— ¿Cuál es su propósito? — Cuestiono al ver que se queda callada, está vez mi paciencia se encuentra al límite, no puedo pensar con sensatez cuando ese tipo se merece un verdadero escarmiento, y ella por alguna razón lo protege.
—Él me odia, por lo que le pasó a Rick, no debiste intervenir—Archer deja salir tan feroz como una bala, zafando su mano de mi agarre se pone de pie, luciendo enfada, la conversación toma un curso diferente, me pongo de pie encarándola, acorralándola con mi cuerpo, su respiración es un caos y está vez no pienso ser amable.
—Es un idiota, Pudo haberte lastimado—Le reprocho, pero ella no parece estar de acuerdo, comienza a desordenar su cabello frenéticamente, sus dedos tiemblan, me esfuerzo por no pensar que ella quizás piensa diferente, es insólito.
—Yo no puede detenerl…—Comienza a decir y eso me hace explotar, no le permito terminar.
—No digas idioteces—Exclamo colérico, a punto de una crisis, intento calmarme al ver como se sobresalta, no seré igual que Donovan, pero esto es cruzar una verdadera línea que me hace pensar si el miedo le ha nublado el juicio.
—Yo puedo manejar esto sola—Me hace saber, en un tono de reproche con la voz temblorosa, apartándose de mí caminando al otro extremo de la habitación dándome la espalda, continua desordenando su cabello sin control, es un manojo de nervios cuando se enfada.
— Ya veo que tienes todo bajo control—Respondo con ironía, al verla tan afectada, ella entrecierra los ojos, estoy seguro que no le agrado mi respuesta.
—Supongo que liarse a golpes es un mejor plan—Me recrimina, cruzándose de brazos aproximándose unos centímetros, dándole tregua a su cabello dejando a relucir su enfado al máximo, aun así no pienso permitir que me haga el culpable de esto.
—No lo entenderías, para ti está bien esconderse como gatito asustado—Pronuncio con malestar, aniquilándola con la mirada, sus mejillas se tiñen de rojo casi parece que va a estallar, se aproxima a mí con rapidez desafiándome con la mirada a solo unos centímetros de distancia.
— ¿Quién te crees Axel? No eres nadie para hablarme así—Refuta enérgicamente, le doy algo de crédito eso ha sido un golpe bajo, no puedo negar el incómodo nudo que se forma en mi estómago, se terminaron las cortesías, está noche no seré un caballero.
— ¿Eso crees? —Cuestiono sin expresión alguna, la veo vacilar, aprovecho esa brecha para tomar su rostro entre mis manos sin darle tiempo a reaccionar junto nuestros labios, su sorpresa es innegable, sus labios poseen un sabor cítrico que me fascina, al principio solo soy yo pero luego sus labios se mueven en sincronía con los míos, han sido unos segundos de debilidad suficientes para despertar mi hambre, hasta que decide apartarse de un empujón— No estoy de acuerdo, Charlotte.
—No debiste hacer eso—Me reprocha, ese ligero tono rojizo de sus labios, me hace sordo a sus reproches, me divierte ver como intenta limpiarse con el dorso de su mano, me relamo los labios deleitándome con su sabor, eso la hace temblar—No está bien.
— ¿Por qué no lo estaría?, si no puedes ocultar las que ganas que tienes de que te besé de nuevo—Respondo sintiéndome está vez al control de la situación, Charlotte me da la razón cuando su mirada baja a mis labios, no pierdo tiempo me acerco a ella sutilmente evitando que pueda huir rodeando con mis brazos su cintura, al verse “atrapada” levanta el rostro ese brillo de lujuria reluce en sus ojos, ambos nos sostenemos la mirada sin decir una sola palabra.
—Esto…—Ella intenta decir algo pero la callo colocando un dedo sobre sus labios, no dejaré que estropee el momento.
—Shhh—Pronuncio satisfecho al ver que no me contradice, aparto mi dedo de sus labios convencido de que he conseguido su aprobación—Está noche haré que dejes a un lado tus culpas.
Charlotte vacila, por un momento sus ojos se apartan de los míos mirando al suelo, quizás se ha arrepentido, pienso pero, de repente vuelve a mirarme solo me ha dado un segundo antes de que sus labios se presionen contra los míos, me ha sorprendido, este beso es igual de desesperado que el primero que me ha robado, no tardo en corresponderle presionándola contra mi cuerpo, ella tiene algo que me vuelve loco, tal vez es su forma tan impredecible de ser, me centro en complacerla devorando sus labios con admiración y un impuro deseo, utilizo mi lengua para separar sus labios con delicadeza, solo ha bastado con tocar la suya para que ambas se enfrascasen en una pelea por el control, por supuesto yo llevo el mando, su primer gemido me ha dado el permiso de abandonar sus labios recorriendo el sendero de su cuello, al siguiente la temperatura sube, estoy seguro que puede sentir lo duro que me ha puesto.
—Que hábil—Se me escapa un halago cuando siento sus dedos desabrochar los botones de mi camisa, ella suelta una risa nerviosa, mis manos bajan hasta su trasero apretándolo provocando que su espalda se arque, al segundo siguiente me deshago de su camisa pasándola por encima de su cabeza, admiro por un momento su escote, me encanta el encaje n***o, Charlotte se encarga de tirar mi camisa a algún sitio del salón, sus dedos recorren mi abdomen enviando deliciosas corrientes por todo mi cuerpo, la tumbo sobre el sofá posicionándome sobre ella vuelvo a apoderarme de sus labios deleitándome con los sonidos que salen de ellos.
—Axel—Murmura mi nombre una vez que vuelto a dejar besos húmedos sobre su cuello, recorro las curvas de su silueta con mis manos mientras mordisqueo el borde de su brasier con diligencia posiciono una de mis manos en el broche con la intención de quitárselo mientras bajo dejando un rastro de besos hasta la pretina de su pantalón por encima acaricio la porción interna de sus muslos, provocando que Charlotte tiemble de placer—OH Rick.
Demonios…
Juro que al escucharla me aparté de inmediato, al sentir esa corriente de ira recorre mi cuerpo, con la respiración hecha un lío, mis ojos no tardan en encontrarse con los suyos recriminándole, esto ha sido como un balde de agua fría, igual que una patada en el escroto, simplemente me es imposible ocultar mi enfado, ella se ha ganado mi furia al nombrarlo justo en el momento donde planeaba hacerla mía.
—Yo…—Charlotte balbucea incapaz de encontrar las palabras correctas que remedien la situación, ella es estúpida, al creer que algo de lo que diga podrá hacerme cambiar de opinión, me he dado cuenta de algo que he querido ignorar.
—No importa lo que haga, seguirás pensando en él ¿Cierto? —Dejo salir una verdad que ella sabía y yo me he esforzado en hacer oídos sordos, porque ninguna mujer a quien haya deseado se ha mantenido fuera de mi alcance, Charlotte no es especial, pero no puedo permitir que se burle de mí, no le permito a nadie quitarme el control.
—Lo siento—Murmura con pesar, lo que le resulta contraproducente, en lugar de apaciguar mi ira solo ha encendido más la llama, permanezco inmóvil en mi lugar con los puños cerrados a mis costados mientras ella se endereza en el sofá con las piernas ligeramente abiertas sin molestarse en arreglar su desordenado aspecto deja caer sus manos justo en el centro, no me mira, es esa cobardía lo que me enfurece—Tienes razón.
No me molesto en contestar o en intentar que me mirara a la cara, odio esa versión tan patética de suya, sin decir más tomo mi camisa del suelo colocándola sobre mi hombro dejándola sola, la helada brisa me recibe sin compasión, me coloco la camisa a regañadientes, caminando sin rumbo fijo, atormentado por el recuerdo de su voz al gemir su nombre, no soporto perder el control de esta forma, sé que si llegaba a continuar sería solo parar aliviar su dolor, no seré su terapeuta, me detuve justo en la calle donde se iba a la biblioteca cuando su silueta capta mi atención.
— ¿Estás siguiéndome? —Pregunto con un tono frío, mirándola directo a sus ojos cafés, ella no parecía sorprendida de verme se acerca lo suficiente para observar el aire saliendo de su boca por el frío.
—No es así, necesito ayuda… es Jhon—Responde con un tono suave pero preocupado que me hizo alarmarme al pensar que pudo haberle pasado al viejo.
— ¿Qué ha pasado? —Pregunto a Mara quien me tiende su bufada verde, la tomo enrollándola alrededor de mi cuello, dispersando un poco el frío que se ha apoderado de mi cuerpo.
—Él no está bien, ha bebido demasiado, necesito que lo lleves a casa—Me pide con un tono de voz suave, algo extraño viniendo de ella, no me molesto en negarme.
— ¿Dónde está? —Pregunto
—En la taberna, no se ha movido desde que te fuiste—Pronuncia, sonríe solo un poco y me da la espalda comenzando a caminar en dirección a la taberna, la sigo, nuestro paso es veloz, no tardamos en llegar, como era de esperarse Jhon se encuentra tirado sobre la mesa donde estábamos bebiendo antes, su cara sobre la madera con la expresión de alguien que se ha pasado en extremo de tragos, no se ve nada bien, me acerco a él cuando Melody sale de la cocina sosteniendo una manta al verme junta las cejas.
—Axel que… —Intenta decirme cuando Mara la corta.
—Gracias Mel, muero de frío—Mara dice arrebatándole la manta para luego envolverla alrededor de sus hombros, Melody parece confundida, intenta decir algo más pero Mara vuelve a cortarla—Axel lo llevará a casa.
—Así es—Afirmo acercándome a él, cuando tomo su brazo para pasarlo sobre mis hombros Jhon abre ligeramente los ojos arrugando la frente en mi dirección.
—¿Qui…? Chi…—Intenta preguntar arrastrando las palabras, suspiro, sin entender que ha querido decir.
—Viejo, soy yo Axel, la fiesta termino te llevaré a casa—Le hago saber antes de enrollar su brazo alrededor de mis hombros, que no ponga resistencia me facilita el trabajo ligeramente, aunque debo decir que me ha costado que se ponga de pie, pesa más que un monumento, hago lo posible por no dejarlo caer caminando a la salida, Mara abre la puerta mientras Melody nos sigue, no ha dicho nada más pero su expresión contrariada no ha cambiado, algo pasa, el peso de Jhon sobre mis hombros me hace dejar eso en segundo plano haciendo un gran esfuerzo por seguir con él a cuestas.
Afortunadamente su casa no está lejos, al llegar Melody es quien abre la puerta, estoy a punto de tirarlo sobre el sofá cuando ella corre a las escaleras señalándome el camino, respiro profundo tratando de recomponerme y le sigo hasta la habitación del viejo, cuando Melody enciende las luces puedo ver la cama al fondo de la habitación, respiro aliviado, doy los últimos pasos para terminar echándolo sobre la cama, respiro profundo sintiendo que me he quitado un peso enorme, sin ser exagerado.
—Gracias Axel yo me encargo ahora—Me avisa Melody sentándose a los pies de la cama quitándole los zapatos a su padre, asiento, le doy un vistazo a la habitación la cual es bastante rustica, muebles cafés, cortinas oscuras, no hace falta mucho para saber a quién pertenece, bajo las escaleras agitando mis hombros tratando de relajar mis músculos, estoy a punto de irme cuando alguien me detiene.
—Axel ¿A dónde vas? —Pregunta Mara tomándome del brazo, odio que haga eso, le lanzo una mirada de advertencia y ella pronto retira su mano.
—Iré de regreso a la taberna—Informo sin ánimo de darle explicaciones, ella me mira con una ligera sonrisa, ya no lleva el uniforme de la taberna, ahora lleva una bata que le llega a la rodilla color vino con un escote bastante pronunciado.
— ¿Con este frío? — Cuestiona con sobrado interés, su insistencia me irrita, no es como si no lo hubiera hecho hace un momento, Mara está lo suficientemente cerca para comprobar que su aliento no huele a alcohol, pero definitivamente su tan atenta actitud es sospechosa.
— ¿Cuál es el problema? —Pregunto sin una pizca de amabilidad mirándola a los ojos con furia, porque aún no he olvidado lo que me hizo Charlotte, y ella si no se calla pagará las consecuencias.
—Ninguno, es solo… ¿Por qué no te quedas conmigo? —