No te metas con los planes del universo

2213 Words
LILA –Ustedes vienen con nosotros– nos informa Brody a mí y a Kyle, apoyándose en el marco de la puerta de nuestro comedor. Lleva unos jeans negros ajustados y un suéter morad con una gran manzana estampada en la parte delantera. Dos pendientes de manzana cuelgan de sus orejas y brillan a la luz del sol mientras camina por la habitación hacia la mesa donde Kyle y yo estamos acampados: yo con un libro de texto y el con una hoja de ejercicios que contiene las palabras de ortografía de esta semana. –¿A dónde? – pregunto, luchando por mantener la molestia fuera de mi voz. Tengo tres cargas de ropa para doblar y preparar la cena, y se supone que debo leer cuarenta páginas de este libro antes de la clase de mañana e ir preparada para hablar de él. En este momento, lo único que me siento preparada para hablar es de lo terriblemente árido y que es. –Emily y yo vamos a recoger manzanas y ustedes dos tienen que venir– Brody se cruza de brazos y me mira. –Todo lo que haces es ser mamá, trabajar y escribir– Para enfatizar, señala alrededor de la habitación hacia las pilas de libros, montones de papeles y el proyecto de ciencias a medio terminar de Kyle. Empujo mi silla hacia atrás y me pongo de pie. –Primero, mamá no es un verbo. Segundo, así es mi vida– El trabajo duro está en mis genes. Lo habían inculcado desde que nací. Llámenme loca, pero nunca quiero sentirme desprevenido para mi próxima clase, o como si no hubiera hecho mi trabajo. Tengo un hijo que mantener, no se me permite hacerlo a medias. Brody se apoya en el borde de la mesa. –Necesito terminar la lectura asignada– le digo mientras abro la ventana para medir la temperatura exterior. –Te contaré lo básico en el camino– ofrece. –¿Lo leíste? – Niega con la cabeza. –Nadie hace la lectura asignada. Yo la hojee– Cierro la ventana con un pequeño escalofrió, hay un frío en el aire, envolviéndome con mis brazos. La verdad es que puedo sentarme aquí por la siguiente hora y leer cada palabra, pero sé que nunca la absorberé. –Por favor, mamá, ¿podemos ir? ¿por favor? – La dulce mirada de Kyle me mira, y es toda la tranquilidad que necesito. Un pequeño descanso y un poco de sol por la tarde podría hacernos bien. –De acuerdo, tu ganas, iremos a recoger manzanas contigo– Brody sonríe y sale de la habitación. Su espíritu es contagioso, y tiene razón: debatir los temas de la lectura asignada no forma parte de nuestra calificación; los trabajo sí. Me ofrezco a conducir porque siempre me ayuda a relajarme. Además, el asiento elevado de Kyle es un fastidio para moverlo, y entonces también puedo controlar la radio, para que no se reproduzca nada inapropiado para los oídos pequeños. No es que Brody y Emily hagan eso. Son muy dulces y respetuosos con Kyle. Nos sentamos en el auto esperando a Emily, que siempre tarda una eternidad en prepararse. Finalmente sale corriendo a recibirnos en el auto. También lleva un suéter con un estampado de manzanas. –¿Por qué no me enteré de estos suéteres de manzanas? – pregunto, mirando mi sencillo suéter n***o de punto trenzado. Brody se encoje de hombros. Es otro recordatorio de que mi vida se trata de trabajar, estudiar y criar a mi hijo. No tengo tiempo para salidas a bares ni para las excursiones de búsqueda en las tiendas de segunda mano que prefieren. Y eso está perfectamente bien conmigo. hace mucho tiempo que había aceptado que habrá cosas que me voy a perder. Bueno, es mentira, pero en general me parecen bien. Solo hay un puñado de veces en las que mis deseos por algo que no puedo tener realmente me molestan. Noah es uno de esos casos. Pero me niego a dejar que esta tarde sea sobre Noah, el asesor académico al que quiero montar como un toro de rodeo. Él ni siquiera sabe de Kyle, y aunque eso me molesta, en otro extraño nivel, a una parte de mi también le gusta. Me gusta que para él solo sea una estudiante de posgrado normal, una chica por la que se siente atraído. Es agradable no sentirse como una madre ni por cinco segundos. Se que se lo diré eventualmente, pero no estoy segura de cuándo podría ser. No tenemos que compartir cada cosa íntima y personal entre nosotros ¿verdad? Nos detenemos en el pequeño puesto de la granja y seguimos el camino de grava hasta el estacionamiento. Kyle nos guía con entusiasmo, recorriendo los senderos y señalando el castillo inflable gigante en el otro extremo de la granja Nos tomamos nuestro tiempo, recogiendo manzanas y luego seleccionamos cuatro calabazas enormes. Después de pagar, nos sentamos en tocones a beber sidra en vasos de plástico, mientras Kyle salta dentro del castillo inflable. –Parece tan lejano, pero sé que el año se va a ir muy rápido– dice Emily bebiendo su sidra. –¿Qué crees que quieres hacer después de la graduación? – –Quiero escribir, pero también quiero seguir creando contenido para ganar dinero extra– le digo, ajustándome la bufanda de lana del cuello. –Si trabajo duro en mi trabajo de medio tiempo ahora, podrían contratarme a tiempo completo más adelante– Brody asiente. –Es muy difícil ganarse la vida como escritor. Creo que quiero enseñar– Me imagino a Brody pavoneándose por la parte delantera de un aula, usando su puntero para lograr un efecto dramático. Emily y yo sonreímos, y me doy cuenta de que ella se está imaginando una situación similar. –Creo que serías bueno en eso– se ríe. –Tambien espero publicar un libro de poemas dentro de un año después de graduarme– digo. He estado trabajando febrilmente tratando de terminar suficientes poemas para tener una colección para cuando me gradué. Incluso entonces, todavía tendré que preocuparme por encontrar un agente. Al crecer, algunos de mis momentos favoritos eran leer libros de poemas de Shel Silverstein. Una luz en el ático. Sería un sueño hecho realidad tener un libro de mi propia poesía en mis manos, saber que personas de todo el mundo estan leyendo mis palabras. –Siempre la que sobresale– sonríe Emily. –Deberías hablar– digo, pinchándole el brazo juguetonamente. Ella sabe que quiere trabajar en el sector editorial cuando se gradué. Es la editora asistente de la revista literaria de nuestra escuela, en camino a convertirse en editora en su segundo año. Cuando Kyle termina dentro del castillo inflable, se desliza hacia afuera y corre hacia mí con entusiasmo. –Gracias, mamá– Le revuelvo el pelo sudoroso y le doy un beso en la frente. –Te quiero, pequeño– Mientras regresamos a mi coche, cargando nuestras manzanas y calabazas en el maletero, mi teléfono vibra. Mi corazón se acelera. Es Noah. Noah: Encontré a la mujer perfecta para ti. Sonrió, recordando nuestra conversación del otro día. Yo: Interesante. ¿Cita doble? Me responde inmediatamente. Noah: solo dime cuando y donde. De camino a casa estoy callada, distraída pensando en Noah. Necesito mantener la concentración, especialmente si quiero conservar la cordura. Pero el siempre encuentra la manera de colarse en mi cabeza. Es increíblemente distractor, y no ayuda que cada vez que pienso en él, mi cuerpo empiece a hormiguear y me ponga caliente y excitada entre las piernas. Niego con la cabeza, esperando poder olvidar a Noah con las mangas de la camisa arremangadas, los tatuajes y los antebrazos musculosos al descubierto. Mierda. Esto es ridículo. De verdad necesito un vibrador antes de perder la cabeza por completo por este tipo. ✴︎✴︎✴︎ –Ahí está mi chica de ojos verdes– canta Christian, pavoneándose hacia mí en la parte delantera del salón. Por mucho que me encanta arreglarme el pelo, ¿a que chica no? que alguien más te lave y te seque el pelo vale su peso en oro. También me encanta pasar tiempo con mi estilista. –Hola Chris– lo saludo, devolviéndole los besos al aire. Hoy viste unos vaqueros negros ajustados, botas militares y una camiseta de Hello Kitty. Un poco irónico, nótese la escritora que llevo dentro. –Te cambiaste el pelo– comento siguiéndolo de vuelta a su puesto. Después de dejar mi bolso en le estante, me siento en la silla de peluquería de cuero n***o y admiro su nuevo look. Christian cambia de pelo tan a menudo como yo me cambio de ropa. Bueno, en realidad no, pero cada vez que entro, es diferente. Lo lleva crecido por encima y teñido de rosa, con la parte de abajo rapada esta vez. –¿Te gusta? – mira al espejo, alborotándolo con los dedos. –Te queda super bonito– –A José también le gusta. Se ríe como si fuera una broma privada entre ellos. José es su novio desde hace tres años. Estaba aquí en la peluquería un día cuando José vino y le dejó el almuerzo a Christian. No estaba segura de por qué me sorprendió que su otra mitad fuera tan masculina: un hombre guapo y rudo, con un aspecto desaliñado, nada menos que obrero de la construcción. Tal vez porque Christian usa maquillaje y se siente igual de cómodo con leggins y túnica que con jeans. Pero forman una pareja tan extraña que es entrañable. Lo que tienen es claramente amor verdadero y aceptación, y no voy a criticarlo. Todos deberíamos tener la misma suerte. –Entonces, ¿Qué estás pensando? ¿Lo de siempre? – pregunta. Asiento. Mis gustos son aburridos comparados con los suyos, pero Christian nunca me hace sentir así. En cambio, es alentador, usando palabras como clásico y atemporal para describir mi sentido del estilo. –Lo de siempre– confirma. Mantuvimos mi larga cabellera moldeada con unas pocas capas sencillas para permitir algo de movimiento, y añadimos un brillo a todo el asunto, ya que mi cabello castaño oscuro tiende a opacarse. Mientras lo lavamos, recortamos y secamos, le cuento sobre mi vida, como mi ruptura con Jake y todas las últimas novedades con Kyle. Christian apoya la ruptura y admite que nunca parecía del todo feliz cuando estaba con Jake. Charlamos casualmente mientras él trabaja en arreglar mi cabello, y no tenemos ningún problema en disfrutar de momentos de cómodo silencio. He estado viniendo a ver a Christian durante un par de años, así que estar en su silla me relaja. –¿Que más hay de nuevo? ¿Te gusta tu programa de posgrado tanto como pensaste que lo haría? – Asiento, mi mente inmediatamente evoca una imagen de Noah, con las mangas de la camisa arremangadas, mirándome por encima del bordo de su vaso de café de papel. –Si– Trago saliva, inquieta. Christian se ríe, el sonido ligero y musical. –¿Por qué es esa mirada? – Pongo los ojos en blanco. –Es solo mi asesor de programa. Se llama Noah, y …– –Y te gusta– Christian sonríe diabólicamente. –¿Es delicioso? – Me aclaro la garganta. Estoy a punto de negarlo, de mentir, evitar e intentar esconderme de la verdad. Pero maldita sea, Noah es delicioso. Simplemente odio ese hecho. –Mmm…lo besé– Los ojos de Christian se abren de par en par. Se lo fuera de lugar que eso es para mí. Yo soy una seguidora de las reglas de pies a cabeza. –Fue el fin de semana antes de que empezaran las clases– explico. –Estábamos en la misma fiesta. Mi nueva vecina me había arrastrado allí para distraerme de la ruptura, y Noah estaba allí como acompañante del hermano menor de un amigo– No le cuento la parte sobre pedirle a Noah que fingiera ser mi cita, porque no me pareció relevante. Nada entre nosotros es fingido. Incluso desde esa primera noche. –Simplemente conectamos, ¿sabes?, luego me besó y fue…todo– –Wow. Eso es genial, chica– Niego con la cabeza, admirando como mi cabello, ahora arreglado, cae en ondas sueltas alrededor de mis hombros. –No es tan simple. Es decir, estoy trabajando con él en una capacidad profesional y académica– No estoy seguro de a quién intento convencer, si a él o a mí. Christian rocía mis cabellos con un poco de laca y se encoge de hombros. –Cuando encuentres a alguien con quien conectes, no te metas con los planes del universo. Eso es todo lo que sé. Si te gusta, te gusta. Yo digo que lo intentes– Me levanto de su silla con el estómago revuelto. ¿Por qué esto no es un problema para todos los hombres homosexuales en mi vida? Tal vez simplemente son menos complicados, no ven el problema con los mismos complejos y cintas de precaución que yo. ¿Es posible que todos tengan razón? ¿Qué necesito dejar de lado la precaución y ver a donde me puede llevar mi atracción por Noah?
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