos en la mesa se rieron con excepción de los dos chicos a mi lado. Memphis parecía irritado, pero tenía una pequeña sonrisa socarrona en su rostro que trataba de esconder mientras observaba a Keith, por otro lado, el ojiazul a mi lado parecía afligido. —¿Por qué lo dices? —indagué. —Keith se enamoró de una bailarina de ballet —expresó, Chase mostrando los hoyuelos que se le formaban al sonreír. De todas las personas en la mesa que había escuchado hablar, Chase tenía un acento diferente, un acento que pude identificar como estadounidense. Su cabello y ojos eran de un café oscuro y sus mejillas estaban cubiertas por un manto de pecas, su barbilla ligeramente partida cubierta por una barba de dos días y una predominante manzana de Adán. —¿¡En serio!? ¿Por qué no vino? —pregunté emocionada. El ballet era una disciplina que me encantaba. Era una rama del arte que disfrutaba mucho ver, la precisión, la delicadeza y los detalles que había en cada baile me volvían loca. Además, la combinación de la danza con la música clásica era espectacular. El hecho de que uno de los amigos de Memphis saliera con una bailarina me emocionaba que no miraba el momento para conocerla. ¡Trabajar con ella sería un sueño! —Porque solo fue un amor pasajero —respondió Memphis. Mi alegría se desvaneció y se convirtió en desilusión. —La conocí en una de mis sesiones de rehabilitación cuando recién me operaron después de romperme el ligamento de la rodilla, hace un año y ya no la volví a ver… —explicó Keith cabizbajo. —No te desanimes —animó Laura— si es para ti volverá. —No lo sé… —Se unió Kyle por primera vez en lo que iba de la cena— porque, aunque lo tengas igual se va. Me estremecí al escuchar aquella voz grave y ligero acento desconocido. Kyle era guapo, pero su cabello n***o y esos ojos verde esmeralda hipnotizantes parecían ser la mascara a su sufrimiento. —Yo creo que si amas a alguien de verdad no habría razón para irte —Volvió a hablar Laura. —¿Y cuando la otra persona tiene sueños? —preguntó Kyle seco. No lo conocía, pero algo me decía que alguien lo había marcado— Para ti, Declan lo es todo, a donde va él vas tú, aun eso implique mudarse a otro país. Pero, si tuvieras un sueño y tuvieras que quedarte aquí en Inglaterra y Declan se tuviera que ir a otro país por trabajo ¿qué harías? ¿Te irías con él a seguir su sueño y dejarías atrás el tuyo? O ¿te quedarías a continuar con tu sueño? —Me quedaría y mantendría una relación a distancia —respondió Laura como si fuera lo más obvio y fácil del mundo. —Amor de lejos amor de pendejos —murmuré entre labios, pero Memphis me escuchó y me dio un ligero codazo para que me callara. Me sobé la costilla discretamente y me encogí en mi asiento ante mi comentario imprudente. Agradecí que solo Memphis hubiera escuchado porque de haber sido lo contrario me habría metido en la boca del lobo y nadie me hubiera salvado. Mientras los escuchaba debatir por ¿qué hacer en esa posición? yo me puse a reflexionar en las palabras de Kyle. ¿Qué haría yo? Y llegué a la conclusión de que: si había dejado a mi familia para seguir mi sueño ¿por qué lo dejaría por alguien más? ¿por qué ver a otra persona realizarse mientras que uno quedaba a la espera? ¿Y todo para qué? ¿por amor? Por un amor que ni siquiera te aseguraba que fuera real. Hoy en día todo era material y nadie era feliz. Así que no, no seguiría a la otra persona para dejar mis sueños en pausa. Nadie se moría de un corazón roto, el dolor era pasajero y la satisfacción por cumplir tu sueño era para toda la vida. Además, Miles y Kerry eran la muestra de que se podía seguir el sueño de cada uno y aún mantener una relación, así fuera a distancia como lo hacían ellos al ambos ser futbolistas profesionales. —La base y solución a todos los problemas es la comunicación —explicó Kerry—. Si no se entienden no van a funcionar como pareja por mucho que se amen. Creo que no hay que ser egoístas y pensar en la otra persona también. —Estoy segura de que todos aquí tuvimos que sacrificar algo o alguien para llegar a donde estamos —comenté. Para llegar lejos había que hacer sacrificios y los futbolistas eran el ejemplo más claro. Sacrificaban todos los fines de semana desde que tenían siete u ocho años para jugar, no iban a reuniones familiares, ni a fiestas con amigos, a veces pasaban un mes aislados para cumplir con un torneo de verano. Y, aun así, nadie les aseguraba llegar al nivel profesional y cuando lo hacían nadie se quejaba porque sueño cumplido era igual a vida vivida. Cada uno luchaba sus batallas, había quienes teníamos que cortar lazos sanguíneos a cambio de obtener una estabilidad emocional, pero todo tenía un propósito. Lograr ser felices. —Conmigo no fue así —respondió Laura egocéntrica recargándose en el hombro de un Declan que se había quedado mudo durante la conversación. Observé aquel acto y sentí una punzada en el pecho. Celos. Apreté la mandíbula ligeramente y quise borrarle aquella sonrisa de una. Quise decirle que su novio la había engañado y así comprendiera el pequeño dolor del que todos hablábamos. Ella lo tenía todo, tenía una relación casi perfecta y seguro también la familia perfecta. Me enfurecía que alardear de una buena vida cuando todo era a costo de los logros de su novio, pero ella ¿qué tenía para ofrecer? A mi lado Keith le daba pequeños sorbos a su vaso de agua incómodo. El rostro de Kyle expresaba tristeza y me intrigaba saber qué era lo que lo tenía tan afligido, sus palabras llevaban doble sentido y escondían una verdad que nadie hablaba. Kerry parecía divertida y volteaba los ojos en signo de —si, si, lo que tu digas. —Tenemos fe de que Keith encontrará a la chica cuando hagamos el video con el Royal Ballet —comentó Memphis tratando de cambiar de tema y aligerar el ambiente. —¿Se pondrán medias y tutú? —Se burló Declan, hablando por primera vez en un rato. —No sabemos exactamente qué es lo que haremos —respondió Keith torciendo la boca—, pero creo es una campaña publicitaria entre el ballet y el fútbol. Tomé ese pequeño momento en el que cambiaban de tema y fui a la cocina a buscar el pastel. El momento de la cena no había sido el mejor, pero al menos que el postre fuera más divertido y dulce. El postre era el pretexto perfecto para interrumpir las muestras de afecto que Laura exigía a Declan frente a mí y que solo hacían que me hirviera la sangre por no ser yo la que estaba a su lado. Abrí el refrigerador y saqué el pequeño pastel circular con betún de chocolate que había. Tomé la vela del número 24, la encendí y comencé a caminar el pequeño tramo a la mesa con cuidado de no tropezar. Chase y Kyle me observaron con una sonrisa y comenzaron a cantar. Coloqué el pastel frente a Memphis y me paré a su lado mientras cantaba con alegría. Siempre me habían gustado los cumpleaños, en especial por la parte del pastel, nadie se podía resistir a un buen pedazo y más si era de chocolate. Aunque estaba segura de que don—vida saludable— no lo iba a probar. Memphis me devolvió la sonrisa mientras me tomaba de la mano y atraía hacia él para que me sentara sobre su pierna, sentí mis mejillas sonrojarse ante su acto. Rodeó mi cintura con su brazo izquierdo y descansó su mano sobre mi muslo mientras se inclinaba para apagar las velas. Todos aplaudimos emocionados y cuando estaba dispuesta a levantarme para volver a mi lugar sus fuertes manos me volvieron a sentar. —Dame un minuto más —murmuró en mi oído. Los vellos del cuello se me erizaron y me llevé un bocado de pastel disimulando el pequeño salto de felicidad que hizo mi corazón. Frente a mí Declan nos observaba curioso, su expresión corporal decía que estaba tranquilo pero su mandíbula contraída y sus oscuros ojos me decían lo contrario. No lo conocía, estaba lejos de hacerlo, pero en el transcurso de una hora me di cuenta de que sus ojos cambiaban de color de acuerdo con sus emociones. El azul claro como el cielo que vi cuando llegué no era el mismo que estaba viendo cuando me senté en el regazo de Memphis, este era un azul más oscuro como el mar. Ver que Declan estaba celoso me hizo sentir satisfecha. —¡Es hora de los regalos! —expresó Kerry emocionada. —Si Sofía, ¿por qué no traes los regalos? —soltó Declan como orden. Lo fulminé con la mirada. —Yo los traeré —respondió Memphis, moviéndome para levantarse y lo maldije internamente mientras me volvía a sentar en mi antiguo asiento. Volvió con un par de regalos y tomó asiento, pero no presté atención a ninguno de sus movimientos. Estaba molesta por la pequeña batalla que Declan y yo nos habíamos declarado; un juego de quién ponía más celoso a quién y en el que yo iba perdiendo. Me molestaba estar celosa de alguien que tenía novia, alguien que estaba prohibido porque para ellos y ante el mundo; yo tenía novio. —¡Ow, Sofía! —exclamó, Laura con una mano en el pecho sacándome de mis pensamientos—. Bienvenida a la vida de la novia de un futbolista ¿cómo estás manejando la ausencia de Memphis cuando sale de viaje? La miré confundida y después observé a mi izquierda. Memphis sostenía en sus manos un collar de oro blanco con un dije de una pequeña letra S con pequeños diamantes incrustados. Sobre la mesa había una pequeña nota que decía: Para que me lleves siempre contigo. -S Demasiado cursi para él, pero bien jugado, porque nuestros invitados quedaron conmovidos. —Bueno, aun sigo adaptándome a una casa vacía y fría sin él —respondí honesta. Las únicas palabras con respecto a nuestra relación que no eran mentira.
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