—¿Dormiste bien? —preguntó apenas me vio abrir los ojos. Yo ni siquiera estaba dormida, pero estaba harta de fingir y que él me hablara apenas había abierto los ojos, me hizo saber, que Sevians me había estado observando como un jodido psicópata, cosa que solía hacer, cuando yo me quedaba dormida y él se aburría. —¿Terminaste tu libro? —pregunté mirándolo. Se encogió de hombros. —Ya sabes, no demoro más de tres horas en leerlo. —Entonces ¿decidiste que me ibas a mirar dormir? —dije para incomodarlo. Me dedicó una sonrisa dándome a entender que lo había descubierto, pero contraatacó, dejándome a mí avergonzada. —¿Y tú decidiste que ibas a dejar de fingir que duermes? —reí nerviosa negándolo y él sonrió orgulloso —. Te conozco tan bien, como para saber cuándo duermes y cuándo no —suspiró

