NOAH
En los últimos días, la escuela ha estado muy ocupada y no he visto mucho a Lila, excepto por encontrarme con ella en el campus un par de veces. Le había enviado un mensaje de texto para avisarle que estoy cerca si necesita ayuda para prepararse para los exámenes parciales. Pero después de ayudarla a reparar su coche y de su mensaje de agradecimiento, parece que se ha retirado a pensar un poco en el espacio, pero no se en que.
No tengo más remedio que dárselo, así que paso los últimos días renovando mi dormitorio, empezando por lijar y reteñir el suelo de madera y las paredes de un gris piedra, me alejo para admirar mi trabajo y me gusta el efecto final. Las molduras blancas contrastan marcadamente, y las sábanas blancas lisas y el edredón de plumas que tengo parecen más elegantes que antes en el espacio rediseñado.
Es tarde cuando guardo toda la pintura y los suministros en el garaje, y estoy saliendo de una ducha muy caliente cuando suena el timbre. Es extraño. Ciertamente no espero que alguien aparezca sin avisar un sábado.
Entro en mi habitación, agarro un par de jeans y una camiseta, optando por ir sin ropa interior en mi prisa por llegar a la puerta cuando el timbre suena por segunda vez.
–¡Ya voy! – grito, abotonándome los jeans antes de abrir la puerta.
Es Lila.
Trae un par de leggins negros y uno de esos suéteres extragrandes que parecen encantarle. Este es de color avena y la insinuación de un sostén rosa de encaje debo es suficiente para hacer que mi pene se contraiga en mis pantalones.
La forma en que está de pie en mi porche, con la expresión abierta y las manos relajadas a los costados, no delata nada. Pero claro, ella está aquí, ¿no? Tiene que significar algo.
–Entra– Doy un paso atrás y Lila me sigue.
–No tenías que hacer eso– dice, girándose para mirarme una vez que estamos dentro de mi sala, con los ojos encendidos con esa determinación férrea que amo. La energía que crepita entre nosotros es algo a lo que me he vuelto adicto.
–¿Hacer qué? –
–Arreglar mi coche–
Asiento, –Soy muy consciente de eso. Quería hacerlo, Lila. Se que lo habrías resuelto, pero no quería que tuvieras que hacerlo ni por una vez–
Se muerde el interior de la mejilla, pensando en lo que quiere decir a continuación. –Entonces…tu y Stacey, ¿Cómo va todo ese…asunto? –
Baja la vista hacia sus botas y me lleva un segundo darme cuenta de quién esta hablando. La chica con la que me vió en el bar.
Me encojo de hombros. –No lo sé. No he hablado con ella desde Halloween. Hay alguien más que me tiene enganchado–
Los ojos de Lila se alzan hacia los míos y sus labios se separan.
Dios es hermosa. Sin maquillaje, sin todo el exceso de volumen y adornos que la sociedad dice que las mujeres necesitan para ser glamurosa. Lila simplemente lo es. labios carnosos que tiemblan cuando se pone nerviosa y cejas que se fruncen desafiantemente si no le gusta algo que yo tuviera que decir.
–¿Ah? – pregunta, esa bonita boca formando la palabra mientras su brillo de labios me distrae por lo que perece la milésima vez.
Todo en este momento se siente fortuito, como si hubiéramos estado construyendo este momento exacto desde que nos conocimos en esa fiesta, una fiesta en la que nunca debimos haber estado, algo tan fuera de lo común para ambos.
–Si– camino hacia adelante. No tengo palabras. Ninguna. Cero. Me detengo cuando estoy a centímetros de ella, mirando fijamente esos ojos deliciosamente expresivos.
Lila, de entre todas las personas, se merece todas las palabra bonitas, todas las frases dulces susurradas que pasan por mi cerebro a todas horas, que he guardado en trozos de papel y servilletas, que he metido dentro de su bolso. Pero el tiempo de las palabras han terminado. Levantando su barbilla con dos dedos. Froto mi pulgar por esos labios carnosos y tentadores. –Si me dices que pare, más te vale que esta vez lo digas enserio–
Lila respira hondo y cierra los ojos brevemente antes de volver a clavarse en los míos. –Primero, necesito saber tus intenciones–
Podría haberme reído. Podría haberme caído aquí mismo, en mi sala. Pero no hago ninguna de esas cosas. Mis intenciones. ¿De eso se trata? ¿Es por eso que se mantiene alejada? Mis intenciones ciertamente no son follarla y seguir adelante, eso lo sabe.
Aparentemente, necesito comunicarme mucho mejor con ella, necesito decirle a Lila exactamente como me siento, exactamente lo que quiero. Pero mierda, ¿Qué quiero? ¿estar con Lila significa que Nueva York está descartado?
¿Cómo me siento al respecto? ¿De verdad me parece bien quedarme en este pueblito tranquilo, aconsejando a estudiantes que vivan sus sueños mientras yo estoy demasiado asustado de vivir los míos?
Respiro hondo para tranquilizarme. No estoy seguro de si lo resolveré todo en los próximos minutos, pero no voy a perder mi oportunidad con Lila.
–Se que eres increíble. Se que me inspiras– Vuelvo a pasar el pulgar por su labio inferior. –Se que te deseo–
Su mirada se oscurece y parece tan borracha de lujuria como yo.
–Pero ¿Qué pasa después de eso? No soy una chica de una sola noche, Noah…–
–Lo sé, Lila. Siempre lo he sabido. Quiero una oportunidad contigo. Siempre la he querido–
No dice nada más. Pero no tiene que hacerlo. Se pone de puntillas, intentando acortar la diferencia de altura entre nosotros y, por más adorables que son sus intentos, ya no espero más. Colocando mis manos en su cintura, levanto a Lila del suelo, tirándola hacia mi pecho. Nuestras bocas chocan cuando sus piernas se cruzan alrededor de mis caderas y mis manos se mueven hacia su trasero. Las sostengo allí, la aprieto contra mí, apreciando su peso, la sensación de sus suaves pechos presionados contra mi pecho, la sensación de su lengua moviéndose con la mía, el pequeño sonido que hace cuando me incorporo experimentalmente para mostrarle lo que he ha hecho.
–Noah– la boca de Lila se separa de la mía, sin aliento y húmeda.
–Si, hermosa, dime que quieres–
Sus ojos estan desorbitados por el deseo, sus labios hinchados por mis besos. Por un momento, pienso que va a exigir que la deje caer, que ponga fin a todo. Pero entonces susurra solo dos palabras que encienden chispas en mis venas.
–A ti–
Meciéndola arriba y abajo contra mi dura longitud, mi boca ataca la suya de nuevo. Todavía cargándola, me dirijo a mi habitación. Sin molestarme en romper nuestro beso para mirar por donde voy, nos chocamos contra la pared del pasillo y Lila se ríe contra mis boca.
–Cálmate, grandulón. Tenemos toda la noche–
Me aparto y la miro a los ojos. –¿De verdad? ¿Pero qué hay de…? –
Su sonrisa es inmediata. –Bueno, no toda la noche, pero Kyle está en casa de mis padres para cenar. Así que tenemos al menos unas horas–
Una vez dentro de mi habitación, bajo a Lila, dejando sus pies en el suelo. Me alegro de que el olor a pintura se haya disipado casi por completo y de que haya vuelto a poner todo como se supone que debe estar. Los ojos de Lila vagan por la habitación antes de posarse en mí una vez más. Respira hondo, y luego sus dedos van a mi cinturón, tirando, exigiendo.
Mirando hacia abajo, veo sus delgados dedos desabrochar mi cinturón y desabrochar el botón. Luego mete las manos dentro de mis jeans.
–Mierda– gruño, metiendo los dedos en mi pelo y apoyando las manos sobre mi cabeza.
–¿Dónde están sus calzoncillos señor Clark? – emite un sonido bajo de desaprobación en voz baja. Pero luego saca mi polla, ahora completamente dura, e inhala profundamente, el sonido de la sorpresa muriendo en su garganta. –Mierda, Noah–
Una lenta sonrisa se dibuja en mis labios. –¿Si, Lila? –
–Tu pene es jodidamente grande–
Paso un dedo lentamente por su mejilla y el orgullo y el calor se baten en duelo dentro de mi pecho– Hmm. Una chica inteligente como tú, licenciada en literatura inglesa nada menos, seguramente puedes pensar en un adjetivo mejor que grande–
Estoy disfrutando de esto. Pero mi pene no ha sido tocado por nadie más que yo en mucho tiempo, y esta no es cualquiera; esta es Lila, con quién he fantaseado sin parar durante semanas. Y ahora está aquí, en mi habitación, envolviendo su delicado puño alrededor de mi ancho eje y dándole un tirón experimental. El placer estalla por cada célula de mi cuerpo.
–Es…Dios, es tan caliente, Noah, te deseo–
Sin decir una palabra más, Lila se arrodilla sobre el suelo de madera que había restaurado con tanto esmero, mientras intentaba no pensar en ella. En el siguiente instante, acerca esos sensuales labios de brillo rosa a la cabeza de mi polla. Su lengua lame lánguidamente mi ancha punta y el lateral de mi m*****o. Pienso que puedo explotar en este mismo momento.
–¿Está bien? – Me mira a través de sus pestañas, provocándome.
–Si, sí. Por favor– Ahueco su mejilla y Lila abre más, la cabeza de mi polla desapareciendo dentro del calor cálido y húmedo de su boca.
–Mierda, eso se siente bien– gimo
Mientras Lila me trabaja, tanto como su boca como con sus manos, me concentro en intentar no correrme en su bonita y pequeña garganta.
Mi propia tentadora personal, el fuego de mis entrañas.
–Tan bueno, tan bueno, cariño–
Lila emite un sonido de deseo en su garganta, tragándome más profundamente.
Cada fantasía perversa y depravada que no me he atrevido a albergar cobra vida de repente.
Sabiendo que estoy a unos momentos de perder el control, aparto a Lila de mi polla y la pongo de pie. Besando sus labios hinchados, trabajo para despojarla de cada artículo de ropa hasta que esta desnuda frente a mí.
Piel pálida y sonrojada, caderas bien formadas, pechos llenos con bonitos pezones color rosado. Es hermosa y se lo digo.
Sonrojada, se sube a mi cama y espera mientras me bajo los jeans y me quito la camiseta.
Cuando me acuesto encima de ella, finalmente entiendo lo que esos antiguos poetas han querido decir sobre oír a las palomas llorar. A los ángeles cantar y toda esa mierda, porque, mierda. El calor de su piel sedosa y desnuda presionada contra la mía es suficiente para hacerme caer de rodillas. No quiero que este momento termine nunca, no quiero que Lila se vaya de mi cama, y las pocas y preciosas horas que tentemos no serán suficientes.
Me giro de lado y Lila hace los mismo, nuestras manos, nuestras bocas se niegan a separarse del cuerpo del otro por mucho tiempo.
Me acaricia la polla con ambas manos, mientras yo juego con su coño, aprendiendo lo que le gusta hasta que la hago correrse dos veces frotando su clítoris.
–Condones– susurra. –Por favor, dime que tienes condones–
Quiero follarla, quiero enterrarme hasta las bolas dentro de ella y no irme nunca. Pero las palabras de Lila siguen resonando en mis oídos. Ella no es el tipo de chica de una sola vez. Y antes de reclamarla, tiene razón. Necesito saber cuáles son mis intenciones con esta hermosa madre soltera que irrumpió en mi vida y se apoderó de mi corazón.
Le doy un beso en la frente. –Esta noche no. No quiero apresurarme–
Una sonrisa florece en sus labios justo antes de arrastrase por mi cuerpo y empujarme boca arriba. Entonces sus labios se cierran sobre mí de nuevo, y nada más importa.
La dulce Lila Watson, que había luchado contra esto a cada paso del camino, me está chupando como si su vida dependiera de ello y yo estuviera perdido.