"Veinticinco"

1230 Words
La luz entró por la ventana y los pájaros cantaban cerca de ella, Natalia abrió sus ojos, ella no podría saber que horas eran, pero el cantar de los pájaros la hicieron sentirse bien y segura, por lo que se levantó con sumo cuidado, su cuerpo estaba mejor y todo gracias al cuidado de la mujer que entro atenderla. Necesitaba reconocer la habitación, así que ese sería su trabajo el día de hoy, ella fue directo al baño y se aseó por completo, aún no tiene acceso a su rapa, así que volvió a coger una prensa del hombre, está vez cogió una camisa de mangas largas y botones era ancha y larga para su cuerpo, pero poco después entre tanto revisar, ella encontró una corbata que podría ajustar a su cintura y recrear un atuendo, doblando las mandas hasta los codos, ella trenzo su cabello y decidió salir de la habitación por su cuenta, aún no sabe cuál era el entorno en dónde viven, le gusta danzar por cada lugar descalza, era la conexión más segura que ella tiene. Al abrir la puerta ella se concentró en una sola acción y era sentir de dónde corre el aire que circula en toda la casa, así ella podría saber a dónde caminar, siguiendo su instinto ella logró llegar a las escaleras, segura de sí misma ella bajo cada escalón con calma. Las chicas de servicio se quedaron de boca abierta y Mateo no pudo evitar sentir molestia, ella está a usando su ropa, además que sus pies estaban descalzos. Tomasa decidió interrumpir la tensión de su jefe e invito a la joven para tomar el desayuno. —Buenos días, señora, venga y la ayudo a llegar al comedor— —Buenos días para todos, por favor ayúdame despacio— La inteligencia de Natalia sobrepasaba las creencias del mundo entero, ella estaba acostumbrada a su mundo de oscuridad, ella sabe cómo reconocer los lugares a los que acostumbra a visitar. Tomasa la guío y Natalia pronunció una pequeña frase antes de sentarse. —Veinticinco— Nadie pudo entender, pero ella estaba feliz por un nuevo logro, sus manos empezaron a tocar toda la superficie, acaricio el mantel sobre la mesa y le gustó el bordado de la tela. —Disculpe señora, ¿dijo algo?— Natalia escucho la voz y volteo su rostro hacia donde el sonido la conduce. —Es un hermoso mantel, flor de Jania— Tomasa miro al resto de los presentes en el comedor, nadie era capaz de pronunciar una palabra. —Está en lo correcto, señora, ya le traigo el desayuno— —Gracias— Natalia logro percibir ese olor a hombre dulce y amargo a la vez por lo que cerro sus ojos en busca de la ubicación exacta, ella giró su rostro y quedó mirando fijamente hacia donde Mateo estaba sentado, por una extraña razón él se asustó, pero luego se calmó al ver el vacío en sus ojos. —Buenos días, Señor Mateo— "Eres un descarado, incapaz de saludar" Mateo se congelo y tardo en contestar las palabras de la mujer, todos los presentes se quedaron impresionados por la manera en que ella actúa, muchos de los empleados la estaban llamando "Bruja" —Buenos días, Natalia, no te vuelvas a colocar mi ropa— Pero Natalia tiene un carácter muy fuerte, de esos que no se dejan dominar por nada ni por nadie, ella sabe que es dueña de una gran fortuna, su padre no se a desecho de ella, por qué vive como carroñero, el ser ciega no le impide prepararse en la vida. —¿Hablas de esto?— Ella desató la corbata y la colocó sobre la mesa, desabotono cada botón de la fina camisa del hombre hasta quitarla y dejarla igualmente sobre la mesa, todos los empleados al ver lo que ella haría, se voltearon inmediatamente, solo eran mujeres presentes, Mateo sintió morir. Él corrió hasta ella y la cubrió con la misma camisa, no sabe por qué decidió hacerlo, pero, no quiere que nadie la vea. —Basta, no puedes hacer eso, no sabes quiénes está acá, podría otro hombre verte desnuda— "Dios dame paciencia" Pero Natalia no se dejaría y daría guerra. —Vamos Mateo deja de tocar mi cuerpo, es tu ropa, peleas por ella, ahí la tienes, así que déjame ir a buscar con que cubrirme— "Viejo asqueroso" —Basta— El decidió colocarle la camisa nuevamente, le queda hermosa y no dejaría de mirarla, ella es tan hermosa y sus cejas al unirse por la molestia la hacen lucir más hermosa. —Si ya la has colocado, aléjate de mí í, tienes mal aliento— Un ruido se escuchó de las jóvenes de servicio, ellas ahogaron una risa por las palabras de la mujer. Mateo olfato su aliento y en realidad no siente mal olor, aun así él se alejó de ella. La comida fue servida y Natalia comió como si su vicio no fuese un impedimento, ella tiene una buena sincronía, Mateo ha probado poco bocado, está impresionado por la mujer, su hermosa belleza, el momento en que retiro su camisa y dejos sus hermosos y redondos pechos lo encendió totalmente, de solo recordar hace que su miembr* despierte con gran presión. Natalia sintió el olor del té, ella no dudo en tomarlo al momento que Tomasa lo coloco en sus manos, ella no podría ser madre en ese estado, no era justo traer al mundo un niño al que no podría proteger, sonaba cruel, pero sería lo mejor para ella. —Gracias por el desayuno, iré a mi habitación nuevamente— Natalia se levantó y giro sus cuerpos, ella llegó al pie de la escalera y volvió a contar hasta veinticinco. Mateo la observó, ella no necesita ayuda para estar dentro de casa, a pesar de solo haber estado ahí menos de un día entero. Él fue en buscar de la maleta que Guillermo le entrego de la mujer, no la había subido, ya que al momento de enterarse de que era ciega, considero sacarla de casa. Mateo se levantó de la mesa mientras la ve caminar, cogió la maleta que estaba a un lado de la escalera y subió detrás de ella, sin tocar la puerta de la habitación él entro. Sintió que ella era una demonio disfrazada de mujer, puesto que Natalia se estaban quitando la camisa justo a tiempo en el momento que él entro, de espalda al hombre, ella dejó su linda y moreteada figura a la luz, ella jamás quiso seducirlo, ella solo quiere que él vea lo que le hizo. —Debes de tocar la puerta antes de entrar Mateo, dijiste que me sacarás de tu casa, quiero irme al lugar donde pertenezco, te agradezco que me envíes hasta ahí— Ella pronunció cada palabra con seguridad y certeza de que era lo que quería, él fue engañada al igual que él. Pero Mateo estaba confundió, ayer quería alejarla de su vista y hoy no quiere que se vaya. —Aqui está tu maleta, deja de hablar tonterías, y no andes descalza en casa, no me gusta verte los pies sucios— Luego de las palabras el salió molesto consigo mismo, ella lo estaba retando, pero más le molestó ver cómo ella estaba lastimada, ahora no tiene duda de que llamara al médico.
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