Capítulo 8

1341 Words
                                                                                   Capítulo 8 Ainoa caminaba de un lado a otro en el cuarto de baño, repitiéndose una y mil veces para sí misma, lo idiota que era, se había metido en el baño sin la toalla, por un momento pensó que encontraría una del hotel, pero no fue así, no había nada con lo que pudiera ocultar su desnudez y salir a tomar ropa para vestirse, no sabía qué hacer, pues ya llevaba bastante tiempo ahí dentro y salir desnuda no era una opción, sabía que estaba Madison afuera y se la comería con la mirada. La chica respiro profundo con frustración y fue hasta la puerta, en donde la abrió poco a poco, oculto su cuerpo detrás de ella y busco con la mirada a Madison, quien estaba en el sofá, mirando algo desde su computadora. –Madison – le llamó con timidez. La mujer giro su rostro automáticamente hacia ella. –¿Qué pasa? – le preguntó con su típica seriedad. –¿Podrías pasarme una toalla?, por favor. Madison se levantó del sofá y dio unos pasos hacia ella, quedando justo al frente, mirándola con interés. –Ainoa, te he visto desnuda, ¿Por qué simplemente no sales y la tomas? –Es que no quiero que me veas desnuda, esa vez que lo hiciste fue sin mi permiso – le respondió con timidez. La joven no tenía intenciones de iniciar una disputa con esa mujer y menos en esa situación, si discutían lo único que iba a lograr es que Madison la obligara a salir del baño totalmente desnuda y la verdad, no era lo que quería en ese momento. Parecía ser que Madison tampoco tenía intenciones de discutir con ella, pues sin decir nada más, fue hasta el closet y tomo una bata de baño casi igual a la que ella tenía puesta y se la acerco a la chica. –¿Necesitas que te pase algo más? –No, gracias, ya salgo yo y tomó mi ropa – le dijo con timidez. Ainoa cerró la puerta tras de ella y se recostó en está, dejando pasar los nervios, no entendía que era esa fuerza tan letal que estaba usando Madison para poder controlar sus sentidos, tenía miedo y dudas en su interior. Cuando por fin pudo estar lista para dormir y salir del baño se encontró con Madison mirando a través de la ventana, se notaba la preocupación en su rostro, tanto que ni siquiera volteo a mirarla, cosa que era bastante extraño pues, la sola presencia de Ainoa en el lugar, era motivo para llamar su atención, pero en su mente pasaba algo y la chica quería ignorarlo, no quería sentir lastima hacia ella después de todo, pero sencillamente no podía, todo apuntaba a que Madison la estaba cambiando poco a poco. –¿Te pasa algo? – le preguntó, sentándose en la cama. –Estoy bien, solo tengo problemas con algunos negocios – le contesto, aun en su posición sin mirarla. –Por lo que se y se ve, eres buena en eso, seguro podrás arreglarlo – le animó. Madison giro su rostro hacia ella y le regalo una tierna sonrisa, una que hizo que las mejillas de Ainoa tomaran un tímido color carmesí. –¿Puedo sentarme? – le preguntó la mujer. Ainoa le afirmó con su cabeza y se hizo a un lado para que Madison pudiera tomar asiento, aunque había bastante espacio lo hizo para no tener que quedar tan cerca de ella. –Hemos venido aquí para cerrar dos importantes negocios, uno legal y otro no tan legal, el legar salió como lo esperaba, pero él no legal, resulto ser todo lo contrario a lo que esperaba y no pude cerrarlo – le comentó. –¿Qué resulto ser el no legal? – le preguntó con interés. –Ya yo he hecho negocios con esa gente, pensé que íbamos a negociar sobre un tráfico de armas a Estados Unidos, pero resulto ser que no era tráfico de armas, es un tráfico totalmente diferente que nunca he hecho y tampoco haré, va contra mis principios – le dijo, notándose bastante afectada. –¿De órganos? –La verdad, creo que es aún peor que eso, tráfico de personas, niños, niñas, mujeres embarazadas y jóvenes de todas las edades, por curiosidad vi el catalogo y la verdad tuve que aguantar para no vomitar, es algo repugnante lo que hacen, algo inhumano – le dijo, colocando una expresión de desagrado en su rostro. Ainoa se quedó en silencio por unos segundos, bajo su mirada pensando en la maldad que había en el mundo y en esas personas que por mala suerte les tocaba pasar por eso, sintió un poco de alivio en su interior de que Madison no fuera esa clase de criminal, que por lo menos decía tener principios y en entre ellos estaba respetar la vida de esas personas inocentes. –Dios mío, es horrible, no puedo ni imaginármelo. –Yo tengo familia, tengo hermanas muy jóvenes, es algo que cuando me toca ver, paso días sin poder dormir, sé que yo no soy una mansa paloma y que también hago cosas malas, pero sería incapaz de hacer una atrocidad como esa, para mí, los niños son sagrados. La modelo escucho con atención esas palabras que salían del corazón de Madison, al final la chica resulto tener bondad en su corazón y eso era algo bueno, le hacía sentir seguridad, por lo menos no arremetería contra su vida en tal caso, y saber que tenía familia y que pensaba en ellos, primeramente, le hizo sentir en ese momento que también tenía humanidad, que no era una criminal común, seguramente era una chica que, lastimosamente le toco ese estilo de vida, no por decisión propia. –Lo bueno de todo esto es que no aceptaste, te quitas ese peso de encima, aunque entiendo tu incomodidad, yo estaría sentada en una esquina abrazada a mis piernas y en shock, luego de ver eso – le dijo, causando que Madison dejara escapar una pequeña risita. –Bueno, ya puedes irte a dormir Ainoa, no te quito más tiempo, debes estar cansada – le dijo, levantándose de la cama. La modelo sintió la necesidad en ese momento de disculparse por la cachetada que le había propinado esa tarde, algo en ella se estaba ablandando. –Madison, yo quería pedirte disculpas por el golpe de esta tarde, la verdad es que no debí reaccionar así, aunque tú tampoco debiste besarme a la fuerza. –Tranquila, no pasa nada, tratare de no volver hacer algo que no quieras que haga. La mujer no le dio la cara, simplemente se fue hasta uno de los lados de la cama y tomó una almohada, Ainoa la miro con extrañeza, hasta que entendió que Madison la llevaba al sofá para dormir en él. –La cama es lo suficientemente grande, entramos las dos, no es necesario que duermas en el sofá, siempre y cuando me prometas que no abusaras de mí. Madison se detuvo y giro su rostro hacia ella con una sonrisa pícara. –No soy violadora Ainoa, nunca te tocaría sin que me lo permitieras, aunque me esté muriendo de ganas, lo cual pasa ahorita. La chica no pudo evitar sonrojarse al escuchar eso, no terminaba de acostumbrarse a la extraña forma de esa mujer de hacerle ver que quería poseerla, era extraño, pero parecía que poco a poco la cosa le iba dejando de incomodar. Para ambas fue difícil conciliar el sueño, Madison le costaba tener a la modelo a su lado y no poder siquiera tocarla, y para Ainoa resultaba difícil saber que a su lado había una mujer muy poderosa, con muchísimo dinero y ganas de hacerle el amor, no sabía que era lo que estaba sintiendo ahora la modelo, no sabía si se trataba de la lógica incomodidad, o de la ilógica duda de saber que se siente, de querer probar algo nuevo, estaba indecisa y eso era un gran problema dada la situación.            
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