Capítulo 19: Cena con los Ressler

2168 Words
Volver a ver a Declan era una cosa, pero volverlo a ver junto a Laura era otra, era una mezcla de sentimientos, e inseguridades. Saludarlos había sido mi acto más grande de hipocresía, y platicar con Laura como si no la hubiera apuñalado por la espalda era una humillación. Me dolían las mejillas de mantener una sonrisa falsa durante toda la cena. Era más que claro que para cuando terminara la noche yo debía estar nominada al Oscar como mejor actriz; la manera en la que manejaba la situación era demasiado profesional, y justo cuando no creía que pudiera mejorar mi nivel de mentirosa evolucionaba como Pokémon. Me impresionaba como lograba mantener la compostura en un lugar donde había demasiadas maneras de echarme de cabeza. Si yo hubiera tenido la maldición de Pinocho tendría la nariz tan grande como el país. Tener que hablar con Declan y su familia sin mencionar que sabía más de él que lo que debería era injusto, pero era aún más injusto tener a Memphis sentado a mi lado y no sentir por primera vez su apoyo moral. La sutileza con la que me ignoraba y rechazaba frente a todos, eran demasiado cordial que nadie lo notaba, estaban tan acostumbrados a la frialdad de él que una muestra publica de cariño no parecía importarles. Conocer a los Kane había sido inesperado, pero conocer a los Ressler había sido inapropiado, porque esa noche no estaba mintiéndole a una sola familia, sino a dos. —Sofía, ¿te sentaras con nosotros en la final? —preguntó Kate, la madre de Declan. Durante la conversación descubrí que la famosa final que Memphis mencionó era este sábado. Y la razón por la que ambas familias estaban tan emocionadas era porque se enfrentaban los dos mejores amigos. No era lo mismo un juego de liga donde podían llegar a empatar a una final donde solo habría un ganador y un perdedor. Era la primera vez que pasaba, porque era de lo único que hablaban. Abrí la boca y luego la cerré dubitativa buscando las palabras correctas para rechazar la invitación sin sonar descortés. —No —interrumpió Memphis serio, provocando que todas las personas guardaran silencio conmocionados—. Lo siento, pero Sofía se va a sentar en las gradas como el resto de los aficionados. A demás, no puedo dejarla interactuar con el rival. —¿No vas a dejar que se siente en el palco con nosotros? —preguntó Phoenix, asombrada. Negó seguro. —¿Quieres que te vea perder desde la primera fila? —preguntó Declan alzando una ceja. Sabía que lo estaba provocando, que mejor manera de desconcentrar a tu rival que metiéndote en su cabeza. Pero Memphis era muy inteligente, y conocía demasiado bien a su amigo como para darse cuenta de que estaba celoso y que sus provocaciones eran absurdas porque no caería en ellas. —Claro que no va a pasar, porque Sofía es mi amuleto —respondió tomando mi mano entre la suya. —Siempre con el ego alto, Memphs —habló, Declan—. Esta vez no creo que vaya a ser suficiente… ¿Qué percibía? Otro destello de celos, pero esta vez de ambas partes. —Ya veremos quién pierde más entonces… —respondió guiñándole un ojo. Fui la única que entendió aquella referencia, la única que entendió que las palabras de Memphis iban más allá de lo que fuera que pasara el sábado en el campo. Y que aquella final iba a terminar siendo una batalla de hombría. —Seamos honestos —habló Cody, el hermano mayor de Declan— todos sabemos que el Manchester City tiene mejor equipo. —Tal vez —opinó Brooklyn—, pero es fútbol y no siempre gana el favorito... Las familias argumentaban sobre quién tenía más posibilidades de ganar, según sus estadísticas y estrategias. Mencionaban jugadores y posiciones que no lograba comprender y yo solo quería salir de ahí. Acalorada por el momento, mi error más grave esa noche fue amarrarme el cabello en una cola alta. —Eso es… —señaló Laura mi cuello e instintivamente llevé mi mano— ¿¡un chupete!? Cerré los ojos maldiciendo internamente. En mi intento por alistarme rápido olvidé cubrir la marca con maquillaje y también olvidé que seguía allí. Es que no se podía ser más tonta que yo, después de los problemas que me había causado por la tarde ¿cómo podía olvidarme de algo tan importante como ocultar un chupete? La humillación de la tarde no había sido suficiente que ahora debía modelárselo a toda su familia. Quedé muda, no sabía que responder. No cuando el responsable estaba sentado frente a mí, observándome con el ceño fruncido y la mandíbula apretada. Observé a la persona sentada a mi izquierda y rogué por ayuda. —Culpa mía, lo siento —explicó Memphis, volviendo a ganar toda la atención. Ya le debía mi vida a este hombre por la cantidad de veces que me había salvado en el día. —No puedo creerlo —expresó burlona Laura— No puedo creer que el recatado Memphis haya caído en algo tan bajo como hacer un chupete. —Ay, amiga, si solo supieras que el que lo hizo fue Declan. Tu amado novio —quise decir, pero permanecí callada sintiendo mis mejillas arder. —No tan bajo como Declan, que lo hace muy seguido ¿no es así? —contraatacó divertido. Los veinte pares de ojos por millonésima vez en el día estaban otra vez sobre mí. Todos observaban mi cuello, curiosos, algunos rostros divertidos y otros no tanto. —¡Memphis, por dios! —exclamó su madre escandalizada con sus ojos sobre el chupete. —Ay no, mamá. Otra vez no —reprochó Brooklyn irritado. Podía comprender la irritación de Brooklyn, no conocía a Claire en lo más mínimo. Nadie me había advertido de su carácter, pero era molesto como se escandalizaba por cosas tan insignificantes, o al menos todo lo que tuviera que ver con su hijo de en medio. Aun lo consideraba un niño, que le costaba admitir que ya era un adulto y que por lo tanto hacía cosas de adulto. —Claire, tranquilízate —habló Kate—. Todos pasamos por esa incómoda situación al menos una vez en la vida. Además, no quieras hacerte la santa, dudo que la cigüeña haya dejado a tus hijos en la puerta de tu casa. Ya son adultos, deja que se diviertan o quieres que les cuente de la vez que… —Suficiente —interrumpió Claire, antes de que su amiga pudiera revelar cualquier cosa que la dejara en vergüenza o más bien, que sus hijos pudieran utilizar en su contra. —La próxima vez que sea en otra parte del cuerpo, Griz —aconsejó Frank, antes de recibir un codazo por parte de su esposa. —Anotado, papá —respondió divertido. ¿En qué momento habíamos pasado de recibir regaños a consejos? Mientras las señoras seguían argumentando sobre mi chupete podía sentir la mirada penetrante de Declan sobre mi cuello. No lo creía tan tonto como para no caer en cuenta que quién me había hecho aquella marca había sido él. Sin embargo, su ceño ligeramente fruncido y sus dedos apretados sobre el vaso de cristal me demostraban lo contrario. Él de verdad creía que Memphis lo había hecho. Sus celos eran inútiles, la que debería estar molesta era yo. Su impulso me había puesto en esa situación tan vergonzosa que ahora todos en la mesa pensaban que Memphis y yo nos comportábamos como adolescentes en la cama, cuando la realidad era otra. El futbolista y yo aun no nos habíamos ni besado. —…pues yo al menos sueño con que Declan tenga un hijo pronto —Kate elevó la voz lo suficiente para llamar la atención de su hijo. —Mamá… —replicó. Al parecer era algo muy normal de las madres exhibir y dejar en vergüenza a los hijos. En cambio, la mía, se avergonzaba de mí y no había necesidad de decírmelo, su expresión facial siempre lo dejaba claro. Aunque quería desaparecer de la faz de la tierra, me sentía agradecía de poder presenciar un momento así. Un momento en familia. —¿Qué? —exclamó haciéndose la inocente— Laura y tú ya llevan demasiado tiempo juntos. ¿No crees que es hora de que den otro paso? ¿una boda? ¿un bebé? No sé —Se encogió de hombros— En mi humilde opinión ya parece muy monótona su relación... —Declan y yo estamos muy contentos con como fluye nuestra relación —respondió Laura—. Tarde… o temprano llegara el siguiente paso que tanto deseas. Tomó la mano del ojiazul y sonrío ampliamente. No pude evitar sentir una pequeña punzada al corazón. Una vez más no era yo la que estaba en el lugar de Laura y nunca lo sería. Era impresionante como a estas alturas seguía poniéndome celosa por ella. —¡Ya se! Apostemos por ver quién se vuelve abuela primero —sugirió Kate emocionada. Esto se estaba saliendo de control. —No es necesario Kate. Creo que le llevas ventaja a mi madre en eso —comentó Phoenix con la mirada fija en Laura como si intentará descubrir algo. —Yo creo que el más listo para tener un bebé es Memphis —comentó Laura desviando la atención de ella—. Mira como juega con Zoe… A mi lado Memphis coloreaba muy tranquilo con su sobrina. Me parecía muy tierno que el chico que aparentaba ser de piedra se transformaba cuando estaba con Zoe. La paciencia y las bromas inocentes que hacía con la pequeña era algo que nunca imaginé ver y es que cuando se trataba de ella el resto dejaba de importar. Casi podía entenderlo, la niña era preciosa con su cabello castaño claro y sus mejillas regordetas, su carisma e inocencia la hacían aún más especial. Desde el momento que vio a su tío su mundo comenzó a girar en torno a él, lo admiraba como si de un superhéroe se tratara. —Las estoy escuchando —informó dejando los crayones sobre la mesa— Ni se emocionen. No va a pasar. Ambas madres soltaron un bufido desilusionadas. —Ay muchachos, a su edad nosotras ya teníamos a Cody y Phoenix. —Bueno, ¿y por qué me dan el trabajo a mí? —cuestionó alzando una ceja— Que recuerde Declan siempre quiso ser padre joven. ¿No es así, Dec? —Hace tiempo que cambié de opinión. Aún somos demasiado jóvenes para esa responsabilidad —se retorció en su asiento incomodo—. Tenemos un trabajo demasiado cansado y demandante, pasamos mucho tiempo fuera de casa que no me gustaría perderme las etapas más importantes de su crecimiento. —Ya dejen de molestar a los muchachos —interrumpió Tony, uniéndose a la conversación—. Los tiempos no son los mismos ya. Déjenlos disfrutar un poco más, ustedes más que nadie saben que los niños a veces son una patada en el trasero. Todos soltamos una carcajada. Tony tenía razón, tener un bebé era una gran responsabilidad y por mucho que lo amaras no siempre te iba a caer bien. Eran hermosos, pero también eran cansados, y en esos momentos al menos yo, no tenía la energía para ser madre. —Creo que será mejor que nos vayamos —informó Memphis poniéndose de pie. —¿Tan pronto? —exclamó Kate. Asintió ayudándome a parar. —Para tener éxito hay que dormirse temprano —bromeó despidiéndose de cada uno de los presentes. Pegada como chinche a su espalda lo seguí. Despedirme de Laura y Declan había sido demasiado incomodo. Declan no se había despedido del típico rose de mejilla con mejilla como despedida, no, de último momento prefirió colocar sus labios sobre mi mejilla. Y aunque sus penetrantes ojos azules me observaban esperando mi reacción. Decidí ignorar su acto y restarle importancia. Si pensaba que iba a seguirle el juego estaba equivocado; y como mejor acto de defensa, tomé el brazo de Memphis y no lo solté hasta llegar al auto. —Gracias… —murmuré cuando nos encontrábamos solos en el estacionamiento. —No puedo estar salvando tu trasero todo el tiempo… —comunicó abriéndome la puerta del auto— Espero hayas disfrutado tu momento con Declan, porque no se puede repetir. Asentí en silencio dispuesta a subirme al auto, pero su fuerte mano tomándome del brazo me detuvo. Me giré confundida mientras nuestros pechos se elevaban agitados, el fresco olor de su perfume con notas amaderadas y cítricos me nublaba la mente y cualquier método de razonamiento. —Quiero escucharte decirlo —demandó inclinándose sobre mi rostro y quedando a escasos milímetros de mis labios. Tragué fuerte antes de hablar: —No se va a repetir —murmuré con voz temblorosa. —Bien —esbozó una sonrisa, satisfecho. Cruzamos miradas una fracción de segundos, antes de subirse al auto y dejarme confundida.
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