El nacimiento de un amor inconsciente.

1040 Words
Después, de que Caín reclamara su posesión de Sally,  ella esperó día tras día a que volviera.  El primer día, se vistió de una manera hermosa he inocente, como acostumbraba antes del accidente. Se sentó en una de las orillas de la barra y esperó con una brillante, sonrisa.  Alguna que otra chica la miraba de una manera tierna y comprensiva. Para todos Sally era como una señal de catástrofe, casi cualquiera que se acercara a ella terminaba en problemas. Y no era por que ella los provocaba, sino por que siempre había alguien que la molestaba y por ende era defendida.  Y todo aquél que lo hacía siempre terminaba mal.  Nadie se explicaba el porqué, simplemente pasaba. Y en silencio, todos terminaban alejándose de ella. Y precisamente en silencio, el gerente de seguridad, siempre la veía desde lejos.  Él fue una de las personas que la miraron con desagrado en su momento. No le dirigió la palabra a menos de que no pudiera evitarlo. Pero, siempre se mantenía cabizbaja, su voz al principio era ronca y parecía salida del inframundo, pero conforme pasaba el tiempo fue suavizándose.  Tal vez, debido al mismo accidente, sus cuerdas bucales se afectaron, él como un exmilitar entendía eso a la perfección. Su voz suave y su actitud sumisa y penosa eran un atrayente de problemas con las mujeres como había visto.  Más que lástima e irritación eran cosas que sintió hacia ella, lástima, por que al parecer ella fue muy bella. Pero nadie sabía por qué había pasado y nunca habló de ello con nadie. Irritación, por que siempre que recibía burlas, reclamos injustificados e incluso el vomito de uno que otro ebrio descarado y repugnante, ella nunca se molestó, lloró, gritó o pidió ayuda. Siempre.  Silencio... Hasta un día, él apoyaba a Caín a una de las habitaciones y éste la miró como si fuera la belleza más grande y perfecta de la tierra. Delineó cada una de sus curvas con la mirada y `pudo notar que hasta la garganta se le secó.  Por algún motivo, se sintió molesto. Pero lo ignoró. Ella no era una belleza y él no era nada de ella para molestarse por eso.  Como gerente de seguridad, él siempre se mantenía cerca de Caín cuando llegaba, dado que era alguien "especial" debía tener cuidado con él en varios aspectos.  Siempre, su mirada iba dirigida a una persona, que en silencio, sin importar nada, mantenía todo limpio en el local.  Sin pensar mucho, Marco, se abstuvo de problemas. Más que para su trabajo iba y regresaba de ahí a su casa. Siempre fue solitario, y hasta cierto punto conformista. No le interesaba nada más que él mismo, su casa siempre estaba pulcra como un obsesivo, todo debía estar en orden y hasta maniático en ocasiones. Estaba por demás que, todo a su alrededor debía estar en orden, y una persona que no era buena ni siquiera para defenderse, era casi su nemesis.  Hasta un día... Sally llegó cojeando y pudo vislumbrar una herida en su pantorrilla, juntó la cejas pero no dijo nada. Ella caminó en silencio soportando el dolor y entró a los casilleros. Ése fue un día ajetreado así que en cualquier momento se olvidó del asunto.  Iba a entregar un reporte a Amanda, cuando antes de abrir la puerta escuchó un llanto casi silencioso.  - No sé qué hice... hic, yo... trato todos los días de vivir en paz y el silencio... ¿Porque me tratan así? ¿Alguna vez dije algo? Dime, pediré disculpas. Ya no me acercaré a nadie, lo juro.  Mientras escuchaba, la respiración de Marco se detuvo. Nunca había escuchado esa voz antes, pero tenía la sensación de que no le iba a ser nada agradable saber quien era.  Y así fue, la voz tan baja y casi lastimera era de Sally, él solo pudo ver una parte de la herida, pero su fea y larga falda cubrían el resto. Amanda se vía furiosa y casi quería gritarle que desapareciera, pero el asunto era importante.  Amanda lo sacó de la oficina y suspiró frustrada. Cerró la puerta y lo apresuró a terminar.  Después de que terminó de darle ordenes, estaba por entrar cuando incluso sin él mismo darse cuenta, la detuvo.  -¿Pasó algo?  Ella frunció el ceño y Marco al darse cuenta, se disculpo y se fue como si estuviera huyendo.  En el transcurso de la noche un hombre completamente ebrio, casaba destrozos y comenzó a agredir a otros clientes.  Cuando Marco estaba arrastrándolo a afuera, vieron a Sally cojear mientras sacaba la basura. El hombre la miró con repulsion y escupió en su dirección.  - Cosa horrenda, ¿No te dije que no te quería en mi vista? ¿Por qué demonios sigues aquí? Como nunca la había visto. Sally, se encogió de hombros y miró al hombre con horror.  La pobre comenzó a temblar y cojeando entró apresuradamente al local.  - Puag! ¿Qué demonios piensa Amanda? Esa cosa mata el romanticismo del lugar, ¿No lo crees amigo?  El hombre miró a Marco, pero su inexpresivo rostro lo molestó.  -¿Y tú qué? ¿Una estatua como tu también paga? No lo dudaría, las chicas deben salir corriendo al ver una cara tan agresiva como la tuya.  Debido a su ebriedad no se percató que no lo habían tirado en la puerta como otras veces, al dar la vuelta en un callejón desolado, Marco lo arrojó al suelo y comenzó a golpearlo hasta el cansancio.  El hombre pidió auxilio, trató de responder e incluso lloró y suplico perdón; aunque no sabía por qué. Pero Marco no respondió absolutamente nada, su estoica expresión helaba la sangre y su fría mirada lo aterró de sobremanera.  Al final, Marco sacó un pañuelo y comenzó a limpiarse las manos con tranquilidad.  - M...Me aseguraré. De que esto no quede así, soy el mejor abogado de la ciudad... - ¿Y qué? ¿Mandaras saludos a Caín?  La sonrisa burlona de Marco, y el nombre mencionado, casi dejaron al hombre al borde del colapso.  ¿Qué había hecho? ¿Como había provocado al demonio? En su ebriedad, nunca se enteraría del fatídico error que comentó por un simple impulso ególatra. 
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